El cortisol es una hormona glucocorticoide. Su función principal en el cuerpo es regular los carbohidratos, favoreciendo el desarrollo de la energía, y también se encarga de suprimir la actividad del sistema inmunológico.
Nuestro cuerpo lo genera como un mecanismo de protección y su liberación sigue un ritmo circadiano, incrementándose durante el día y reduciéndose por la noche. Cuando nuestro cerebro detecta una amenaza, sea real o imaginaria, manda una orden a las glándulas suprarrenales para que fabriquen cortisol (junto con la adrenalina) con el objetivo de prepararnos para tomar la mejor decisión frente al peligro: luchar o huir.
En su nivel óptimo, las hormonas de estrés son las mejores herramientas para conseguir y preservar nuestro bienestar físico y psicológico. Sin embargo, si el sistema de alerta no se apaga, el cortisol inunda nuestro cerebro, nos hace perder objetividad y desarregla todo nuestro organismo, llevándonos al estrés crónico.
Deberíamos prestarle atención cuando percibimos que la reacción de alerta se vuelve constante, cuando notamos síntomas como un cansancio extremo, mala calidad de sueño o falta de motivación. Además, un indicador emocional ineludible de que el cortisol está afectando nuestra amígdala cerebral es el enojo frecuente o la falta de tolerancia a la frustración (el famoso efecto “mecha corta”).
A nivel emocional, el estrés crónico y los altos niveles de cortisol se asocian con falta de motivación, depresión, trastornos de ansiedad, cansancio extremo, apatía y una mayor irritabilidad. A nivel físico, los desbalances pueden manifestarse a través de hipertensión arterial, aumento de peso, problemas digestivos (como gastritis o úlceras), trastornos del sueño, dermatitis, caída del cabello, alteraciones menstruales, diabetes, arritmias y una disminución de la función inmunológica que nos deja susceptibles a infecciones o enfermedades autoinmunes.
En las redes y ámbitos informales se suele hablar de un mito muy frecuente: el famoso “cóctel del cortisol”. Se presenta como combinaciones de suplementos que prometen regular mágicamente el cortisol, optimizar la energía o reducir la fatiga de forma rápida. Ningún “cóctel” reemplaza un tratamiento médico, y el manejo saludable de esta hormona no depende de soluciones instantáneas, sino de constancia y de un abordaje integral de nuestra vida.
Endocrinóloga (@dra.lauramaffei).











