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“Nadie cambia lo que no considera un problema”: por qué reconocer el malestar es el primer paso para sentirse mejor

El cambio en salud mental empieza cuando la persona logra reconocer su malestar como un problema real. La psiquiatra Pía Lobo explica por qué ese momento de conciencia es clave para iniciar un proceso terapéutico efectivo.


“Nadie cambia lo que no considera un problema”: por qué reconocer el malestar es el primer paso para sentirse mejor

“Nadie cambia lo que no considera un problema”: por qué reconocer el malestar es el primer paso para sentirse mejor - Créditos: Getty



Muchas veces, el primer obstáculo en salud mental no es la falta de herramientas ni de información, sino algo más profundo: poder reconocer que aquello que se vive todos los días también puede estar haciendo daño. Según explica la médica psiquiatra Pía Lobo, el cambio terapéutico comienza cuando el malestar deja de percibirse como algo “normal” y aparece la posibilidad de cuestionarlo.

En el consultorio, cuenta la especialista, hay una escena que se repite con frecuencia: personas que llegan a consulta minimizando lo que les pasa. “En realidad estoy bien, solo vine por insistencia ajena”, suelen decir. Sin embargo, detrás de esa frase pueden aparecer síntomas persistentes, agotamiento, ansiedad, insomnio o conflictos que se repiten y generan sufrimiento.

Cuando el malestar se vuelve rutina

Uno de los conceptos centrales en psiquiatría es el insight, es decir, la capacidad de reconocer que ciertos síntomas o conductas no son simplemente “parte de la personalidad”, sino situaciones que impactan en la vida cotidiana.

“No se trata solo de ponerle un nombre a lo que pasa, sino de entender que ciertos síntomas o hábitos tienen consecuencias en el descanso, en los vínculos, en el trabajo o en la salud”, explica Lobo.

La dificultad, señala, es que muchas personas logran describir con claridad lo que les ocurre, pero aun así no consideran que exista un problema real. Hay quienes naturalizan dormir pocas horas desde hace años, vivir con ansiedad constante o sostener hábitos dañinos minimizando sus efectos.

En esos casos, el problema no suele ser la falta de información, sino la dificultad para conectar determinadas conductas con las consecuencias que generan a largo plazo.

El cambio no suele ser inmediato

Desde afuera, puede parecer que alguien “no quiere cambiar”, pero en la práctica clínica el proceso suele ser mucho más complejo. La psiquiatra explica que el cambio psicológico generalmente ocurre por etapas: primero aparece la negación o la minimización, luego cierta duda, más adelante la intención de modificar algo y, muchas veces, también retrocesos. “Todo eso forma parte del proceso”, sostiene.

Además, en algunos trastornos psiquiátricos la conciencia de enfermedad puede verse alterada. En los trastornos de la conducta alimentaria, por ejemplo, la percepción corporal puede estar distorsionada. En las adicciones, es frecuente minimizar el impacto del consumo. Y en cuadros más severos, reconocer la enfermedad puede resultar especialmente difícil.

Por eso, intentar imponer cambios sin trabajar antes la comprensión de lo que sucede suele terminar en abandono del tratamiento o en mejoras que no logran sostenerse en el tiempo.

La diferencia entre cumplir y cambiar

Para Lobo, existe una diferencia importante entre “cumplir” y verdaderamente cambiar. Cumplir puede implicar asistir a terapia o tomar medicación. Cambiar, en cambio, supone aceptar que hay algo en la propia vida que necesita modificarse.

“El verdadero comienzo de un proceso terapéutico no es la primera receta ni la primera consulta. Es el momento en que algo que antes parecía normal empieza a incomodar lo suficiente como para preguntarse si vale la pena seguir igual”, afirma.

En consulta, cuenta, hay una frase que aparece con frecuencia: “Yo puedo seguir así”. Frente a eso, suele surgir una pregunta clave: “¿A qué costo?”.

El deseo de estar mejor

Reconocer el problema no es el final del proceso, sino apenas el comienzo. Después aparece otro movimiento igual de importante: el deseo de estar mejor.

No necesariamente como una decisión firme o inmediata, sino como una disposición —a veces ambivalente— a intentar algo distinto.

Porque, como resume la especialista: “Nadie cambia lo que no considera un problema”. Y recién cuando eso puede verse con claridad, el cambio empieza verdaderamente a ser posible.

 

 

 

 

 

 

Experta consultada: Pía Lobo, médica psiquiatra (MN Nº 149009). Ig: @psiquiatrasalavista

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