¿Cuántas veces agarraste el celular para mirar algo puntual y, cuando te diste cuenta, habían pasado 40 minutos? Entramos a Instagram, respondemos un mensaje, miramos un video y saltamos a otra aplicación casi sin pensarlo. En el medio, dejamos de prestar atención a lo que estábamos haciendo y hasta nos cuesta disfrutar de esos momentos en los que no pasa nada extraordinario.
No se trata de demonizar la tecnología ni de proponernos vivir desconectadas. Pero sí de preguntarnos cuánto espacio les estamos dando a las pantallas y cuánto tiempo nos queda para las cosas que nos hacen bien de verdad.
En este contexto, recuperar algunos hábitos cotidianos puede ser una buena forma de volver a conectar con nuestro cuerpo, entrenar la atención y encontrar otras fuentes de motivación y satisfacción. Movernos, descansar mejor, salir al aire libre o dedicar unos minutos a una actividad que disfrutamos son acciones simples que pueden marcar una diferencia en cómo nos sentimos.
La clave está en entender que el bienestar no depende de una fórmula mágica ni de sumar una lista interminable de tareas a nuestra rutina. A veces, empezar por pequeños cambios es suficiente para construir una relación más saludable con el tiempo, la tecnología y nosotras mismas.
¿Qué es la dopamina y cómo influye en nuestro bienestar?

La dopamina es un neurotransmisor que participa en funciones como la motivación, el aprendizaje, la atención y la recompensa. No es simplemente la sustancia que nos hace sentir placer: también interviene en la manera en que anticipamos resultados, aprendemos de las experiencias y encontramos razones para actuar.
Las redes sociales, los videojuegos y otras plataformas digitales pueden ofrecer estímulos frecuentes que nos invitan a seguir mirando y buscando novedades. El problema no es usar el celular, sino que ese hábito termine desplazando actividades importantes para nuestro bienestar, como dormir lo suficiente, movernos o compartir tiempo con otras personas.
Frente a esta dinámica, la propuesta de incorporar hábitos que favorezcan la salud física y mental invita a recuperar otras experiencias de satisfacción. No significa que podamos controlar la dopamina a voluntad ni que todas estas actividades la aumenten de la misma manera, sino que existen conductas cotidianas que ayudan a cuidar funciones relacionadas con la motivación, el descanso y el equilibrio emocional.
Para profundizar en esta mirada, el psicólogo y divulgador Marcos Apud propone nueve prácticas que podemos incorporar a nuestra vida diaria sin necesidad de grandes cambios.
9 hábitos para estimular la dopamina natural y sentirte mejor
No hace falta cambiar toda tu rutina de un día para el otro ni cumplir con los nueve hábitos a la perfección. La idea es identificar cuáles te gustaría recuperar y empezar por alguno que puedas sostener en el tiempo.
1. Mové el cuerpo todos los días
No hace falta anotarte en un gimnasio ni entrenar durante una hora para empezar a sentir los beneficios del movimiento. Salir a caminar, bailar mientras preparás la cena, andar en bicicleta o hacer una actividad física que disfrutes son buenas formas de activar el cuerpo y despejar la cabeza.
El ejercicio interviene en distintos procesos relacionados con el estado de ánimo y la salud cerebral. Además, terminar una actividad que nos propusimos puede darnos una sensación de satisfacción que va más allá del entrenamiento en sí.
La clave: elegí una actividad que te guste. Cuanto más disfrutable sea, más fácil será incorporarla a tu rutina.
2. Probá terminar la ducha con agua fresca
Las duchas frías se popularizaron entre quienes buscan mejorar su energía y su estado de alerta. La exposición al frío activa respuestas del sistema nervioso, aunque sus efectos dependen de la intensidad, la duración y las características de cada persona.
No hace falta pasar de una ducha caliente a meterte en agua helada para incorporar este hábito. Si te resulta agradable y no tenés contraindicaciones médicas, podés probar con agua un poco más fresca al final.
La clave: no lo conviertas en una prueba de resistencia. Si te genera malestar, no es necesario hacerlo para cuidar tu bienestar.
3. Regalate diez minutos de meditación
Tenemos la cabeza llena de pendientes: qué tenemos que resolver en el trabajo, qué falta comprar, ese mensaje que todavía no respondimos y todo lo que nos gustaría hacer cuando finalmente tengamos tiempo.
La meditación puede ayudarnos a entrenar la atención y observar nuestros pensamientos sin reaccionar automáticamente ante cada uno. No significa dejar la mente en blanco, sino aprender a reconocer cuándo nos distraemos y volver, una y otra vez, al momento presente.
Podés empezar con diez minutos de respiración consciente, en un lugar tranquilo y sin notificaciones que interrumpan.
La clave: si te cuesta concentrarte, no significa que lo estés haciendo mal. La práctica consiste, justamente, en volver a llevar la atención al presente cada vez que se dispersa.
4. Escribí en un cuaderno lo que te pasa
A veces, tenemos tantas ideas dando vueltas que nos cuesta distinguir qué nos preocupa de verdad y qué es simplemente una lista de cosas pendientes. Escribir puede ser una manera de ordenar esos pensamientos y dedicarles un espacio sin otras distracciones.
No necesitás tener un diario perfecto ni escribir páginas enteras. Podés anotar cómo te sentiste durante el día, qué te preocupó, qué disfrutaste o qué te gustaría cambiar.
A diferencia de hacerlo en el celular, usar un cuaderno también te permite tomarte un descanso de las notificaciones y las pantallas.
La clave: dejá el cuaderno a mano y escribí cuando lo necesites, aunque sean apenas cinco líneas antes de dormir.
5. Priorizá una alimentación variada y nutritiva
Lo que comemos influye en nuestra salud general y aporta los nutrientes que el cerebro necesita para funcionar. Por eso, mantener una alimentación variada, con frutas, verduras, proteínas, grasas saludables y otros alimentos de buena calidad nutricional, forma parte de los hábitos que ayudan a cuidar el organismo.
Eso no significa que exista un alimento capaz de aumentar la dopamina por sí solo ni que tengamos que seguir una dieta estricta para sentirnos mejor. La alimentación es parte de un conjunto de factores que incluye el descanso, la actividad física y la salud emocional.
La clave: en lugar de pensar en prohibiciones, buscá sumar variedad a tus comidas y encontrar opciones que disfrutes y puedas sostener.
6. Pasá más tiempo al aire libre

