Silvina Zecler, psicóloga: “Está creciendo la ansiedad por 'no aprovechar' el tiempo”

La psicóloga Silvina Zecler explica por qué sentimos que el tiempo nunca alcanza, cómo la hiperconexión aumenta la ansiedad y qué podemos hacer para recuperar el placer de descansar.

Por Redacción OHLALÁ!

2 de septiembre de 2026, 15:49

mujer mira reloj
Silvina Zecler, psicóloga: “Está creciendo la ansiedad por 'no aprovechar' el tiempo” - Getty

Hay quienes sienten que las horas se escurren entre reuniones, tareas domésticas, actividades de los hijos, mensajes pendientes y una lista de cosas por hacer que parece no terminar nunca. Y, aun cuando llega un rato libre, tampoco siempre aparece la calma: a veces, descansar puede generar culpa.

La psicóloga Silvina Zecler, especialista en psicoanálisis, analiza un fenómeno cada vez más presente: la ansiedad por aprovechar cada minuto, incluso aquellos destinados al ocio. “El reloj avanza al mismo ritmo para todos, pero no todos vivimos el tiempo de la misma manera”, explica. Y anticipa: "Está creciendo la ansiedad por 'no aprovechar' el tiempo".

Para la especialista, la experiencia del tiempo es subjetiva y está atravesada por las emociones, las expectativas, los recuerdos y la historia de cada persona. Por eso, tal vez el desafío sea preguntarnos cómo estamos habitando nuestro tiempo y cuánto lugar dejamos para aquello que realmente deseamos.

¿Por qué sentimos que el tiempo nunca alcanza?

La vida cotidiana, especialmente en las grandes ciudades, está atravesada por múltiples obligaciones. El trabajo, las tareas de la casa, las actividades familiares y las rutinas hacen que las jornadas se sientan cada vez más exigentes. Pero, según Zecler, la sensación de que el tiempo no alcanza no depende solamente de la cantidad de cosas que tenemos para hacer sino que también intervienen las expectativas que construimos alrededor de cómo debería ser nuestra vida. Y, en ese punto, las redes sociales pueden sumar una presión extra.

“Vemos personas que trabajan, entrenan, viajan, leen, cocinan y, además, parecen disfrutar de todo. Esa exposición permanente puede instalar la idea de que siempre estamos haciendo menos de lo que deberíamos o que existe una manera ideal de aprovechar el día a la que no estamos llegando”, señala.

Cuando esas expectativas se vuelven difíciles de cumplir, pueden aparecer frustración, enojo, envidia y malestar. La comparación constante, además, puede afectar especialmente a niños y adolescentes, que pueden ser más vulnerables frente a estas presiones.

Vivir apurados: cuando nunca terminamos de estar donde estamos

Una de las consecuencias de vivir con la sensación de que siempre llegamos tarde es la dificultad para disfrutar del presente. Estamos haciendo una cosa, pero nuestra cabeza ya está en la siguiente.

Esa sensación permanente de urgencia puede aumentar el estrés, dificultar la concentración y hacer que incluso los momentos agradables pierdan calidad. “La percepción del tiempo es singular, pero el imperativo de tener que ‘aprovechar’ cada momento parece haberse vuelto generalizado”, señala Zecler.

Para la psicóloga, hay una diferencia entre sentir que llegamos tarde a determinadas situaciones y experimentar que nunca llegamos a nada. Esta última sensación puede resultar especialmente problemática para el bienestar emocional porque instala una percepción constante de insuficiencia: hagamos lo que hagamos, siempre parece faltar algo.

La ansiedad por aprovechar el tiempo también llega al descanso

¿Una tarde libre? Para muchas personas, eso ya no significa necesariamente descansar. Puede convertirse en una oportunidad para hacer un curso, entrenar, aprender un idioma, leer ese libro que todo el mundo recomienda o mirar la serie de la que todos están hablando.

Está creciendo la ansiedad por no aprovechar el tiempo y una de las expresiones más claras aparece en nuestra relación con el tiempo libre y el ocio”, afirma Zecler.

El descanso parece haber dejado de ser suficiente. Incluso los momentos destinados a no hacer nada pueden transformarse en otra instancia que hay que aprovechar.

