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¿Cómo afectan nuestro cerebro los alimentos procesados?

Los procesados nos seducen con la comodidad y la rapidez, pero engañan a nuestro cerebro con sus aditivos, que les otorgan sabores que estimulan mecanismos de recompensa y nos generan deseo con solo verlos.


¿Cómo afectan nuestro cerebro los alimentos procesados?

¿Cómo afectan nuestro cerebro los alimentos procesados? - Créditos: Getty



Aceptémoslo: la comida procesada ¡nos puede! Un delivery de hamburguesa, unas patitas de pollo de raje, una picada con amigas repleta de snacks son de esas tentaciones irresistibles que se nos presentan constantemente.

Sin embargo, el consumo de este tipo de comida tiene un límite entre lo ocasional y lo habitual. No es lo mismo una vez por semana pedir comida rápida para acompañar mientras vemos una peli a la noche, que el hecho de que tus comidas diarias estén basadas en el fast food o en los procesados. 

¿Cómo afectan nuestro cerebro los alimentos procesados?

¿Cómo afectan nuestro cerebro los alimentos procesados? - Créditos: Getty

 

"Estos alimentos son particularmente deliciosos porque contienen ingredientes artificiales especialmente diseñados para satisfacer nuestro paladar", explica Gabriela González Alemán médica especialista en Genética del Comportamiento y fundadora de Brainpoints.

"Sin embargo, pueden resultar a veces engañosos, aportando altos niveles de energía que provienen de grasas saturadas y de azúcares. Esto nos lleva a creer que estamos bien alimentados, aunque estemos dañando sustancialmente nuestra salud". 

Qué son los alimentos procesados

Empecemos por lo primero. Este tipo de alimentos tienen algún grado de procesamiento, que puede ser variable. Mientras algunos, como las verduras, las legumbres, los cereales, las frutas, las semillas y los frutos secos se encuentran básicamente, en su forma original y sin aditivos, otros, son modificados para mejorar su textura, su sabor, el tiempo de conservación e, incluso, la rentabilidad.

En el otro caso, están los alimentos procesados como los panes, los quesos y las conservas vegetales y los superprocesados, que carecen de alimentos intactos y tienen combinaciones variadas de formulaciones químicas que aportan sabor, pero pocos nutrientes. Este es el caso de las gaseosas, los energizantes, las formitas de pollo, papa o verduras, las galletitas, los snacks, los panes industriales, los congelados y los alimentos enlatados.

Seducidos por este tipo de alimentos, existe un riesgo alarmante para nuestro cerebro: "Está el riesgo para el funcionamiento cerebral, para el desempeño de la mente y para nuestro bienestar", advierte la especialista. 

Cómo impactan en nuestro cerebro

Los alimentos procesados impactan sobre la flora intestinal y, con esto, alteran la producción de hormonas que envían señales al cerebro y que son indispensables para procesos vitales para un buen desempeño cognitivo.

Estas señales influyen en:

  • El sueño

  • El apetito

  • Los mecanismos de recompensa

  • El estado del ánimo

  • La cognición

  • Alternan la flora intestinal, lo que produce efectos inflamatorios que incrementan el estrés

  • Alteran la actividad de la dopamina y de la serotonina, lo que disminuye los niveles de atención, de motivación, y altera la capacidad de la memoria y del aprendizaje, que predispone a la depresión y la ansiedad.  

"En los adultos mayores, el consumo de alimentos procesados produce alteraciones en las capacidades del lenguaje y en las habilidades necesarias para tomar decisiones, hacer planes, establecer metas y organizarse para concretarlas", alerta la experta. "Algunos estudios científicos encontraron alteraciones en el hipocampo, que es una parte del cerebro que se encarga de grabar la información en la memoria. Como contrapartida, es sabido que la dieta basada en alimentos frescos, variados y de temporada resulta protectora para el sistema cognitivo". 

A su vez, estos problemas no ocurren solamente en los adultos. En los chicos, "el consumo de alimentos procesados puede afectar al desarrollo cognitivo, lo que deriva en problemas de aprendizaje y de memoria". Los adolescentes también se llevan su parte: "En los adolescentes, este consumo aumenta el riesgo de tener depresión en la vida adulta".

Alerta embarazadas

El desarrollo cognitivo es especialmente vulnerable durante el embarazo, sobre todo, durante el tercer trimestre cuando los bebés en gestación están preparando las futuras conexiones cerebrales. Si la madre se alimenta en base a productos procesados durante este período, el bebé puede tener dificultades a la hora de aprender el lenguaje.

González Alemán especifica: "Esto es particularmente importante porque se trata de una función que se requiere para muchas instancias posteriores del desarrollo. Entender a los demás, vincularse, expresarse, razonar verbalmente son capacidades que pueden alterarse por el simple hecho de optar por una dieta fácil, rápida y deliciosa, pero sin los nutrientes necesarios y con aditivos artificiales que, en definitiva, son nocivos para la salud".  

Mantener una dieta saludable y equilibrada, con alimentos enteros y que minimice a los alimentos procesados puede cambiar el presente y el futuro tanto para nosotros como para nuestros hijos. La variedad de frutas, verduras, cereales, grasas saludables y proteínas magras puede prevenir enfermedades físicas, pero también mejorar nuestras capacidades cognitivas, prevenir el deterioro cognitivo con el paso de los años y lograr un buen desarrollo en los más chicos, que sirva de base para la construcción de una buena autoestima y de una vida feliz.

Especialista consultada: Gabriela González Alemán,  Dra. en Genética del Comportamiento y fundadora de Brainpoints (MN 33343). Instagram: @brainpoints

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