Marina Mammoliti, psicóloga: "Cuando juzgamos a los demás también somos demasiado duras con nosotras mismas"

Juzgar a los demás puede ser un reflejo de cómo nos hablamos a nosotras mismas. Qué es el “evaluador inmaduro” y por qué reconocerlo puede ayudarnos a mirar con más empatía.

Por Marina Mammoliti

19 de agosto de 2026, 15:05

Marina Mammoliti
Marina Mammoliti, sobre jugzgar a los demás: qué dice la psicología. - Prensa

Alguien te cuenta algo (una decisión, un cambio en el cuerpo, una forma de criar) y, antes de que termine la frase, ya tenés la sentencia armada. Rápida, filosa, automática. Lo compartís con una amiga, sumás un comentario y seguís con tu día como si no hubiera pasado nada.

Pero hay algo que no se ve, y es lo que pasó un segundo antes, muy adentro de vos. Porque esa misma vara la usás con vos todos los días, y ahí sí que no la compartís con nadie.

En psicología, Norberto Levy lo llama “evaluador inmaduro”: la voz interna que no distingue matices. Descarta lo que lograste, señala lo que te falta. Mide sobre la base de un ideal que nunca alcanza, y que casi nunca elegiste vos: viene de mandatos que absorbiste sin darte cuenta, mucho antes de poder cuestionarlos, en tu casa, en tu escuela, en cada lugar donde aprendiste lo que se premiaba y lo que no.

Esta lógica convive en la cabeza sin que se note, hasta que empieza a filtrarse hacia afuera. Claro, porque sostener esa voz pesada, mirando solo para adentro, cansa. Ahí aparece la proyección: no inventás el defecto que ves en la otra persona, elegís mirarlo ahí porque en vos te resulta insoportable de reconocer.

Proyectar te evita la vergüenza o la culpa que sentirías si vieras eso mismo en tu propia vida. Repartir condena hacia afuera alivia, aunque sea por poco tiempo. Al rato, esa voz vuelve a hablarte a vos, un poco más fuerte que antes, y el círculo empieza otra vez.

Existe otra versión, la del evaluador maduro. Ese puede ver lo que no funcionó, pero también lo que sí. Toma en cuenta lo que tuviste que atravesar para llegar hasta ahí. No te aplaude sin fundamento, pero tampoco te destruye por deporte. Cuando esa voz se instala adentro, hay menos necesidad de salir a buscar a quién condenar afuera. Y las mismas situaciones dejan de doler tanto, en vos y en los demás.

La próxima vez que sientas ganas de juzgar, probá parar un segundo y preguntate: ¿qué parte mía no estoy dejando descansar hoy? Casi siempre, ahí está la respuesta pendiente. Y esa sí, es tuya.

Marina Mammoliti

Marina Mammoliti Es licenciada en Psicología, divulgadora científica, creadora del podcast Psicología al Desnudo y autora del libro Frená tu cabeza (Grijalbo - Penguin Random House).