A esto se suma la hiperconexión. La tecnología nos permite acceder de manera permanente a información, entretenimiento y nuevas propuestas, pero también puede generar la sensación de que siempre hay algo más que podríamos —o deberíamos— estar haciendo. En ese contexto, simplemente parar puede resultar incómodo.

¿Qué es la culpa por descansar?

Para algunas personas, descansar está asociado con “perder el tiempo” o con no estar haciendo algo lo suficientemente útil. Entonces, aparece la culpa.

“El sentimiento de culpa tiene características particulares en cada individuo, pero para muchas personas el descanso se asocia con perder el tiempo o con no estar haciendo algo suficientemente útil”, explica la especialista.

Y agrega que, cuando este tema aparece en la consulta, es importante preguntarse qué significa realmente parar, reflexionar o simplemente estar.

“Detrás de la dificultad para detenerse pueden aparecer angustia, miedo o frustración que quedan ocultos detrás de la idea de que ‘no tenemos tiempo’”, señala.

Sin embargo, el descanso y el tiempo de calidad con una misma y con los seres queridos son fundamentales para el bienestar emocional. “No todo momento tiene que tener un objetivo productivo ni todo aquello que hacemos necesita justificar su utilidad”, sostiene.

No podemos leer todos los libros, ver todas las series ni hacer todos los cursos

También puede aparecer frustración cuando no terminamos un libro, abandonamos una serie a mitad de camino o dejamos inconcluso un curso que habíamos empezado con entusiasmo.

Para Zecler, no se trata de definir si esa frustración es o no “normal”, sino de observar cuándo todo empieza a vivirse como una carrera.

Hoy la oferta de contenidos, experiencias y actividades es enorme. Podemos sentir que deberíamos estar al día con todo: leer todos los libros importantes, ver todas las series de las que se habla o completar todos los cursos que podrían servirnos.

Pero hay un límite inevitable: no podemos hacerlo todo. “Uno de los trabajos importantes en la consulta consiste justamente en aceptar que siempre habrá cosas pendientes, proyectos que quedarán inconclusos o situaciones que se resolverán de una manera diferente a la que habíamos planeado”, explica.

Y resume esa idea en una frase que utiliza con frecuencia: “Mejor hecho que perfecto”. Aceptar que algo puede quedar pendiente, que no vamos a llegar a todo y que algunas decisiones implican renunciar a otras posibilidades puede ayudar a bajar los niveles de ansiedad.

Cuando hasta el ocio se transforma en una obligación

La lógica del rendimiento parece haberse extendido a casi todos los aspectos de la vida. Incluso al tiempo libre.

En lugar de preguntarnos qué nos da placer, muchas veces pensamos qué nos conviene hacer, qué deberíamos aprovechar o qué actividad podría servirnos en el futuro.

Así, el ocio puede dejar de ser un espacio de disfrute para convertirse en una tarea más dentro de una agenda que ya está demasiado cargada.

“Recuperar el sentido del ocio implica también permitirnos hacer cosas sin una finalidad concreta, sin convertir cada actividad en una inversión para el futuro y sin sentir que debemos obtener algo a cambio de cada hora que tenemos disponible”, plantea Zecler.

Leer por placer, mirar una película sin pensar si es la que todos recomiendan, salir a caminar sin contar pasos o simplemente no hacer nada también pueden ser formas válidas de habitar el tiempo.

El desafío no es hacer más, sino elegir

La sensación permanente de que el tiempo no alcanza puede contribuir al estrés sostenido, la ansiedad, la irritabilidad, las dificultades para dormir y una sensación constante de insatisfacción.

Y aparece una paradoja: cuanto más intentamos aprovechar cada minuto, menos presentes podemos estar en aquello que estamos haciendo.

Por eso, para Zecler, el desafío no necesariamente consiste en sumar más actividades a la agenda. “Se trata de poder elegir cuáles realmente valen nuestro tiempo”, explica.

Aceptar que no vamos a llegar a todo, que algunas cosas quedarán pendientes y que descansar también es una necesidad puede ser una forma de construir una relación más saludable con el tiempo.

Experta consultada: psicóloga Silvina Zecler (MN. 46424), especialista en psicoanálisis.

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