Pedir perdón por todo: lo que dice la psicología sobre este hábito y su relación con la autoestima

¿Pedís perdón incluso cuando no hiciste nada malo? Una psicóloga explica qué puede haber detrás de esta muletilla cotidiana y por qué disculparse antes de hablar puede estar relacionado con la forma en que nos posicionamos frente a los demás.

Por Redacción OHLALÁ!

25 de septiembre de 2026, 00:00

una pareja en terapia
Pedir perdón sin motivo puede ser motivo de consulta psicológica para ver de dónde viiene esa muletilla. - Getty

Hay personas que dicen "perdón" antes de hacer una pregunta, cuando necesitan pedir paso, al expresar una opinión o incluso cuando alguien más cometió un error. La palabra aparece casi como un reflejo, aun cuando no existe una falta concreta que reparar.

Para Jazmín Gulí, licenciada en Psicología, especialista en Constelaciones Familiares, ese uso permanente del "perdón" puede convertirse en una pista para observar qué hay detrás de determinadas conductas. "El poder de la palabra se desvanece al convertirse en una muletilla", plantea.

Desde su enfoque, las palabras que aparecen de manera automática pueden ser observadas como expresiones simbólicas de conflictos o historias que la persona no necesariamente registra de manera consciente. "Las palabras y acciones que se nos escapan son señuelos del inconsciente; traen consigo la contraseña para ingresar a una realidad oculta", sostiene Gulí.

La especialista aclara que el significado de ese mecanismo no puede determinarse de manera aislada, sino que requiere conocer la historia de cada persona y, eventualmente, trabajarla en un espacio terapéutico. Aun así, propone algunas claves para pensar qué puede esconder ese "perdón" que aparece una y otra vez.

Cuando disculparse se convierte en una respuesta automática

Pedir perdón tiene una función concreta cuando reconocemos que hicimos algo que pudo afectar a otra persona. El problema aparece cuando la disculpa se vuelve automática y empieza a ocupar lugares en los que no existe una responsabilidad que asumir.

Para Gulí, detrás de quienes se disculpan constantemente puede reconocerse un patrón de conducta. La psicóloga utiliza el concepto de arquetipo para referirse a un molde o patrón mental a partir del cual pueden expresarse distintas conductas.

"En términos generales, se trata de un patrón o un molde mental universal del que derivan diversas formas de expresión particulares", explica.

Así, el "perdón" repetido puede ser una de las formas en las que se manifiesta una determinada manera de posicionarse frente al mundo. El lenguaje popular suele decir: "¡Parece que Pedro pide perdón hasta por existir!". Y sí, hay algo de eso. Lo verdaderamente particular es la motivación de ese "Pedro".

¿Qué tiene que ver con la autoestima?

Una persona que pide perdón antes de hablar puede estar anticipando que su presencia, su opinión o su necesidad pueden resultar una molestia para los demás. En ese sentido, el hábito puede invitar a preguntarse cuánto espacio siente que tiene para expresarse y qué lugar cree que ocupa frente a otros.

Gulí vincula este comportamiento, en algunos casos, con una dificultad para asumir el riesgo que implica tomar una posición propia. "Dar la propia nota en la vida implica asumir un riesgo", afirma.

Para la especialista, expresarse, decidir o actuar supone aceptar cierto grado de incomodidad. "Conlleva siempre una dosis de culpa sana, levemente incómoda, que es precisamente lo que estas personas intentan evitar", explica.

Desde esta perspectiva, el problema no estaría en pedir perdón cuando corresponde, sino en sentir que hay que disculparse de antemano por ocupar un lugar, hacer una pregunta, expresar una necesidad o simplemente participar de una conversación.

La historia familiar como una de las posibles claves

Gulí también aborda estos comportamientos desde una mirada transgeneracional. Según su enfoque, determinadas experiencias familiares pueden dejar marcas que aparecen en generaciones posteriores a través de distintas manifestaciones.

La psicóloga sostiene que, desde los aportes de la epigenética y de la psicología transgeneracional, se estudia cómo experiencias traumáticas pueden tener efectos que atraviesan generaciones. En su interpretación, esos dolores no elaborados pueden expresarse a través de "tics, muletillas verbales, gestos".

"La memoria viva de los traumas pasados y de cómo se los enfrentó" es, para Gulí, una manera de comprender esas manifestaciones.

Sin embargo, una muletilla por sí sola no permite establecer que una persona haya heredado un trauma familiar ni identificar cuál sería su origen. La historia personal y familiar es la que, en todo caso, permitiría explorar esas hipótesis en un proceso terapéutico.

El caso de Claudio: cuando el "perdón" aparece junto a otros síntomas

Para explicar su mirada, Gulí comparte el caso de Claudio, un paciente de 42 años que llegó a su consulta por otro motivo. Durante las primeras sesiones, la psicóloga observó que decía "perdón" con mucha frecuencia, incluso en situaciones en las que no tenía responsabilidad. También notó que ladeaba la cabeza de manera rápida y repetida.

"Claudio no registraba ninguna de estas acciones; eran automáticas e inconscientes, no formaban parte de su motivo de consulta", cuenta.

Al reconstruir su historia familiar, encontraron que su abuelo paterno había muerto por suicidio. Según relata la especialista, la familia había ocultado la causa de muerte debido a la vergüenza que les provocaba.

En el trabajo terapéutico, Gulí interpretó el movimiento del cuello y el uso constante del "perdón" como expresiones vinculadas con esa historia familiar. "Aquel recorrido no solo reveló el sentido del tic, sino también la motivación subyacente a su constante pedido de perdón: una culpa asumida por lo propio y lo ajeno", afirma.

El caso, aclara la especialista, forma parte de su experiencia clínica y de su marco de trabajo; no significa que detrás de cada persona que pide perdón exista necesariamente un trauma familiar.

¿Cuándo conviene prestar atención?

Decir "perdón" de manera ocasional no constituye, por sí mismo, un problema. La señal para observar puede aparecer cuando la palabra se vuelve automática y la persona siente que tiene que disculparse incluso por necesidades, preguntas u opiniones legítimas.

Algunas preguntas pueden servir para empezar a registrar el hábito: ¿pido perdón antes de hablar? ¿Me disculpo cuando necesito algo? ¿Siento que molesto cuando hago una pregunta? ¿Me cuesta expresar un desacuerdo? ¿Me siento responsable por el malestar de otras personas?

Para Gulí, estas conductas pueden abrir una puerta hacia preguntas más profundas. "Aprendimos a tirar del hilo que traen las acciones que parecen sin importancia", dice. Ese hilo, desde su perspectiva, puede conducir hacia aspectos de la historia individual y familiar que la persona no había relacionado con su comportamiento cotidiano.

La clave, entonces, no es dejar de decir "perdón" de manera mecánica, sino preguntarse qué estamos intentando reparar cuando no hay nada que reparar. En algunos casos, esa pregunta puede ayudar a revisar la relación que tenemos con nuestros propios límites, necesidades y palabras.

Experta consultada: Jazmín Gulí. Lic. en psicología M.N. 13175. Constelaciones Familiares. @jazminguli

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