La historia de Agostina Bisio es la historia de una transformación de adentro hacia afuera, tal como suceden los cambios reales. Lo que empezó como un relato íntimo de su propio descenso de peso en plena pandemia, compartido como una necesidad personal, terminó convirtiéndose en algunos años en Proyecto Sirenas (@proyectosirenas), una comunidad enorme de mujeres que encontraron en su experiencia algo más poderoso que un método o una promesa mágica: identificación.
Agos jamás imaginó ser hoy una referente de hábitos saludables —de hecho, antes de la pandemia trabajaba como diseñadora de indumentaria en su propia marca de vestidos de fiesta—, pero dicen que lo que vivimos nos va marcando el camino, y durante años, el de Agos estuvo atravesado por el dolor, la frustración y la sensación de sentirse perdida. Pero fue justamente ahí donde apareció la decisión de mostrar no solo los logros, sino también las recaídas, los fantasmas, las contradicciones y el proceso real. Porque si algo propone Proyecto Sirenas, es eso: dejar de pensar el bienestar como una meta estética o física para empezar a vivirlo como una construcción integral, humana y emocional.
¿Por qué surge Proyecto Sirenas?
Arranca en pandemia, en un momento en el que yo sentía que necesitaba ponerle un poco de voz a lo que me estaba pasando con el encierro. Había bajado 40 kilos y hacía dos años que mantenía ese peso, pero con el encierro aparecieron fantasmas y empecé a contarlo en redes, y empecé a abrirlo. Me di cuenta ahí de cuánta gente estaba necesitando un poco de contención y necesitaba saber. Empecé a sentir que haberlo atravesado hacía algo en la gente que era distinto. O sea, que una va al médico, va al nutricionista y todo es correcto y todo hay que hacerlo, pero de repente había alguien que me decía: “Te veo a vos que pudiste y siento que hay algo en mí que se despierta”. Y eso fue lo que me llevó a decir: “Bueno, tengo que hacer algo con esto, realmente está pudiendo ayudar a otras personas”. En general, eran todas mujeres, y ahí empiezo a ver que se empieza a armar una especie de comunidad. Entonces, cuando pude empezar a abrir mi testimonio y tuve que ponerle un nombre, imaginé el mar. Eran todas mujeres, entonces me apareció la sirena. Me pareció como que tenía algo enigmático y por eso le puse Proyecto Sirenas.
Ahora estamos bombardeadas de propuestas de bienestar. ¿Por qué sentís que Proyecto Sirenas funciona cuando otras se caen?
Creo que tiene que ver con el hecho de que te lo cuenta alguien que lo atraviesa. La gente ve mi vida en el día a día desde hace cinco años, ve todo. Y no solamente ve que te va bien, sino también la dificultad, las veces que se me ha escapado de las manos, o cuando me cuesta ir al gimnasio. Entonces, en eso hay una identificación: “A mí también me pasa esto, me cuesta, me pasa que de repente me pierdo y me tengo que volver a encontrar”. Entonces, hay algo de genuino que tal vez la gente ahí es donde siente que es distinto. Después, por otro lado, está lleno de profesionales y hay una estructura y una metodología que está avalada, que está empíricamente comprobada también. O sea, son profesionales que dan una bajada de línea de todo lo que yo hice y que lo ponemos a disposición. Vos entrás a un taller de Sirenas y sabés qué hay que hacer y te acompañamos a que te salga y cómo hacer para que la gente sostenga, que es lo difícil.
¿Qué le dirías a aquellas mujeres que sostienen que la palabra “hábito” es sinónimo de “sacrificio”?
Siempre cuesta. La gente piensa que es sacrificado. Tiene razón, es sacrificado. Es sacrificado porque estamos en un mundo en el que es muy difícil levantarse a la mañana y tener que hacerse el tiempo para ir al gimnasio. Estamos en un mundo en el que salís a comer afuera y la propuesta gastronómica es muy cargada. Lo social está todos los días, festejamos una vez por semana. Entonces no es mentira que es difícil, es recontra difícil. Y me parece que hay que poder decirle a la gente la verdad. Cuando una empieza un proceso, cuando quiere sostener los hábitos, tiene que saber que la dificultad va a aparecer y que sí, hay un sacrificio en eso. Y justamente tenemos que aprender a darnos cuenta de que hay cosas que tenemos que cambiar de nuestro día a día. Yo escucho mucho decir eso de: “Tenés que hacer cosas que puedas sostener en la vida y que puedas hacer con la vida como está”. Bueno, pero primero revisemos mi vida, porque si yo me acuesto a la una de la mañana, ceno a las doce de la noche, no me hago nunca el tiempo para cumplir cuatro comidas, salteo, me lastro un paquete de galletitas porque no comí en todo el día... Bueno, entonces yo tengo que revisar que hay algo de mi vida que tengo que modificar para que estos hábitos puedan ser. Pero después, cuando lo vas haciendo, te vas dando cuenta de que no tiene que ser un “¿podré hacerlo o no?”, sino que esto debo hacerlo, porque va mucho más allá del descenso de peso: tiene que ver con la salud, tiene que ver con cómo vivo, tiene que ver con la calidad de vida, con cómo me siento. Entonces tiene que ser una prioridad. Están, como yo siempre digo, los incuestionables. Hacer ejercicio físico es uno. No puedo decir: “Bueno, no tuve tiempo”, tengo que hacerme el tiempo, de alguna manera.
