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Delgadez extrema y redes sociales: cómo regresó un modelo que parecía superado

Especialistas en moda, nutrición y salud mental analizan el regreso de la delgadez extrema impulsada por redes sociales, algoritmos y nuevos mandatos estéticos que impactan en la autoestima y la percepción corporal.


Delgadez extrema y redes sociales: cómo regresó un modelo que parecía superado

Delgadez extrema y redes sociales: cómo regresó un modelo que parecía superado - Créditos: Getty



Así como la nostalgia noventera y dosmilera puede traernos un montón de recuerdos, también puede desenterrar esos momentos de incomodidad con el cuerpo que creíamos haber dejado atrás. Pero en esta reversión, la tendencia de la hiperdelgadez no solo está en las supermodelos. Hoy viene reforzada por las redes sociales. 

Basta agarrar el celular para saber que la era del body positive pasó en un suspiro y ver a mujeres flaquísimas en las pasarelas o las entregas de premios. También en ambientes que son más parecidos a los nuestros. Son cuerpos que, además de responder a los mandatos, cuidan la salud, entrenan, tienen hijos, trabajos, pareja. Influencers con cuerpos delgadísimos que parecieran querer marcarnos todo lo que hacemos mal. Vivimos épocas transformadas por la tecnología. 

Nicole Kidman

Nicole Kidman, Lily Collins y Demi Moore fueron blanco de críticas por verse muy delgadas en las red carpets.  - Créditos: Getty

Esta nueva delgadez no es aquella con la que crecimos. Hoy los procedimientos médicos para ser cada vez más flacas parecieran ser más accesibles, los medicamentos que aparecen como el milagro para “adelgazar de una vez y para siempre” nos inundan con publicidad y la IA nos invita a dudar de qué es real y qué no. 

Si el heroin chic noventoso era una postura estética, hoy la delgadez viene también atravesada por el discurso de la salud, la meritocracia y la hiperproductividad. Tomar conciencia de esto nos invita a preguntarnos qué podemos hacer para evitar la profundización de este modelo.

“La tradición dicta que el cuerpo bello es el cuerpo delgado y frágil”, por Lucía Levy (@lacurvadelamoda)

Delgadez extrema, una nueva y criticable moda

Delgadez extrema, una nueva y criticable moda - Créditos: Getty

El ideal de delgadez apuntado sobre todo a feminidades nunca se fue. Con el advenimiento de la cuarta ola feminista, a partir de 2015-2016, tuvimos un periodo de corrección política en el que se les exigía a las grandes marcas poner diversidad en la pasarela y si no la ponían, eran canceladas. Pero eso no duró nada, lamentablemente. Fue una brisa de frescura que duró un año o dos. Luego vino la pandemia, nos encerramos y ese miedo a la muerte nos convirtió como sociedad. Nos volvimos más autoritarios y nos replegamos para volver a la tradición. Y la tradición, lo que dicta, es que el cuerpo bello 
es el cuerpo delgado, sobre todo para las feminidades, es un cuerpo frágil. 

Nosotras vivimos y estamos inmersas en un sistema capitalista y patriarcal que no busca que nuestros cuerpos sean fuertes y autónomos, sino todo lo contrario. Que hoy veamos cuerpos delgadísimos y muy débiles en las alfombras rojas responde también a una vuelta a las ideas autoritarias. Yo siento que está todo relacionado. Podemos pensar también en el fenómeno de las trad wives, estas mujeres que vuelven a ocupar roles de casi servidumbre. Son cuerpos que se la pasan criando hijos, hijas en la cocina, limpiando. Las influencers como Ballerina Farm vuelven glamorosa esta servidumbre, pero ojo, que mientras tanto también sacan dinero de eso. Esto les hace creer a las mujeres del mundo, que, no nos olvidemos, son la porción más pobre de la población, que ahí hay algo glamoroso. 

Yo creo que está todo relacionado con estar pensando todo el día en no comer o en vigilar. Y con la suma de todo eso, la salud mental se va al tacho. 
Ahora, con la popularización del Ozempic y el avance en las intervenciones quirúrgicas, esto se profundiza. Hoy ves una foto y no sabés si una mujer de 50 tiene su edad o tiene 30. Lo que yo veo es que responde todo a lo mismo. Hay algo interesante en este sentido que dice Tamara Tenenbaum en su libro El fin del amor, y es que el tema del cuerpo se vuelve central en las mujeres y feminidades, nos ocupa espacio y energía mental. Yo no sé, habría que preguntarnos si los varones están pensando todo el día en el cuerpo, o en lo que comen o dejan de comer, o si les aparece una arruga. Hay algo importante para explorar por ese lado. Lo que me parece de suma importancia de esto es recordar que el hecho de que nosotras estemos pensando siempre en nuestro peso y en nuestro cuerpo es algo que no es natural, es algo que se nos impone. Lo mismo menciona John Berger en su libro Modos de ver cuando dice que las mujeres nos miramos a nosotras mismas vigilándonos, autovigilándonos, porque hemos aprendido a mirarnos como somos miradas y eso es una parte interesante de este fenómeno.

*Fundadora y directora de La Curva de la Moda, un medio multiplataforma que cruza moda, género y política.

