Terapia de reemplazo hormonal: qué cambió y por qué vuelve a recomendarse en la menopausia

Después de años de controversia, la terapia de reemplazo hormonal vuelve a considerarse una opción segura para muchas mujeres en la menopausia. Qué cambió, cuáles son sus beneficios y cuándo está indicada.

Por Cecilia Acuña

21 de julio de 2026, 14:19

Terapia de reemplazo hormonal

Terapia de reemplazo hormonal: qué cambió y por qué vuelve a recomendarse en la menopausia. - Getty

Durante más de dos décadas, una advertencia impresa en letra blanca sobre fondo negro condicionó la vida de millones de mujeres. El black box warning, la señal de peligro máxima de la FDA, la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos, declaraba que la terapia de reemplazo hormonal podía provocar cáncer de mama, enfermedades cardiovasculares y demencia. Así, con esa etiqueta por delante, médicos y pacientes tomaron una decisión que parecía razonable: mejor no arriesgarse.

En noviembre de 2025, la FDA reconoció que esa advertencia estuvo mal colocada durante veinte años. En febrero de 2026, aprobó formalmente la eliminación de los recuadros negros para ciertos productos hormonales. El Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos calificó la decisión como histórica.

El estudio que lo cambió todo

Terapia de reemplazo hormonal

Un estudio con un problema en el promedio etario de las participantes invalidó la terapia de reemplazo hormonal, que hoy se recomienda. - Getty

Esta historia tiene un año de origen: 2002. Ese año, el estudio “Women’s Health Initiative” publicó resultados que encendieron todas las alarmas: las mujeres que tomaban estrógeno más progestágeno mostraban un aumento en el riesgo de cáncer de mama. La FDA actuó con rapidez y aplicó la advertencia más severa de su arsenal regulatorio.

Pero lo que nadie subrayó con suficiente énfasis en ese momento fue un detalle que lo cambia todo: la edad promedio de las participantes del estudio era de 63 años. Más de una década por encima de la edad en que la mayoría de las mujeres atraviesa la menopausia. En Argentina, esa edad ronda los cincuenta años y medio. Además, la formulación hormonal utilizada ya no era de uso común al momento de la publicación.

En otras palabras: se sacaron conclusiones universales de una población que no representaba a las mujeres que realmente necesitaban el tratamiento. Las que tenían 50 años, las que acababan de atravesar su última menstruación, no estaban en esos datos.

Una corrección que tardó veinte años

El proceso que llevó al cambio regulatorio incluyó una revisión exhaustiva de la literatura científica, un panel de expertos convocado en julio de 2025 y un período de comentarios públicos. No fue una decisión apresurada ni impulsada por modas: fue el resultado de años de evidencia acumulada que la comunidad especializada ya conocía, pero que el sistema tardó en traducir en política sanitaria.

Desde el momento en que la FDA retiró las advertencias, los consultorios de ginecología y climaterio recibieron una avalancha de mujeres que querían saber si eran candidatas al tratamiento. La información, que durante décadas circuló principalmente en el ámbito médico, llegó también por redes sociales, pódcasts y conversaciones entre amigas. Y a partir de entonces, el permiso social y médico para tener esa conversación se amplió de manera notable.

Lo que el cuerpo avisa

Terapia de reemplazo hormonal

Cuando se advierte que hay problemas de salud que vienen con la menoppausia se pueden tratar. - Getty

No todos los síntomas de la menopausia aparecen al mismo tiempo ni con la misma intensidad. Los primeros en llegar —sofocos, insomnio, irritabilidad, niebla mental— son los que más consultas generan porque irrumpen de manera abrupta en la vida cotidiana de las mujeres. Los síntomas tardíos, en cambio, suelen instalarse en silencio: la osteoporosis avanza sin dolor, la sequedad vaginal se naturaliza como algo inevitable, la incontinencia urinaria se esconde por vergüenza. Reconocer que estos síntomas tienen una causa hormonal, y que esa causa tiene tratamiento, es el primer paso para dejar de aguantar lo que no hay por qué aguantar.

¿Qué es la terapia de reemplazo hormonal?

La terapia de reemplazo hormonal (TRH) consiste en reponer las hormonas, principalmente estrógenos, progesterona y, en algunos casos, testosterona, que el ovario deja de producir. Su indicación no depende de la edad cronológica, sino del contexto clínico: síntomas que afectan la calidad de vida, ausencia de contraindicaciones y evaluación médica individual. No es una obligación ni una recomendación universal: es una opción que corresponde evaluar caso por caso.

Las vías de administración son variadas. El estrógeno y la testosterona no se recomiendan por vía oral: se prefieren formas transdérmicas, como geles o cremas. La progesterona puede administrarse por vía oral o vaginal. Las dosis son, en términos generales, diarias y ajustadas a cada paciente.

Convencional vs. bioidéntica: ¿en qué se diferencian?

Un punto que genera mucha confusión es la diferencia entre la terapia hormonal convencional y la llamada hormonal bioidéntica. La distinción principal está en la molécula: las hormonas bioidénticas tienen una estructura molecular idéntica a la de las hormonas humanas y pueden formularse de manera personalizada en farmacias magistrales. Son, en cierto modo, como si fueras a hacerte un traje a medida.