¿Qué plan B les das a esas personas que por ahí no pueden ir físicamente a un lugar? ¿O que tienen hijos pequeños y trabajan?
Quiero decir otra cosa que también está buena: a todas se nos complica más o menos. Tengas ayuda, tengas 14 niñeras, algo en la vida se te va a complicar. Si no es el día a día, es porque te pasó algo en el laburo o que de repente te peleaste con tu pareja. Siempre tenemos quilombos. Entonces, obviamente sí hay personas que la tienen más difícil, por supuesto. En la comunidad, a mí ellas me han derribado mitos a mí misma, porque veo mujeres con sus hijos yendo al gimnasio o que le piden a una amiga que los tenga un rato y lo hacen posible, o se ponen un video en YouTube y hacen una clase. Media hora tenemos todos, o te levantás más temprano o te acostás un poquito más tarde, algo podés. Porque si podemos scrollear y mirar TikTok e Instagram, también podemos ponernos un video en YouTube y hacer eso, o podemos agarrar las zapas e irnos a dar una vuelta manzana, que, de hecho, nos va a hacer muy bien a la cabeza. Y sobre esas cosas también hay que pensar que, para las mujeres que tenemos hijos y que muchas veces se nos complica también, es muy necesario para nuestra cabeza como madres hacernos el lugar a ese ejercicio físico, a poder sostener esos hábitos, porque vamos a estar mejor nosotras y nuestros hijos lo van a sentir. Entonces a veces una piensa: “¿Seré egoísta si me voy?”. Lo tengo que hacer porque después eso va a hacer que yo esté bien y me sienta bien conmigo, con lo que cumplí, y también voy a estar mejor para los otros.

Agos Bisio, de Proyecto Sirenas - Fotos gentileza de Planeta/Alejandra López.
A veces nos cuesta sostener el proceso; ¿cuáles son tus herramientas personales para sostenerte cuando estás más bajón?
Hay que terminar lo que una empieza. Entonces, en esos momentos en que se te apaga, vos tenés que ir por algo más. Por eso yo digo: se llama proyecto. Una tiene que ponerse un proyecto, un proyecto de vida. Entonces yo siempre les digo: piensen qué puede ser. Te puede estar pasando que un estudio te está dando mal, el proyecto va ahí. Cuando todo flaquee, tu cabeza tiene que ir al proyecto que vos tenés. El proyecto puede ser estético, puede ser de calidad de vida, hay miles de cosas que una puede decir: “Yo quiero lograr esto para, no sé, escalar una montaña, ir al cerro Uritorco y tocar la cima”. Lo puedo hacer en cualquier momento, pero digo, capaz con un estado físico mejor, si entreno... Y ese armarme un proyecto, el “voy a correr una carrera” o alguna cosita relacionada a los buenos hábitos, que sea un poquito de pica, que sea un poquito más ardiente, ¿viste?, esa emoción para mí es lo que te va a sostener en la cotidianidad.
¿Y qué les dirías a aquellas personas que por ahí ya lo intentaron un millón de veces y dicen “esta vez no va a funcionar”?
Que alguna vez te sale. Yo durante 30 años tuve exceso de peso y durante 30 años lo intenté. En una te sale, por eso hay que persistir y por eso hay que seguir intentándolo y hay que seguir haciendo. Más allá de que una diga “no, ya está, lo intenté un montón de veces”, tenés que seguir. Siempre tenemos la oportunidad de cambiar.
En las historias que te fuiste encontrando a lo largo de estos años en Proyecto Sirenas, ¿cuál es el dolor de muchas mujeres?
La soledad. Porque es un tema del que a veces hasta está prohibido hablar, o que cuando una lo habla te tildan de frívola, o que es una cuestión estética. Pero es algo que te deja muy sola por muchos momentos y que una, a veces, por vergüenza, por miedo, por estar muy sobreadaptada, por saber cómo disfrazarlo, por no querer ponerlo sobre la mesa, por un montón de cosas, se queda muy sola con ese dolor adentro. Y por eso Sirenas es Sirenas, porque se fue formando gracias a que esas mujeres empezaron a sentir que no estaban solas.