“El algoritmo amplifica el problema”, por la Lic. Rocío Hernández (@nutriloca)

Ariana Grande

Ariana Grande - Créditos: Getty

El cuerpo extremadamente delgado vuelve a circular con fuerza como reciclaje cultural de la ya famosa presión estética. Y hoy lo que potencia este impacto es la exposición constante. Antes los modelos de belleza estaban en revistas o televisión, hoy están en el bolsillo, 24/7, con una lógica de repetición infinita, llenas de filtros, la piel de porcelana, la edición de fotos, etc.

Eso impacta, sin dudas, en lo que comemos y en cómo nos vemos. Por un lado, normaliza lo excepcional (cuerpos poco representativos se vuelven “lo común”), y por otro, desplaza la percepción de lo propio (tu cuerpo empieza a sentirse “fuera de lugar”). Pero esto, a la vez, convive con el discurso del “querete como sos”. ¡Qué tensión difícil! Por un lado, discursos de aceptación corporal, por otro, un entorno que sigue premiando cuerpos hegemónicos. Entonces se arma una especie de doble mandato: “aceptate”, pero también “mejorate”. 

Es un terreno muy fértil para el malestar, es decir, para que la cultura de la dieta haga su trabajo. 

Quizás el algoritmo no cree el problema, pero lo amplifica y lo personaliza. Esto genera burbujas tipo cámaras de eco, donde parece que “todo el mundo” está comiendo igual, entrenando igual o teniendo cierto tipo de cuerpo.

No estamos frente a una moda aislada, sino frente a una trama compleja donde se cruzan cultura (dentro de ella, la cultura de la dieta), industria (industria de la belleza), tecnología (redes sociales), salud (mensajes contradictorios disfrazados de salud) y, sin duda, la subjetividad de cada persona.  

El problema hoy no es la falta de información sino el exceso de esta, y lo que más necesitamos es criterio para poder ordenarla y entendimiento. 


* Licenciada en Nutrición y psicóloga social.

“Comprar ropa genera frustración y ansiedad”, por Inti Siezek

Demi Moore

Demi Moore - Créditos: Getty

Gran parte de la vida de los jóvenes transcurre en la virtualidad, lo que muchas veces implica una exposición constante a imágenes hipereditadas y una lógica de comparación permanente. Esto genera cierta dificultad para “poner el cuerpo” en lo real, en el encuentro, y una autoestima cada vez más ligada a la validación externa: likes, visualizaciones o reacciones. En este escenario, aumentan los malestares vinculados con la imagen corporal que no se construye en el vacío, sino en un contexto social, político, cultural y económico.

No solo Argentina es uno de los países con más trastornos de la conducta alimentaria, sino que también ahora reaparecen discursos conservadores sobre las mujeres, y en especial en adolescentes que están en ese proceso de cambios y de construcción de su personalidad e identidad. 

Con una Ley de Talles insuficiente y que no se implementa, algo tan cotidiano como salir a comprar ropa genera frustración, vergüenza, ansiedad y sentimientos de insuficiencia, impactando en la construcción de la subjetividad y, en algunos casos, pudiendo asociarse a sintomatología depresiva o al desarrollo de un TCA.

El desafío es luchar contra un algoritmo que bombardea con un mismo tipo de cuerpo, generando una especie de “sentido común” sobre qué es un cuerpo válido, deseable o exitoso. Pensar el cuidado del cuerpo y la salud implica también cuestionar estos ideales únicos de belleza. Implica habilitar otras formas de habitar el cuerpo, de corrernos de la lógica de la exigencia y recuperar el disfrute, el deseo y el derecho a vivir nuestros cuerpos con libertad.

*Lic. en Psicología, profesional de la red La Ola (@laolapsicolegal). 

“La comparación es el mal de nuestros tiempos”, por Mara Fernández (@hablar_sana)

Hoy parece imposible dejar de lado la comparación constante de las redes. Aunque cueste, hay que hacer el ejercicio de recordar que son momentos editados, que es una escenografía armada para la foto, que quizá más allá de esos dos minutos haya una vida muy diferente. Se trata de cuestionar la verdad emocional que me genera lo que consumo, por qué estoy tan pendiente de la vida del otro y qué nivel de satisfacción tengo con mi vida.

Identificar la comparación es la clave fundamental, porque muchas veces no se percibe como tal. Es un proceso automático que afecta nuestra autoestima y nuestra imagen corporal, y a veces no nos damos cuenta. Cuando vemos la foto de alguien y después empezamos a sentir insatisfacción, tristeza, ansiedad y aparece esa sensación de no ser suficiente, está bueno parar y preguntarse si este malestar apareció después de exponerse a ciertos contenidos o si ya lo teníamos anteriormente. 

Esta exposición refuerza el circuito emocional de la insatisfacción, de la disconformidad y de la baja autoestima, y también lleva a minimizar lo propio, a restar valor a tu vida. Esto es porque la comparación distorsiona y entonces el contenido que se consume da inseguridad y sensación de insuficiencia. Al mismo tiempo, genera el impulso de seguir mirando, porque todo esto refuerza el circuito emocional de la insatisfacción.

Desde la terapia, tratamos de hacer un ejercicio para registrarlo: le indicamos al paciente que, la próxima vez que esté en una red, se tome dos segundos y se pregunte qué emoción le genera, con quién se compara o con qué parte del cuerpo, en el caso de las personas que son más vulnerables a tener una distorsión de imagen corporal, qué pensamientos surgen. Tratar de poner en palabras lo que a uno le pasa baja la intensidad, porque pudo expresar lo que le genera. 

*Lic. en Psicología especialista en TCA, imagen corporal y obesidad.

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