Entre la oficina, los traslados y las horas frente a la computadora, podemos pasar buena parte del día sin pisar la calle. Hacer una pausa para salir a caminar, sentarte en una plaza o desayunar al aire libre puede ser una manera sencilla de cambiar de ambiente y despejarte.
La exposición a la luz natural durante el día también contribuye a regular el reloj biológico, que interviene en los ciclos de sueño y vigilia. Además, las actividades al aire libre pueden ayudarnos a interrumpir el ritmo acelerado de la rutina.
No hace falta organizar una escapada a la montaña ni vivir cerca de un parque enorme: a veces, dar una vuelta a la manzana ya es un comienzo.
La clave: buscá un momento del día para salir, aunque sea durante 15 minutos, y aprovechá para dejar el celular guardado.
7. Dormí entre siete y nueve horas por noche
Si dormís poco, probablemente lo notes al día siguiente: te cuesta concentrarte, tenés menos paciencia y cualquier tarea parece demandar el doble de energía. El sueño es fundamental para la memoria, la atención, la regulación emocional y la recuperación del organismo.
Aunque las necesidades varían según la persona, la mayoría de los adultos necesita dormir entre siete y nueve horas por noche. Sin embargo, no se trata solamente de contar horas: la regularidad de los horarios y la calidad del descanso también importan.
Una de las formas de empezar a cuidar el sueño es revisar qué hacemos durante la última parte del día. Quedarnos mirando videos hasta la madrugada puede retrasar la hora de acostarnos y mantenernos pendientes de nuevos estímulos.
La clave: intentá mantener horarios relativamente estables y reservá un rato antes de dormir para bajar el ritmo, idealmente lejos de las pantallas.
8. Volvé a leer libros en papel

¿Te acordás de cuando empezabas un libro y podías pasar un buen rato leyendo sin mirar el celular? Recuperar ese hábito puede ser una buena forma de entrenar la concentración y disfrutar de una actividad que no exige saltar constantemente de un estímulo a otro.
La lectura sostenida nos invita a seguir una historia, prestar atención a los detalles y construir imágenes mentales. Además, elegir un libro en papel permite descansar de las notificaciones y las interrupciones digitales, aunque también es posible leer en dispositivos electrónicos si se utilizan de una manera que favorezca la concentración.
No importa si preferís una novela, un ensayo o un libro de cuentos. Lo importante es encontrar algo que te dé ganas de seguir leyendo.
La clave: dejá el libro en la mesa de luz y proponete leer unas páginas antes de dormir. No hace falta terminar un capítulo entero para disfrutar de ese momento.
9. Dedicá tiempo a tus proyectos personales
Entre las obligaciones laborales, las tareas de la casa y los compromisos cotidianos, es fácil dejar para después esas cosas que queremos hacer por nosotras mismas. Aprender algo nuevo, empezar un proyecto, retomar una actividad creativa o trabajar en una meta personal también puede ayudarnos a recuperar la motivación.
Tener objetivos no significa vivir con una lista de tareas pendientes ni convertir cada momento libre en una oportunidad para ser más productivas. Se trata de reservar un espacio para aquello que nos interesa y nos da ganas de avanzar.
Las metas alcanzables, el aprendizaje y la percepción de progreso pueden contribuir a nuestra motivación. Por eso, no hace falta esperar a tener todo resuelto para empezar.
La clave: elegí algo que te entusiasme y dedicále un rato concreto de la semana. Puede ser retomar las clases de un idioma, cocinar una receta nueva o avanzar con una idea que venís postergando.
Cómo incorporar estos hábitos a tu rutina sin abrumarte
Cuando leemos una lista de hábitos saludables, podemos caer en la trampa de querer cambiar todo al mismo tiempo. Empezamos con entusiasmo, organizamos una rutina imposible de sostener y, a los pocos días, sentimos que volvimos al punto de partida.
Para evitarlo, una buena estrategia es elegir uno o dos hábitos y empezar por ahí. Si querés moverte más, podés salir a caminar después del trabajo. Si te cuesta desconectar antes de dormir, probá dejar el celular fuera de la cama y leer unas páginas de un libro. Si sentís que necesitás ordenar tus pensamientos, reservá cinco minutos para escribir.
También podés aprovechar actividades que ya forman parte de tu día. Escuchar tu cuerpo, salir a tomar un poco de aire durante el almuerzo o dedicar unos minutos a un proyecto personal no necesariamente requiere reorganizar toda tu agenda.
La propuesta de Marcos Apud invita a mirar el bienestar desde una perspectiva integral, en la que el movimiento, el descanso, la alimentación y la atención tienen un lugar importante. Sin embargo, no existe una fórmula única para todas las personas ni es necesario cumplir con cada hábito para obtener beneficios.
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