Según expertos: "Las mujeres con menopausia sienten más el invierno"

Sofocos, escalofríos y cambios en la percepción del frío: cómo las hormonas modifican la termorregulación durante la menopausia y qué hacer para aliviar estos síntomas.

Por Ceci Belgoff

25 de agosto de 2026, 10:52

mujer con sofocos
Según expertos: "Las mujeres con menopausia sienten más el invierno" - Getty

¿Te pasó de sentir frío mientras todos están cómodos? ¿O de necesitar sacarte el abrigo en pleno invierno por un sofoco? No es solo una sensación. Detrás de esos cambios existe un sistema extraordinario que trabaja las 24 horas para mantener estable la temperatura corporal: el sistema de termorregulación.

Cuando pensamos en la temperatura corporal solemos asociarla a la fiebre o al clima. Sin embargo, la temperatura también cuenta otra historia: la de nuestras hormonas, nuestro metabolismo y nuestro sistema nervioso. De hecho, la forma en que percibimos el frío o el calor cambia a lo largo de toda la vida de la mujer.

Un termostato que nunca deja de adaptarse

El sistema de termorregulación mantiene la temperatura interna dentro de un rango muy preciso para que el organismo funcione correctamente. El "director de orquesta" es el hipotálamo, una región del cerebro que recibe información de la piel, la sangre, las hormonas y el ambiente.

Cuando necesitamos conservar calor, reduce su pérdida y activa mecanismos como la vasoconstricción y el temblor muscular. Cuando detecta un exceso de temperatura, aumenta el flujo sanguíneo hacia la piel y activa la sudoración.

Aunque solemos pensar que responde únicamente al clima, este sistema también está profundamente influenciado por los cambios hormonales.

La temperatura también tiene un ciclo

Desde la pubertad, el termostato femenino comienza a funcionar de manera diferente.

Durante la primera mitad del ciclo menstrual predominan los estrógenos. Después de la ovulación aumenta la progesterona, una hormona que eleva ligeramente la temperatura basal. Ese pequeño cambio, de apenas unas décimas de grado, permite identificar que la ovulación ocurrió y constituye uno de los pilares del Método Sintotérmico.

La temperatura deja de ser solamente una medida clínica y se convierte en un biomarcador capaz de reflejar lo que está sucediendo en el organismo.

Este equilibrio vuelve a modificarse durante el embarazo, cuando aumenta el metabolismo y la producción de calor, y otra vez en el posparto y la lactancia, etapas en las que el cuerpo reorganiza nuevamente su funcionamiento hormonal.

¿Qué sucede en la menopausia?

Con la disminución de los estrógenos, el sistema de termorregulación debe encontrar un nuevo equilibrio.

Uno de los cambios más importantes es que se reduce la llamada zona termoneutral, el margen de temperatura en el que el organismo no necesita activar mecanismos para calentarse o enfriarse.

Como consecuencia, variaciones muy pequeñas pueden desencadenar respuestas exageradas.

Así aparecen los sofocos: el cerebro interpreta que hay exceso de calor, aumenta la circulación en la piel y activa la sudoración. Cuando esa pérdida de calor es rápida, muchas mujeres sienten inmediatamente el efecto contrario: escalofríos, temblores y una intensa necesidad de abrigarse.

Otras veces los escalofríos aparecen sin un sofoco previo. Ambos forman parte del mismo fenómeno: una regulación térmica que se está adaptando a una nueva realidad hormonal.

No significa que el cuerpo funcione mal. Significa que necesita reajustar su termostato.

¿Por qué algunas mujeres lo sienten más que otras?

La respuesta no depende únicamente de las hormonas. La masa muscular, la microbiota, el estado del metabolismo, la calidad del sueño, la salud tiroidea, la circulación, el nivel de actividad física e incluso el estrés influyen en la forma en que el organismo produce y conserva el calor.

Por eso, dos mujeres de la misma edad pueden vivir la menopausia de maneras completamente distintas.

¿Qué podemos hacer para sentirnos mejor?

mujer toma agua en invierno
Hidratarse regularmente, una de las formas de sentirte mejor. - Getty

No hace falta hacer nada extraordinario. Pequeños hábitos pueden ayudar a acompañar al organismo mientras se adapta en esta etapa:

  • Hidratate regularmente: especialmente si transpirás mucho. Si aparece sensación de frío, una bebida templada puede resultar reconfortante.
  • Vestite en capas: elegí prendas livianas, holgadas y transpirables que puedas sumar o quitar fácilmente cuando pasás del frío al calor.
  • Cuidá tus músculos: el entrenamiento de fuerza ayuda a preservar masa muscular, una de las principales fuentes de producción de calor del organismo, y a sostener la salud metabólica.
  • Alimentate bien: asegurá una alimentación variada y de calidad para acompañar la masa muscular y el metabolismo.
  • Cuidá tu microbiota: una alimentación rica en fibra favorece una microbiota intestinal diversa. Cuidar el ecosistema intestinal es parte de cuidar la salud durante esta etapa.
  • Priorizá el descanso: dormir bien también ayuda a la adaptación. Si tenés sudores nocturnos, mantené el dormitorio fresco y ventilado; si lo que predomina es el frío, tené a mano ropa de abrigo que puedas sumar fácilmente.
  • Mantenete activa: el movimiento regular favorece la salud cardiovascular, metabólica y muscular y ayuda a mantener una buena capacidad de adaptación.
  • Conocé tus desencadenantes: calor ambiental, cambios bruscos de temperatura, alcohol, comidas picantes, bebidas muy calientes o estrés pueden favorecer los sofocos en algunas mujeres. Observar qué sucede en tu caso puede ayudarte a identificar patrones.
  • Cuidá tu piel: la piel participa activamente en la termorregulación. Mantenerla hidratada y protegida ayuda a preservar su función y su barrera natural.

¿Cuándo conviene consultar?

Si la sensación de frío o calor aparece de forma repentina, se acompaña de fiebre, pérdida de peso, cansancio extremo, palpitaciones o interfiere con las actividades cotidianas, es importante realizar una evaluación médica.

La consulta permite diferenciar los cambios propios de la menopausia de otras condiciones, como alteraciones de la función tiroidea, anemia, infecciones u otros trastornos metabólicos, además de definir la mejor estrategia para aliviar los síntomas.

La temperatura también habla de nuestra salud

Durante años aprendimos a mirar el termómetro solo para detectar fiebre. Sin embargo, la temperatura corporal acompaña cada etapa de la vida femenina: aumenta después de la ovulación, vuelve a modificarse durante el embarazo y cambia nuevamente en la menopausia.

Siempre está ofreciendo información sobre cómo interactúan nuestras hormonas, el metabolismo y el sistema nervioso.

Mi mirada

Tal vez esa sea la enseñanza más importante: el cuerpo no empieza a hablar en la menopausia. Siempre lo hizo. La diferencia es que, cuando aprendemos a interpretar esas señales, dejamos de vivir los cambios con incertidumbre y empezamos a comprenderlos como parte de una historia que comenzó mucho antes, con el primer ciclo menstrual, y que continúa acompañándonos a lo largo de toda la vida.

Ceci Belgoff

Ceci Belgoff Microbióloga y embrióloga. Realiza acciones para potenciar el bienestar de mujeres y diversidades.