Cuanto más parecida es la molécula a la hormona natural, más exactos son sus efectos, como un rompecabezas donde las piezas encajan con precisión. Las formulaciones anteriores, derivadas de hormonas equinas o de moléculas sintéticas, tenían propiedades que no se comprendían del todo y efectos adversos que las más modernas evitan. Sin embargo, más allá del nombre, lo verdaderamente importante es que el tratamiento sea indicado con criterio y controlado de forma periódica.

La ventana de oportunidad: el momento importa

El concepto de “ventana de oportunidad” resulta central en el nuevo enfoque médico: un período definido en que la terapia hormonal ofrece mayor beneficio que riesgo. Ese período suele comprender los primeros cinco a ocho años desde que tuviste tu última menstruación. Iniciar el tratamiento cerca del comienzo de la menopausia se asocia a mejores resultados y a un perfil de mayor seguridad. No es lo mismo acompañar a una mujer en la transición hormonal que intervenir muchos años después.

En ese grupo, el riesgo de eventos cardiovasculares es pequeño y puede incluso ser neutro o levemente favorable. Después de ese período, el balance cambia y la decisión de iniciar o continuar el tratamiento requiere una evaluación más cuidadosa.

El concepto de ventana de oportunidad no significa que fuera de ese período no haya nada por hacer. Aun para las mujeres que llegaron tarde, quizá porque nadie les explicó a tiempo o porque tuvieron miedo, existen opciones: tratamientos locales, abordajes no hormonales, cambios de estilo de vida, además de un trabajo sobre los hábitos de sueño, ejercicio y salud metabólica.

¿Qué beneficios ofrece?

Cuando la TRH se indica de manera correcta y se inicia en el momento adecuado con un profesional, los beneficios son múltiples. Por ejemplo, puede contribuir a disminuir la frecuencia de los sofocos, prevenir la pérdida de masa ósea y reducir el riesgo de fracturas. Sobre los beneficios a nivel cardiovascular, todo dependerá del momento de inicio del tratamiento y del estado metabólico de cada paciente.

Hoy se plantea una medicina más individualizada: el tratamiento puede mantenerse mientras aporte beneficios, con un seguimiento clínico y reevaluaciones periódicas. Por eso es que no hay una duración estándar para todas las mujeres.

¿Sirve empezar antes de la menopausia?

Existe otra ventana, previa a la menopausia, que vale la pena mencionar: la que se abre a los 25 años. La actividad física de manera regular, una alimentación equilibrada y el control periódico de tiroides y otros marcadores hormonales son parte del capital de salud con el que cada mujer llega a la transición hormonal. Llegar a los 50 años sana marca una diferencia enorme en cómo se vive esa etapa.

La TRH no es una pastilla mágica que garantice la juventud para siempre. Esa pastilla no existe. La menopausia es una etapa vital que no se puede atrasar. Pero atravesarla con información, con opciones reales sobre la mesa y con acompañamiento médico adecuado es muy distinto a atravesarla sola, con miedo y sin datos. Después de veinte años de silencio innecesario, esa diferencia es todo. 

¿Qué es la menopausia?

Se trata de la última menstruación que tenemos contando un año desde que no nos viene. El ovario funciona de manera cíclica: cada mes, un óvulo madura y, con él, se secretan estrógenos. Cuando se agotan los óvulos, alrededor de los 50 años, el ovario deja de producir hormonas. Ese es el momento de la menopausia: no una enfermedad, no un deterioro, sino el fin de una función reproductiva y el comienzo de una nueva etapa hormonal.

El problema es que esa caída brusca de estrógenos tiene consecuencias que van mucho más allá del aparato reproductor. Los receptores de estas hormonas están presentes en el cerebro, los huesos, la masa muscular, el perfil lipídico y la presión arterial. La menopausia no es solo un asunto de calidad de vida inmediata: es un evento con consecuencias sistémicas.

¿Qué análisis necesitás hacerte antes?

Esto es parte de la consulta inicial con tu ginecólogo/a para diseñar tu tratamiento.

  • PAP: forma parte de los estudios ginecológicos de rutina, que se realizan una vez al año. Sirve para recolectar y analizar células del cuello del útero y descartar chances de cáncer.
  • Mamografía: suele indicarse como rutina a partir de los 40 años, Es una radiografía de la mama que utiliza dosis bajas de rayos X para detectar el cáncer de mama.
  • Ecografía mamaria: es un complemento ideal de la mamografía, en donde se utiliza ultrasonido para observar el tejido interno de las mamas y axilas, en busca de quistes.
  • Densitometría: se trata de un estudio que explora el cuerpo —de manera rápida e indolora— a través de rayos X de baja dosis y se usa para medir la cantidad de calcio y minerales en huesos.
  • Análisis de sangre: a todo esto se suma un estudio para ver la medición del colesterol y otras hormonas, especialmente los estrógenos, progesterona y testosterona.

Expertas consultadas: 

Valeria Castellano, médica especialista en terapia hormonal y salud perimenopáusica. @dravcastellano.

Guillermo Poli, director médico de Femclinic y ginecólogo del IADT. @femclinic_med.

Cecilia Belgoff, microbióloga y embrióloga. @cecibelgoff.

Cecilia Acuña

Cecilia Acuña Cecilia Acuña es redactora de temas de vínculos, salud, bienestar y deco en OHLALÁ!