Jazmín Gulí, psicóloga: "Los chicos necesitan un 'no' para aprender a esperar"

¿Por qué a muchos padres les cuesta decir "no" a sus hijos? Una psicóloga explica qué hay detrás de este cambio en la crianza.

Por Redacción OHLALÁ!

6 de agosto de 2026, 15:02

una mama habla con su hijo
La dificultad de los adultos para poner límites a sus hijos. - Getty

Durante décadas, el desafío de muchos padres era encontrar el equilibrio entre la autoridad y la libertad. Hoy, para muchas familias, la dificultad parece ser otra: sostener un "no" sin culpa.

El deseo de criar desde el respeto, con más diálogo y menos castigos, transformó la manera de vincularse con los hijos. Sin embargo, en algunos casos, el temor a generar enojo o frustración hace que los límites se vuelvan cada vez más difíciles de poner.

Para la licenciada en Psicología Jazmín Gulí, este cambio tiene raíces profundas y está relacionado con la propia historia de quienes hoy son madres y padres.

El deseo de no repetir la crianza recibida

Madre e hijo paseando en las vacaciones
Los modelos de crianza van cambiando con las épocas. - getty image

Según explica Gulí, muchas personas que hoy crían crecieron sintiendo que habían recibido una educación demasiado rígida. En la adolescencia, atravesaron discusiones por permisos, horarios o normas y se hicieron una promesa: no hacer pasar a sus futuros hijos por ese mismo malestar.

"Muchos adultos crecieron con la idea de que, cuando fueran padres, nunca harían sufrir a sus hijos. Esa intención trajo aspectos muy valiosos, como vínculos más cercanos, más diálogo y una mayor participación de los padres en la crianza", señala.

Pero advierte que, en ocasiones, esa búsqueda también puede dificultar el ejercicio de la autoridad.

"Hay padres cuya principal firmeza consiste en no hacer sufrir a sus hijos. El problema es que esa postura muchas veces no incluye la puesta de límites."

¿Por qué cuesta tanto decir "no"?

Para la especialista, una de las razones es que muchos adultos todavía asocian los límites con una experiencia negativa de su propia infancia y adolescencia.

"No asumieron que gran parte de la educación que recibieron, incluso con límites, también fue estructurante de quienes son hoy. Al rechazar ese modelo, muchas veces terminan haciendo exactamente lo contrario."

Desde su mirada, esto puede llevar a evitar cualquier situación que genere frustración en los hijos, aun cuando esa experiencia forme parte del crecimiento.

La frustración también enseña

Gulí recuerda una idea clásica del psicoanálisis: el deseo aparece cuando no todo está disponible de inmediato. "La falta instaura el deseo. Nadie busca aquello que ya tiene. También los chicos necesitan aprender a esperar, a tolerar que no siempre es posible obtener lo que quieren en el momento en que lo desean."

La psicóloga considera que aprender a convivir con pequeñas frustraciones cotidianas ayuda a desarrollar recursos que más adelante serán necesarios para estudiar, trabajar, sostener proyectos y enfrentar desafíos.

Cuando el miedo al enojo cambia la forma de educar

Uno de los principales obstáculos para poner límites, explica la especialista, es el temor a la reacción de los hijos.

"Hay padres que sienten que, si su hijo se enoja o les dice que son malos, dejan de ser queridos. Existe cierta confusión sobre qué significa ser un buen educador."

Sin embargo, recuerda que el enojo forma parte del desarrollo infantil y no necesariamente indica que el límite haya sido incorrecto.

"Los hijos atraviesan etapas de caprichos. Están aprendiendo a postergar, a frustrarse. Muchas veces, a quienes más les cuesta tolerar esa frustración es a los propios adultos."

¿La crianza respetuosa implica no poner reglas?

Para Gulí, la crianza respetuosa no debería confundirse con la ausencia de límites.

La propuesta, explica, es encontrar un equilibrio entre la firmeza y el buen trato, sin recurrir a gritos, amenazas ni castigos, pero sosteniendo las decisiones cuando son necesarias.

"La firmeza se transmite cuando está inspirada en la convicción de que ese límite será beneficioso para el niño en el futuro."

No existen padres perfectos

La especialista concluye que el objetivo no es convertirse en madres o padres ideales, sino en adultos disponibles, capaces de acompañar, contener y también poner límites cuando la situación lo requiere.

Porque educar desde el respeto no significa evitar todo malestar. Muchas veces, también implica sostener un "no" con calma, aun cuando eso provoque enojo en el momento, sabiendo que crecer también supone aprender a tolerar la frustración.

Experta consultada: licenciada en Psicología Jazmín Gulí (M.N. 13.175). Ig: @jazminguli

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