
Cuando los chicos dicen “no me saques fotos”: cómo escuchar su pedido y cuidar su intimidad en la era de las redes
Cada vez más chicos piden no ser fotografiados todo el tiempo. ¿Qué nos están diciendo con ese gesto? Una reflexión sobre intimidad, exposición y el desafío de sostener la presencia adulta en tiempos de cámaras y redes sociales.
12 de enero de 2026 • 13:25

Cuando los chicos dicen “no me saques fotos”: cómo escuchar su pedido y cuidar su intimidad en la era de las redes - Créditos: Getty
En los últimos días y en distintas conversaciones, vengo percibiendo un fenómeno que me llama la atención: hijos de conocidos y de distintos pacientes están pidiendo que no les saquen tantas fotos. ¿Será que estamos perdiendo el registro de su intimidad y, sin querer, invadimos con nuestro celular espacios que no corresponden?
No creo que este pedido responda a un cansancio particular frente a la cámara ni a un rechazo tecnológico, ya que conviven con ella desde los primeros años. Lo que aparece en ese pedido, a veces dicho de manera directa y otras más sutil, es algo más profundo: la incomodidad frente a un determinado modo de ser mirados.
En una época en la que ya no se saca una foto solo para guardar un recuerdo, sino para hacerla circular, mostrarla, ofrecerla a la mirada de otros, algo de cómo se vive ese momento empieza a cambiar. Los chicos no solo están ahí en el momento presente: están atentos a cómo salen, a si alguien los mira, a si eso va a gustar. El momento no se juega solo en la intimidad de lo familiar; también hacia afuera. Y, en ese movimiento, la mirada del adulto corre el riesgo de dejar de sostener para empezar a capturar.
Donald Winnicott pensaba el sostén como una forma de presencia que no invade ni se impone, sino que permite que el niño exista sin ser utilizado para otra cosa. Una mirada que no demanda espectáculo ni exige rendimiento. Ahora, este tipo de sostén entra en tensión con una lógica de visibilidad que empuja todo hacia afuera.

Cuando los chicos dicen “no me saques fotos”: cómo escuchar su pedido y cuidar su intimidad en la era de las redes - Créditos: Getty
Por supuesto que siempre hay que observar caso por caso. Hay niños a los que no les molesta la cámara y a otros les resulta intrusiva. Por eso, cuando un niño pide menos fotos, la pregunta no es si tiene razón o no, sino qué está diciendo en eso que expresa con gestos o con palabras. Muchas veces no está pidiendo menos registro, sino menos exposición o más atención.
La paciente de una colega solía contar en terapia que su madre era “más simpática cuando había visitas que cuando estaban solos en familia”. No hablaba de redes ni de pantallas; sin embargo, también necesitaba mostrar cierta imagen de su familia y de sus hijos hacia fuera del círculo íntimo.
Acá se presenta un riesgo silencioso: que el niño deje de ser, ante todo, un sujeto para empezar a funcionar como un soporte de exhibición. Como una confirmación de que somos buenos padres, de que hacemos cosas lindas, de que la familia funciona, obligándolo a perder algo de su identidad al confirmar “hacia afuera” la demanda silenciosa que, como adultos, impusimos.
Por eso, el pedido “no me saques fotos” no es solo una cuestión de privacidad, es un pedido de borde, de un espacio que quede fuera de la lógica del objeto de consumo visual y que les permita habitar momentos sin convertirlos en un espectáculo.
No se trata de demonizar las fotos ni las redes, sino de tener en cuenta que no toda experiencia quiere ser mostrada, que no todo lo que pasa quiere circular y que no todo lo que es necesita ser visto por otros para existir.
Hace poco subí una reflexión a mi Instagram que decía: “En la infancia, ningún juguete reemplaza la magia de que alguien juegue con vos”. Y algo parecido pasa en esta situación, ya que los mejores momentos, casi siempre, no se fotografían. Las fotos no reemplazan la experiencia, aunque hoy muchas veces intentemos que lo hagan.
Tal vez por eso el gesto más genuino no sea dejar de sacar fotos, sino volver a preguntarles si están de acuerdo con que lo hagamos y si quieren que las circulemos. Y también poder escuchar cuando la respuesta es no. Porque no se trata solo de cuidar la imagen del niño, sino de no reemplazar la necesidad de registrarlo todo con la cámara por el verdadero encuentro más allá de la tecnología. Es importante no confundir que estar no es lo mismo que mostrar.
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