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Ideas para cultivar la empatía de tus hijos

Es una aspiración de todos criar hijos empáticos. ¿Cómo se puede enseñar la empatía? Algunas herramientas para que la incorporen nuestras infancias en la crianza.


Criar chicos empáticos: algunas ideas para aplicar en la crianza.

Criar chicos empáticos: algunas ideas para aplicar en la crianza.



La empatía es la capacidad que tenemos las personas de comprender y compartir los sentimientos de otra persona respecto a una situación. Es lo que comúnmente nos referimos a “ponernos en los zapatos del otro” y poder mirar desde esa perspectiva cómo ve el mundo en ese momento esa otra persona sin ser tomados por esa misma emoción, lo que nos da la posibilidad de convertirnos en herramienta.

Si bien muchos sabemos a qué nos referimos cuando hablamos de empatía, nos resulta muy complejo poder ponerla en práctica y mucho más complejo aún lograrla en la crianza.

 

En esta nota, Carolina Muñoz Agopian, una influencer conocida en Instagram como @expcangurose centra la empatía en los chicos. “Estoy segura de que la empatía es una de las virtudes que considerás pilares en la vida de tus hijos”, dice. Y se pregunta: ¿Cómo podemos cultivarla en nuestras infancias?

Nos propone como destino final lograr enseñar la empatía en nuestros hijos. Es un proceso, un viaje con algunas estaciones para encontrar aquellas herramientas propias que nos ayuden a entrenar y conectar con la empatía. Iniciamos el viaje guiados por ella.

Primera estación: la empatía es como un diamante

La empatía como un diamante.

La empatía como un diamante.

Si queremos hilar más fino podríamos decir que la empatía es como un diamante que tiene varias facetas:

Empatía Cognitiva: cuando puedo comprender intelectual o racionalmente la experiencia de otra persona.

Empatía Compasiva: cuando puedo darme cuenta del dolor o sufrimiento de otro y quiero hacer algo para reducirla.

Toma de perspectiva cuando logro ver el mundo a través de los ojos de otro.

Alegría empática: cuando me siento feliz por los logros, la felicidad y el bienestar de otro..

Resonancia emocional: cuando siento lo que el otro siente.

Cuando hablamos de empatía hablamos del conjunto de estas facetas. Lograr sentirlas, pensarlas e interiorizarse nos vuelve en agentes de cambio, nos hace vibrar directamente con nuestra moral y nuestra toma de decisiones.

Por ejemplo: si veo a una persona triste, enojada, atravesando una emoción displacentera, es mucho menos probable que le mienta, que la trate mal o que haga algo que moralmente no crea que sea sano. Lo paradójico es que colaborar con otros para ayudarlos a superar esa situación nos hace sentirnos mejor, sentirnos que ayudamos y, sobre todo, ayudarlo, concretamente a salir de donde no se siente bien.

Segunda estación: un rush al pasado

Si te invito a identificar en tu vida qué persona te enseñó de empatía: ¿quién sería esa persona?, ¿de qué manera lo hacía?, ¿con qué frecuencia?

En mi caso fue mi papá. Cada vez que veíamos una película o íbamos al teatro, incluso cuando contábamos alguna anécdota del colegio, él nos hacía preguntas abiertas: ¿y cómo pensás que se sintió?, ¡uy! ¿qué le puede haber pasado para sentirse así?, ¿por qué crees que está así de triste?, ¿y qué crees que podría hacer para sentirse mejor?

Preguntas que desde que tengo memoria eran espontáneas, en la plaza, en la sobremesa familiar, en una caminata en la playa, caminando por la calle. De a poco esas preguntas ya no vinieron de afuera y sin darme cuenta, empecé a hacérmelas yo.

Tercera estación: estrategias para cultivarla de manera cotidiana

Activar el radar: si las preguntas son grandes aliadas, entonces la invitación es a usarlas, abrirlas. Son las primeras que nos permiten ponernos en el lugar del otro y pensar, sentir qué podría estar viviendo. La próxima vez que vean una película pueden tomar a los personajes principales y preguntarse sobre ellos e incluso si creen que el final podría haber sido distinto. Las películas, los cuentos y el terreno de la ficción es un gran punto de partida porque no está latente el temor de lastimar a nadie con nuestra respuesta.

Apoyarte en las palabras: aprender a decir que sentimos y pensamos es uno de los grandes desafíos que como educadores podemos ayudarle a nuestros hijos como herramienta. Que logremos construir con las palabras acertadas como nos sentimos nos ayuda a entrenar nuestra manera de comunicar y también de escuchar.

Apoyarte en las imágenes: aprender a observar a otros. La manera en la que gesticulan cuando hablan, cómo nos comunican con su postura corporal, cómo nos brindan información para conectarnos más allá de las palabras. Una manera divertida y accesible para entrenar esta percepción, es ver alguna serie en un idioma totalmente inteligible o en mute para intentar descifrar qué les sucede a los personajes. No es el fin entender lo que dicen, sino aprender a capturar el mood en el que se encuentran.

Ampliar el campo: una vez que logren pensar y sentir en personajes ficticios, el desafío es llevarlo al mundo real: hacerse estas preguntas sobre quienes conviven con ellos, en la misma casa, en la escuela, los amigos del club y de a poco ir extendiendo el radar.

Entrenar la marcha: elegí con tus hijos una situación en la que vean que pueden aportar. Después de la concientización del tema pueden plantear posibles soluciones concretas que estén a su alcance. Las mismas van a incluir participación y compromiso de las partes. Por ejemplo: nos preocupa la ola de calor. Entonces vamos a trabajar nuestro consumo responsable y separar los residuos en casa. Otro ejemplo, mucho más hacia el terreno de nuestros hijos podría ser en la escuela: Mi hijo tiene un compañero al que le cuesta matemáticas y a él no: ¿podemos hacer algo para ayudarlo?, un compañero nuevo no tiene amigos aún ¿habrá alguna manera de ayudarlo a que se sienta más integrado?

Después de elegir y crear una estrategia para colaborar, podés ayudar a tu hijo a llevar su plan adelante.

El destino: la empatía como motor de acción

Como las emociones son las que nos mueven, lograr conectarnos con la empatía y conectar con los demás nos mueve a hacer algo. Ahí, justamente ahí, es donde reside la fuerza del cambio hacia el futuro que soñamos. Si cada uno de nosotros buscamos sumarnos a mejorar la vida de los demás, vamos a poder darnos cuenta que practicar la empatía también es impulsarnos hacia una vida más plena, porque en la motivación del cambio colaborativo hay un gran espacio para la plenitud.

 

Experta consultada: Ma. Carolina Muñoz Agopian. Su web: www.experienciascanguro.com

IG: @ expcanguro https://www.instagram.com/expcanguro/?hl=es

 

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