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¿Por qué es necesario aprender a estar solo?

¿Cuántos tipos de soledades existen? ¿Es lo mismo estar solo que sentirse solo? Buscamos respuestas en conversación con una experta.


La soledad elegida habilita espacios de autoconocimiento y reflexión profundos.

La soledad elegida habilita espacios de autoconocimiento y reflexión profundos. - Créditos: Getty Images



Estar solo es muy distinto a sentirse solo. Muchas veces, podemos estar en pareja o rodeadas de amigos y, sin embargo, sentir malestar emocional y sensación de soledad. Por el contrario, en muchas ocasiones se encuentra disfrute y bienestar en esos momentos de soledad para “resetearnos”, para descansar de tantos estímulos externos y así poder entrar en contacto con una misma/o de una manera más directa.

Pero estar disponible para estar solo y en armonía, lejos de ser una condición innata del ser humano, es algo que se aprende.

Alguna vez, el psicoanalista Gabriel Rolón dijo en una entrevista que hay al menos tres tipos de soledades fácilmente reconocibles: una soeldad necesaria, una soledad elegida y la soledad padecida (cuando te deja la persona amada).

No es lo mismo estar solo/a, que sentirse solo/a.

No es lo mismo estar solo/a, que sentirse solo/a. - Créditos: Getty Images

 

De acuerdo a la psicóloga Lucia Bonifatti, para poder elegir qué tipo de soledad experimentar, es importante primero a aprender a estar solo/a para no elegir desde la carencia o el miedo. “Es necesario aprender a estar solo/a para auto conocerse”, destaca.

Cuando hay mucho “ruido externo”, como dice Lucía, se entorpece el contacto con nuestras emociones y necesidades. Nos aturdimos. “Aprehender a conectar con lo que realmente nos pasa muchas veces viene de la mano de brindarnos espacios de soledad que posibiliten esa toma de conciencia”.

“En particular, en el caso de las personas más introvertidas, la condición de estar solos es un recurso todavía más importante ya que, en muchas ocasiones, requieren de ese tiempo para conectarse con estímulos de su mundo interno y así poder pensar, crear y reflexionar sin los estimulos del mundo externo que los entorpezcan”, analiza.

El camino para aprender a estar solo

Los adultos (familias, educadores, cuidadores) tienen un rol clave en enseñar a las infancias y adolescencias a estar solos/as: “Se les puede ir dando herramientas y enseñando lo que sucede y lo que no sucede al estar solo. Ayudarlos a controlar la ansiedad para poder disfrutar de ese momento de soledad sin tildarlo como algo negativo”, dice Lucía.

Como dijimos antes, no es lo mismo estar solo/a que sentirse solo/a y en este punto, lo que puede inclinar la balanza hacia el lado de la salud o, por el contrario, del padecimiento, es manejo en el control de las emociones.


Para evaluar si la medida de la soledad es óptima para cada caso, nuestra psicóloga consultada refuerza una idea fundamental: “Siempre se recomienda evaluar que el hecho de estar en soledad no entorpezca las actividades cotidianas de esa persona, es decir, que no se trate de un cuadro depresivo donde lo que está haciendo es replegarse en sí misma”.

 

En esos casos, ¿qué hacer? Lo primero es preguntarle por qué necesita estar osla y observar qué grado de reflexión puede devolver al respecto. En términos amplios, puede que tenga relación con la propia conciencia de necesidad de parar un poco para reflexionar antes de volver a salir a encontrarse con los estímulos externos, o bien, puede tener relación con la ausencia de deseo en todas aquellas cosas y vínculos donde antes sí lo tenía. En este caso, siempre se recomienda la consulta experta.

Distintos tipos de soledades

  • La soledad como recurso: En particular, Lucía remarca la necesidad de buscar momentos de soledad en las personas más introspectivas, aunque es una herramienta válida para cualquier tipo de personalidad y edad. Lograr una rutina con lapsus de poco o nulo estimulo externo propician el diálogo interno.

  • La soledad elegida: Acá es donde la persona se plantea espacios para profundizar una actividad que le guste mucho o para poder pensarse y conocerse mejor. Son los momentos deseados para la autocontemplación. A veces cuesta permitírselo porque estamos en una cultura que fomenta lo contrario y muchas veces se lo observa como un hecho negativo y es cuestionado, pero en realidad, no tiene nada de malo.

  • Soledad más extensa, aunque todavía elegida: Es común instalar un periodo prolongado de soledad en las vidas de personas que han tenido cortes o interrupciones en relaciones amorosas. “Muchas personas se autoimponen la soledad elegida como una manera de volver a ellas mismas. En esa necesidad profunda, lo que habría que evaluar es si esa necesidad se sostiene de manera coyuntural o de manera más permanente y, en cada caso, las posibles causas de esa elección sostenida en el tiempo", apunta Lucía.

  • Soledad padecida: Ocurre cuando la persona no quiere estar sola, pero se encuentra en soledad como consecuencia de un vínculo que se termina a pesar de su deseo de continuar. En este caso, la soledad se padece y se “activa” la sensación de pérdida junto al recuerdo de los distintos duelos vividos en su historia. “No es solo no querer estar solo, sino la permanente evidencia de que el objeto amado fue perdido. Lo que tiene que hacer la persona es un trabajo de duelo”, destaca Lucía.

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