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Dietas restrictivas: ¿por qué no sirven y funcionan como una trampa?

¿Alguna vez hiciste una dieta estricta porque tenías un evento y “necesitabas” bajar de peso? Charlamos con especialistas en nutrición y body positive para deconstruirnos y entender por qué no funcionan desde la salud ni le suman a nuestra autoestima.


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¿Alguna vez hiciste una dieta estricta porque tenías un evento y “necesitabas” bajar de peso? Seguramente en más de una ocasión te encontraste dejando las harinas, comiendo solo frutas, entrenando como loca y aguantando las ganas de comerte un buen plato de pastas con el objetivo de entrar sin esfuerzos en ese vestido que te vuelve loca. Sí, a pesar de todos los cambios en los paradigmas culturales y de belleza, muchas veces seguimos siendo presas de la “cultura de las dietas”. Todavía seguimos normalizando muchas veces si una amiga te dice que va a hacer una dieta antes de un casamiento o se va a poner entrenar mucho en invierno para poder usar short o pollera en verano.

Peeerooo… ¡alerta spoiler! Las dietas NO sirven. Si realmente fueran posibles esas promesas de bajar mucho y rápido todas tendríamos el cuerpo que queremos, ¡y hasta habrían bajado los índices de sobrepeso y obesidad en el mundo! Si funcionaran, ¿no alcanzaría con hacer una sola en la vida? ¿Cuántas veces escuchamos hablar del famoso “rebote”? ¿Y cuántas dijimos “tengo que volver a hacer la dieta”? ¿Pensaste, en algún momento, por qué recuperás tan rápido todo eso que bajás? Frente a esta enorme cantidad de dudas, nos preguntamos: ¿por qué no sirven las dietas y cuál es la trampa a la que nos enfrentan?

Las trampas: ¿por qué no sirven las dietas?

  • Porque no son sostenibles en el tiempo.

    No permiten generar cambios a largo plazo, las dietas te alejan de las cosas que te gustan, restringen alimentos que son parte de tu vida, aunque no sean saludables, pero que ya los conocés, te gustan, pertenecen a tu cultura familiar, a tus costumbres… Si te las prohíben, te vas a alejar y, en algún momento, te van a volver las ganas de comer esas comidas y vas a abandonar la dieta. ¿Y qué pasa? Todo lo que bajaste, lo volvés a subir. La creencia de que milagrosamente vas a poder llegar al peso que buscás con una dieta y después hacer algo más relajado, menos estricto, no existe.

  • Porque generan impacto a nivel metabólico.

    Las dietas de muy bajo valor calórico nos hacen perder nutrientes básicos y micronutrientes. Suele haber déficit de nutrientes esenciales como carbohidratos y, en ese caso, el cuerpo tiene que adaptar otros mecanismos para sobrevivir; esto no es algo funcional, no es algo orgánico. Además, no se cubren requerimientos básicos de vitaminas y de minerales, que son esenciales para un montón de funciones del cuerpo.

  • Porque provocan daños psicológicos a largo plazo.

    Muchas personas creen que hay alimentos que engordan por sí solos, que no importa cuánto ingieran, saben que eso no hay que comerlo y cuando lo consumen lo hacen con culpa, no se pueden controlar y tienen atracones. A nivel emocional, vivimos con ese pensamiento de que hay alimentos prohibidos y nos llenamos de culpa. Son mitos que se vienen arrastrando a lo largo de mucho tiempo. No hay que demonizar a ninguna comida, lo importante es que sea algo equilibrado, sostenible.

Atenti a los profesionales cómplices

Candela Yatche, fundadora de @bellamenteorg -no dejes de leer sus columnas ohlaleras acá-, compartió en su cuenta de Instagram un video en el que alarma sobre los riesgos de la cultura de las dietas: “Hablemos de la responsabilidad de quienes juegan un rol de cómplices en estas situaciones, nutricionistas fomentando hacer una dieta restrictiva, modistas diseñando vestidos unos centímetros más chicos suponiendo que vamos a llegar más delgadas a las fiestas o profes de gimnasio proponiendo una rutina para bajar 10 kilos en menos de un mes. Bajar de peso tan rápido tiene un costo, no es gratis. ¿Hasta cuándo vamos a naturalizar, incluso entre profesionales de la salud, el promover hábitos poco saludables para llegar con determinada apariencia física a un evento?”, relata y asegura que hacer una dieta restrictiva es un factor desencante para el desarrollo de un trastorno alimentario.

Según estudios internacionales de Mervat Nasser, Argentina es el segundo país en el mundo (después de Japón) en tener el mayor índice de enfermedades por Trastornos en la Conducta Alimentaria (TCA). Sabemos, lamentablemente, el rol clave que juegan las redes sociales en este punto. Sin embargo, el Informe de neutralidad corporal realizado por Pinterest reveló que las búsquedas globales que contienen el término de búsqueda "pérdida de peso" se redujeron un 20% en mayo de 2022 en comparación con julio de 2021. Por otro lado, registró que aumentó la cantidad de personas que visitan la plataforma para descubrir ideas que inspiren dietas saludables. Se asoma un pequeño horizonte.

Chau a la cultura de las dietas

La licenciada Laura Romano, creadora de @integralnutricion, asegura que tenemos que cambiar el paradigma y, para eso, debemos intentar comer la mayor parte del tiempo cosas que nos hagan bien y la menor parte del tiempo cosas que no son saludables, pero son importantes para la salud emocional: “Yo utilizo el 80-20, 80% sano y 20% no. Para cuantificar ese porcentaje, podemos pensar que en una semana tenemos 28 comidas (4 por cada uno de los 7 días) y si aplicamos el 80% sano daría 23. Es decir, serían 23 comidas sanas y 5 comidas no sanas por semana, ¡es algo súper lógico, que se puede sostener! De esta manera no te prohibís, no te restringís y, a la vez, te estás cuidando. A lo largo de un año, esas 23 comidas a la semana serán 10 meses de haber comido sano y solo 2 meses de comidas poco beneficiosas. ¿Cómo no vas a tener un hábito saludable si estuviste la mayor parte del tiempo comiendo sano, pero incluso dándote los gustos 5 veces a la semana?” Como reza en su libro: “Las dietas tienen un final, pero los buenos hábitos duran para siempre”.

Experta consultada: Laura Romano, Lic. en nutrición. Creadora de @integralnutricion e Íntegra.

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