También compartís mucho en redes la alimentación que le das a tu hija, Elisa. ¿Qué hábitos vinculados con la alimentación creés que sientan las bases para esas personas que crían hijos? Primero, me parece importante la lactancia materna, entendiendo de antemano que no todas pueden, que no todas tienen las mismas circunstancias. Pero sí es fundamental en los primeros años de vida la leche materna, para armarles un escenario propicio a futuro. Y después, con la alimentación complementaria, yo siempre le di muchos trozos de comida para que experimente, cero ultraprocesados. Yo no soy una madre que le diga “no comas esto”, al contrario, es “¿querés probar un chocolate?, probalo, es hoy, tal vez dentro de 15 días hay de nuevo”. Pero se nota el haber hecho un laburo durante dos años de darle comida real y también estar presente en la comida. También es el poder estar presente en el almuerzo o en la cena, en alguna de las comidas del día, que nos vean comer todos juntos, que vean que somos una familia..., que el bebé nos vea comer a todos. A veces sirve más el ejemplo de que te vea comer el brócoli que andar diciendo “tenés que comer el brócoli”. Y en cuanto a los alimentos, siempre grasas saludables, verduras, frutas, proteínas y lácteos como lo más importante. Pero creo que, en los niños principalmente, es cuidar que no prueben tanta cosa que después les va a colapsar el umbral de la palatividad. Comer bien les va a hacer que, si vos le ponés una galletita dulce y una manzana, si aprendió, va a elegir la fruta.

Agos Bisio, de Proyecto Sirenas - Fotos gentileza de Planeta/Alejandra López.
El año pasado ganaste un Martín Fierro de salud. ¿Qué significó para vos ese reconocimiento?
El Martín Fierro fue hermoso, fue una sorpresa enorme. Me hace muy feliz porque son logros que impregnan a toda la comunidad. Significa muchísimo, porque además tiene que ver con mucho laburo: Sirenas es un espacio al que yo apuesto todo el tiempo, me gusta laburar. Me gusta estar acá, me gusta hacer, me gusta invertir en el proyecto. Lo disfruto y siento que esas cosas que van pasando son producto del laburo y de ponerle todo. Lanzamos nuestra app, que también es una locura de trabajo, de inversión, a disposición de que tengan un espacio nucleado solo de ellas. Y ahora tenemos una oficina nueva, la Casa Sirenas, donde trabajamos y tenemos también un estudio para grabar contenidos con nuestros especialistas.
¿Y cómo te llevás con el hate?
Yo bien. ¡Ellos conmigo, no sé! (risas). Ya trato de no engancharme con eso. En su momento sí, ahora me divierte y, de hecho, a veces hasta lo espero, porque digo: “Uy, qué bueno, voy a tomar algunas cosas”, ¿no? Aprendí a gestionarlo. Y hoy en día, que hatean cualquier cosa, también es como que empezás a ver que todo el mundo está enojado con todo. Y aparte el anonimato de “te voy a putear y no sabés quién soy”, porque si te cruzan en el supermercado, te dicen: “Ay, qué amor”, pero tal vez en un comentario te tiran de todo. Entonces, para mí es parte de cuando una se la juega por ser quien es y por decir las cosas que cree. Que no te quieran es parte, o que piensen o no como vos. Así que hateen, que lo transformamos.
¿Qué nuevos proyectos se vienen para Proyecto Sirenas?
¡Un montón! Me imagino un canal o una transmisión televisiva... Otro libro que tenga que ver con recetas. Se abren muchos mundos con Sirenas. Lo importante es el mensaje, es la metodología, y que vos con el taller te sientas completa. Me dan ganas de un montón de cosas... Quizá más adelante empiecen a verlas hechas realidad.
PERSISTIR: mi cambio, una historia de miles

Prensa
¿En qué momento dejamos de escucharnos? ¿En qué momento empezamos a convivir con el malestar? Estas son algunas de las preguntas que Agos se hace en Persistir, un libro donde comparte su recorrido personal, que se transforma en una experiencia colectiva. A partir de vivencias y momentos de quiebre, nos invita a reflexionar sobre el vínculo con el cuerpo, la alimentación, las emociones y la forma en que nos habitamos.
Un libro que plantea un camino posible: el de construir cambios reales y sostenibles a través de la constancia, la honestidad y el autoconocimiento. Con una mirada amorosa y profesional, Persistir propone repensar hábitos, creencias y decisiones cotidianas, entendiendo que el verdadero cambio no ocurre de un día para otro, sino a lo largo de un proceso. Un espacio para cuestionarse, comprenderse y, sobre todo, animarse a cambiar. (Planeta, $39.900).
Euge Castagnino Secretaria de Redacción de OHLALÁ!, guionista cinematográfica especializada en cultura, cine, teatro, televisión y otros medios audiovisuales y gráficos. Es fan de las buenas historias, los libros, el buen comer y los viajes.
Romina Salusso Digital Multimedia Content especialista en lifestyle, espectáculos y actualidad. Actualmente, es columnista de LN+ en MásNoticiasFindeSemana.
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