Después del Día de las Infancias, la escena se repite en jardines y escuelas. Un chico llega con un juguete nuevo, ansioso por mostrarlo. Lo sostiene con orgullo, se lo enseña a sus compañeros y, cuando alguien le pide jugar un rato, responde con un rotundo: "Es mío".
Entonces aparecen los adultos. "Hay que compartir", dicen casi de manera automática. Pero ¿es realmente el mejor camino? ¿Negarse a prestar un juguete es una señal de egoísmo o una reacción esperable para esa etapa del desarrollo?
Para María Victoria Alfieri, licenciada en Ciencias de la Educación, especialista en juego y referente de la pedagogía Reggio Emilia en la región, detrás de ese "es mío" hay mucho más que una simple disputa por un objeto.

Cuando el conflicto no está en el juguete
Según explica Alfieri, muchas veces los adultos interpretan que un niño que no quiere prestar está siendo egoísta. Sin embargo, esa conducta forma parte de un proceso evolutivo y no necesariamente habla de falta de generosidad.
La especialista comparte una situación muy frecuente que ayuda a entenderlo. "Hay una escena muy frecuente entre niños de dos o tres años que siempre me resulta reveladora. Dos niños tienen exactamente el mismo juguete. Son idénticos. Sin embargo, cada uno quiere el del otro. Entonces comprendemos que el conflicto no está en el objeto."
Para la educadora, lo que el niño protege no es solamente el juguete. "Cuando un niño dice 'mío', no está hablando solamente del juguete. Está hablando de sí mismo. Ese objeto se convierte, por un instante, en una extensión de su propia experiencia, de su seguridad, de su historia y de su juego."
Desde esta mirada, obligarlo a prestar inmediatamente puede hacer que los adultos pierdan de vista lo que realmente está ocurriendo.
Compartir también se aprende
Alfieri sostiene que compartir no es una habilidad que aparezca de manera espontánea ni una conducta que pueda imponerse.
"Reducir esa situación a un problema de egoísmo es simplificar algo mucho más complejo. Compartir es una construcción que necesita tiempo, experiencias y vínculos."
Por eso, propone cambiar el foco. En lugar de preguntarnos únicamente si un chico comparte o no, invita a observar qué está aprendiendo sobre los vínculos con los demás.
La especialista explica que prestar un objeto implica desarrollar confianza y seguridad, dos aprendizajes que se construyen de manera gradual.
"Prestar no es perder. Tampoco es renunciar. Prestar supone confiar en otro. Supone saber que aquello que es valioso para mí puede pasar por las manos de alguien más y luego regresar. Es un acto de confianza y de relación."
¿Cómo deberían intervenir los adultos?
Desde la perspectiva de la pedagogía Reggio Emilia, el rol de las familias y de la escuela no consiste en imponer una conducta, sino en acompañar el proceso.
En lugar de obligar al niño a prestar su juguete, Alfieri plantea la importancia de respetar sus tiempos, poner en palabras lo que siente y generar experiencias que, poco a poco, le permitan construir confianza en los demás.
Después del Día de las Infancias, cuando los juguetes nuevos vuelven a poblar mochilas y salas de jardín, estas escenas ofrecen una oportunidad para revisar una frase muy instalada entre los adultos.
La pregunta, quizás, ya no sea si los chicos deben compartir, sino cómo acompañarlos para que algún día quieran hacerlo por decisión propia y no por obligación.
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