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Somos valiosas (aunque a veces lo olvidemos): amor propio y síndrome del impostor

En su editorial la directora de OHLALÁ!, Agus Vissani, reflexiona sobre el síndrome del impostor, la inseguridad y la importancia de elegir la alegría y el amor propio, incluso cuando dudamos de nuestra voz.


chica en la playa

Somos valiosas (aunque a veces lo olvidemos): amor propio y síndrome del impostor - Créditos: Getty



Estoy escribiendo este editorial en mi último día de vacaciones y ya arranqué de nuevo cuatro veces. Te soy sincera: no estoy segura de lo que tengo para decir. ¿No te pasa a veces? ¿Qué tenemos para comunicar? ¿Será importante para el otro lo que traemos hoy?

La inseguridad —o esa sensación que muchos llaman “síndrome del impostor”— puede aparecer incluso cuando somos mujeres poderosas, que se valoran, se cuidan y se aman. Podés quererte un montón y, aun así, atravesar momentos en los que tu voz se vuelve bajita, casi imperceptible. 

Pienso en que quiero hablar de la alegría, que es el tema que elegimos para esta edición. En que la alegría es una elección activa y cotidiana, no solo una respuesta a lo bueno que nos pasa. En todo lo que sumás a tu vida cuando elegís sonreír más, agradecer más, disfrutar incluso en medio de la incertidumbre.

Entonces aparece un pensamiento intrusivo que me dice que sería mejor hablar del amor y los vínculos en el mes de los enamorados. No, mejor hacer referencia al horror de los incendios en la Patagonia que me tuvieron en vilo. También tengo dando vueltas una idea sobre la necesidad de vivir entusiasmados, de sostener la chispa del entusiasmo aun cuando el cansancio aprieta.

En definitiva, tengo una ensalada rusa en la cabeza, cuando debería estar fresquita como una lechuga después de mis vacaciones en la playa.

¿Por qué me pasa esto? O, más importante aún, ¿por qué te lo cuento? Porque el proceso de escribir este editorial me dejó algunos aprendizajes que sentí ganas de compartir.

1. No siempre tenemos que tener algo extraordinario para decir, pero muchas veces hay alguien ahí esperando que le digas algo. No te pongas siempre en el centro: no es solo lo que vos traés, sino lo que el otro está necesitando.

2. Regalate nuevos comienzos. Cuando algo no te cierra, barajá y da de nuevo. Hacé un bollito con lo escrito y volvé a la página en blanco. Siempre es un buen momento para recalcular, ajustar el rumbo y volver a empezar.

3. Encontrar tu voz es un camino de altos y bajos. Muchas veces somos las últimas en darnos cuenta de lo valiosas que somos. A veces nos sentimos listas para dar una charla TED y otras simplemente no logramos poner en palabras un “te quiero”. Abrazate más, aplaudite cuando las cosas salgan bien y aceptate vulnerable cuando no.

Y así, casi sin darme cuenta, terminé hablando de amor propio en el mes del amor.

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