El Doctor López Rosetti explica por qué la felicidad puede aumentar después de los 50 años

El médico explicó cómo cambia la percepción de la felicidad con el paso del tiempo y qué relación tiene con la madurez emocional.

Por Redacción OHLALÁ!

28 de octubre de 2026, 11:05

Una pareja viajando en moto sonriendo
La llamada curva en U de la felicidad es un modelo que describe una posible evolución del bienestar subjetivo a lo largo de la vida. - getty image

¿Es posible ser más feliz después de los 50 años que durante la juventud? Para el doctor Daniel López Rosetti, la respuesta está relacionada con un cambio en la manera de mirar la vida. Con el paso del tiempo, las experiencias acumuladas pueden modificar las prioridades, reducir la importancia de ciertas preocupaciones y ayudar a reconocer el valor de aquello que ya forma parte de nuestra realidad.

Esta mirada se vincula con la llamada curva en U de la felicidad, un fenómeno estudiado por investigadores de distintos países que describe cómo el bienestar subjetivo puede evolucionar a lo largo de la vida. Aunque no todas las personas atraviesan las mismas etapas ni existe una edad exacta en la que la felicidad aumente, esta perspectiva permite reflexionar sobre el vínculo entre la edad, las expectativas y la satisfacción personal.

Por qué la felicidad puede aumentar después de los 50, según López Rosetti

Una de las claves que plantea López Rosetti es el cambio de perspectiva que puede producirse con la madurez. Durante buena parte de la juventud y la adultez, muchas personas organizan su vida alrededor de objetivos futuros: conseguir un trabajo, progresar profesionalmente, formar una familia, comprar una casa o alcanzar determinadas metas personales. Con el tiempo, esas prioridades pueden transformarse. En lugar de concentrar toda la atención en lo que falta conseguir, algunas personas comienzan a valorar más lo que construyeron, los vínculos que mantienen y las experiencias que forman parte de su presente.

Este cambio no significa abandonar los proyectos ni dejar de tener ambiciones. Se trata, más bien, de ampliar la mirada para reconocer que el bienestar también puede encontrarse en aspectos cotidianos que antes quedaban relegados frente a las obligaciones y las expectativas. La madurez emocional, además, puede ayudar a relativizar ciertos problemas, reconocer qué situaciones merecen atención y distinguir entre aquello que se puede cambiar y lo que es necesario aceptar.

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La llamada curva en U de la felicidad es un modelo que describe una posible evolución del bienestar subjetivo a lo largo de la vida. - Getty image

Qué es la curva en U de la felicidad

La llamada curva en U de la felicidad es un modelo que describe una posible evolución del bienestar subjetivo a lo largo de la vida. En términos generales, algunos estudios encontraron que la satisfacción vital puede ser relativamente alta durante la juventud, disminuir en la adultez media y volver a aumentar en etapas posteriores. El nombre surge de la forma que adopta esa evolución cuando se representa en un gráfico: comienza en un nivel elevado, desciende durante determinados años y vuelve a subir más adelante.

¿Cómo se interpreta esta curva?

  • Durante la juventud: las expectativas, los proyectos y las posibilidades que ofrece el futuro pueden contribuir a una percepción positiva de la vida. Al mismo tiempo, esta etapa también puede estar marcada por la incertidumbre y la presión por alcanzar objetivos.
  • Entre los 30 y los 40 años: las responsabilidades laborales, económicas y familiares pueden aumentar las exigencias cotidianas. En algunas personas, la combinación de obligaciones y expectativas genera una etapa de mayor tensión o menor satisfacción.
  • A partir de los 50 o 60 años: algunas investigaciones encuentran una recuperación del bienestar subjetivo. Una mayor claridad sobre las propias prioridades, una mejor regulación emocional y una valoración diferente del tiempo pueden contribuir a ese cambio.

Sin embargo, esta curva no funciona como un calendario de la felicidad. Los resultados dependen de factores como la salud, la situación económica, las relaciones personales, el contexto social y las circunstancias de cada individuo. Tampoco implica que todas las personas sean menos felices durante la adultez media o que necesariamente experimenten una mejora después de los 50.

Valorar lo que se tiene: una de las claves del bienestar

El Doctor Lopez Rosetti en el jardin de su casa
El Dr. López Rosetti, cardiólogo y especialista en medicina del estrés - Archivo la nacion

Otro aspecto central de esta perspectiva es la posibilidad de reconocer lo que ya forma parte de la vida. A medida que pasan los años, las experiencias pueden ayudar a revisar las expectativas y a comprender que la satisfacción personal no depende únicamente de alcanzar nuevas metas. Los vínculos afectivos, la posibilidad de compartir tiempo con seres queridos, la autonomía, los pequeños placeres cotidianos y la tranquilidad de sentirse en sintonía con las propias decisiones pueden adquirir mayor importancia.

Este proceso también invita a revisar la comparación constante con otras personas. Cuando el bienestar depende exclusivamente de tener más, alcanzar determinado estatus o cumplir con expectativas ajenas, siempre puede aparecer un nuevo objetivo que parezca imprescindible. En cambio, aprender a reconocer los aspectos positivos del presente permite construir una relación más equilibrada con los deseos y las aspiraciones. No se trata de conformarse con cualquier situación, sino de distinguir entre lo que genuinamente se quiere cambiar y aquello que vale la pena disfrutar tal como es.

Cómo influye la experiencia en la felicidad después de los 50

Las experiencias acumuladas pueden modificar la forma de afrontar los conflictos. Situaciones que durante la juventud parecían definitivas pueden adquirir otra dimensión con el paso del tiempo, cuando se cuenta con más herramientas para interpretar lo que sucede y tomar distancia de determinadas preocupaciones. Esta perspectiva puede favorecer una mayor regulación emocional. En lugar de reaccionar de inmediato ante cada dificultad, algunas personas logran identificar mejor sus emociones, elegir sus prioridades y evitar que los problemas cotidianos ocupen toda su atención. También puede cambiar la manera de administrar el tiempo. La conciencia de que la vida es finita puede impulsar a priorizar los vínculos significativos, las actividades placenteras y los proyectos que tienen un valor personal, por encima de las exigencias que no contribuyen al bienestar. De todos modos, la edad por sí sola no garantiza una mayor madurez emocional. Estos cambios dependen de la historia de cada persona, de sus recursos y del entorno en el que vive.

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La idea de que la felicidad puede aumentar con la edad también invita a pensar en hábitos que pueden cultivarse en cualquier etapa de la vida - Getty image

Cómo aprender a ser más feliz con la realidad que tenemos

La idea de que la felicidad puede aumentar con la edad también invita a pensar en hábitos que pueden cultivarse en cualquier etapa de la vida. De acuerdo a López Rosetti algunas prácticas que pueden contribuir al bienestar son:

-Reconocer lo positivo de cada día: prestar atención a los pequeños momentos agradables y a las cosas que suelen darse por sentadas.

-Cuidar los vínculos: dedicar tiempo a las personas significativas y construir relaciones basadas en el afecto, la confianza y el acompañamiento.

-Revisar las expectativas: preguntarse si los objetivos personales responden a deseos propios o a presiones externas.

-Aprender a gestionar el estrés: identificar las señales del cuerpo y las emociones, reconocer los límites y buscar estrategias saludables para afrontar las exigencias.

-Priorizar lo importante: reservar tiempo para las actividades que generan satisfacción, descanso y sentido personal.

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