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Crianza digital en vacaciones: cómo acompañar sin demonizar la tecnología

Cuando se suspenden las rutinas escolares, las pantallas ganan espacio y nos invitan a repensar el vínculo con la tecnología. Laura Krochik, especialista en crianza y vínculos, reflexiona sobre cómo acompañar su uso sin caer en extremos.


Crianza digital en vacaciones: cómo acompañar sin demonizar la tecnología

Crianza digital en vacaciones: cómo acompañar sin demonizar la tecnología - Créditos: Prensa



Con la llegada de las vacaciones de verano, muchas familias se enfrentan a una pregunta recurrente: ¿qué lugar ocupan las pantallas cuando no hay horarios ni escuela que estructuren el día? Para Laura Krochik, especialista en crianza y vínculos, la clave no está en prohibir ni en habilitar sin límites, sino en acompañar. “Las pantallas no son buenas ni malas en sí mismas. Lo importante es cómo, cuándo y para qué se usan, y qué lugar ocupan dentro del vínculo entre adultos y niños”, señala.

Durante el año, gran parte de las reglas y acuerdos están sostenidos por la estructura escolar. En vacaciones, ese marco se diluye y quedan al descubierto las dinámicas familiares reales. Frente a este escenario, suelen aparecer posturas extremas: eliminar por completo la tecnología o permitir su uso sin restricciones. Sin embargo, desde una mirada vincular, la crianza digital no se trata de controlar dispositivos, sino de acompañar procesos.

La crianza digital implica una presencia adulta activa, basada en el diálogo, la confianza y el desarrollo del pensamiento crítico. No se reduce al tiempo frente a la pantalla, sino que contempla el contenido, el contexto y el modo en que los adultos se involucran. Lejos de ser un problema, el aumento del uso de pantallas en vacaciones puede convertirse en una oportunidad para revisar acuerdos, observar hábitos y repensar la forma en que nos vinculamos.

Laura Krochik, experta

Laura Krochik, experta - Créditos: Prensa

“Acompañar no es vigilar”, aclara Krochik. “Muchas veces los adultos confundimos acompañar con controlar: revisar sin avisar, imponer reglas sin diálogo o supervisar en silencio. Eso suele generar distancia, uso oculto o conflictos innecesarios”. En cambio, los chicos desarrollan hábitos digitales más saludables cuando existen conversaciones abiertas y frecuentes, y cuando sienten que pueden pedir ayuda si algo los incomoda en el entorno digital.

Acompañar también implica interesarse genuinamente: preguntar qué miran, qué juegan, con quién interactúan y qué emociones aparecen en ese intercambio. En este punto, el ejemplo adulto es central. Los niños no solo escuchan lo que decimos sobre las pantallas, sino que observan cómo las usamos. Si pedimos atención mientras respondemos mensajes o hablamos de límites sin revisar nuestras propias prácticas, el mensaje pierde coherencia.

 

Las vacaciones funcionan, muchas veces, como un espejo incómodo pero honesto. Muestran cuánto lugar ocupa la tecnología en nuestra propia regulación emocional: cuando estamos cansados, aburridos o sobrepasados. No para generar culpa, sino para asumir responsabilidad. Criar también implica revisar nuestras prácticas, no solo las de nuestros hijos.

“Acompañar en el mundo digital es animarnos a estar presentes, incluso cuando no es cómodo. Es tolerar el aburrimiento, el pedido insistente, la frustración que aparece cuando apagamos una pantalla sin ofrecer reemplazos vacíos, sino un vínculo real”, reflexiona Krochik. “No se trata de ser perfectos, sino de ser coherentes entre lo que sentimos, lo que decimos y lo que hacemos”.

Cuando los adultos demonizan la tecnología, el mensaje que suele llegar no es “quiero cuidarte”, sino “lo que te interesa está mal”. Esto puede generar culpa, desconexión o silencio. UNICEF advierte que la falta de diálogo sobre el mundo digital aumenta los riesgos, ya que niños y adolescentes tienen menos herramientas para pedir ayuda o identificar situaciones problemáticas si sienten que ese espacio no es validado por los adultos.

Crianza digital en vacaciones: cómo acompañar sin demonizar la tecnología

Crianza digital en vacaciones: cómo acompañar sin demonizar la tecnología - Créditos: Prensa

La tecnología también es un lugar de socialización, juego, aprendizaje y expresión. Negar esa dimensión nos aleja de la posibilidad de acompañar de manera genuina. El desafío no es eliminar las pantallas, sino integrarlas en un equilibrio saludable con otras experiencias fundamentales como el juego libre, el movimiento, el descanso y el vínculo.

La Organización Mundial de la Salud remarca la importancia de equilibrar el tiempo de pantalla con actividad física y sueño adecuado, especialmente en períodos sin rutinas escolares. El problema no es la pantalla cuando convive con otras propuestas, sino cuando se transforma en la única respuesta al aburrimiento, al cansancio o a la falta de disponibilidad adulta.

 

La crianza digital no es un tema tecnológico, sino profundamente emocional. Tiene que ver con límites amorosos, presencia y coherencia. Con mostrar que el mundo digital no está separado del mundo real, sino que forma parte de él.

En vacaciones, más que controlar el tiempo frente a la pantalla, vale la pena preguntarse: ¿estamos disponibles para compartir tiempo con ellos?, ¿ofrecemos alternativas reales o solo quitamos?, ¿hablamos de lo que consumen sin juzgar?

“La tecnología llegó para quedarse. El desafío no es resistirla, sino humanizar su uso. Y eso no se logra solo con controles parentales, sino con adultos disponibles, conscientes y dispuestos a vincularse, también —y sobre todo— cuando no hay escuela que ordene desde afuera”, concluye la especialista.

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