Los pequeños grandes saltos que hay entre la infancia, la preadolescencia y la adolescencia, están acompañados de enormes cambios en la escolaridad.
“Ir a la escuela”, “hacer la tarea” o “estudiar para una prueba”, implican cosas muy diferentes para chicos y chicas que de golpe se encuentran con el mundo del examen, palabra llena de tensiones y miedos. Ni hablar de los -ya hechos y derechos- adolescentes que se enfrentan en el secundario a instancias en las que a veces se juegan mucho más que un resultado.
Sumado a eso, cada persona es una unidad: no hay fórmulas genéricas que le funcionen a todos, entonces desde nuestro lugar de mamás, papás, tíos, abuelas, muchas veces no sabemos cómo acompañarlos en estos procesos y nos angustiamos a la par de ellos.
Nuestro rol como adultos
¿Qué podemos hacer para colaborar y que esos momentos no se transformen en un puñado de nervios y presiones? Un consejo simple pero con buenas intenciones es preguntar: ¿en qué puedo serte útil? Preguntar suele funcionar para saber dónde pararnos y sobre todo para -en esta edad tan particular- no confundir y transgredir los límites que los mismos chicos nos ponen.
Otra cuestión fundamental es dejar en claro que un examen es un examen. ¿Es importante? Claro. ¿Se nos va la vida ahí? Absolutamente no. Las instancias de pruebas son -ni más ni menos- eso: días en los que nos van a evaluar y como los días tienen 24 horas, también atravesamos muchas otras emociones a lo largo de ellos que entran con cada uno al aula en el momento de rendir. Sacarle el peso al evento hace que todo sea más liviano.
Preguntar "¿en qué puedo serte útil?" suele funcionar para saber dónde pararnos como adultos.
El amor como base de todo
Lo más importante es llevar nuestra amorosidad como bandera. Resignificar las palabras exigencia y esfuerzo hacia ese amor. Se puede estudiar y pasarla bien: ¿a quién no le gusta que le preparen un chocolate calentito, acompañar una tarde de tareas con algo rico para comer, escuchar un lindo disco mientras resolvemos las cosas? Esos detalles cambian el color de un momento que muchas veces está teñido por lo que implica la obligación.
Somos herramientas a las que los chicos pueden recurrir cuando necesiten, por eso pensar estas claves y ver cómo y en qué situaciones podemos implementarlas va a ser importante para forjar un vínculo en el que nuestros hijos puedan sentir que estamos para ellos.
La organización como método de trabajo
Cuando éramos chicos, nadie nos explicó la importancia de la organización y planificación. Ponerse plazos, ordenar apuntes, establecer horarios o códigos de colores para diferenciar temáticas.
Un buen método para desarrollar la capacidad de organizar es hacerlos parte de tareas domésticas, por ejemplo, “lunes, miércoles y viernes, te toca lavar los platos”, parece una pavada pero se trata de una responsabilidad que tiene un tiempo y un lugar. Incorporar ese tipo de ejercicios les va a permitir ver que organizarse es importante como regla general.
Además, desde este punto suelen dispararse necesidades en las que podemos colaborar: cuando uno se sienta a trabajar es que aparecen las incomodidades. Puede tratarse de un escritorio demasiado chico o demasiado grande, una silla que necesita un almohadón, la falta de elementos (resaltadores, colores, un corcho en la pared). La escucha activa de estas cuestiones nos pone en un lugar fundamental: somos herramientas a las que los chicos pueden recurrir cuando necesiten.
Muchas veces a las palabras se las lleva el viento, esto quiere decir que aunque en el discurso estemos diciendo algo -en lo que creemos, por supuesto- en los actos cotidianos estamos dando el mensaje contrario. ¿Cuántas veces nos vemos diciendo “no te pongas nervioso” y nosotros mismos nos ponemos nerviosos por cualquier cosa? Por eso pensar estas claves y ver cómo y en qué situaciones podemos implementarlas va a ser importante para forjar un vínculo en el que nuestros hijos puedan sentir que estamos para ellos.

Promover espacios de estudio y trabajo compartidos es una de las claves - Getty Images
7 claves para acompañarlos
Le preguntamos a Ianina Samolevich, Licenciada en Psicología y tutora educacional, cuáles son los ítems que no tenemos que perder de vista desde nuestro lugar. Algunos pueden parecer obvios, otros imposibles de llevar a cabo, pero la realidad es que no dejan de ser temas importantes que tenemos que tener en cuenta como facilitadores.
- No confundir dificultad con trabajo.
- Ayudar a estudiar no es igual a resolver tarea.
- Leer en equipo.
- Ejercitar la paciencia.
- Promover los espacios compartidos.
- Sacarle el peso a la nota.
- Enseñar a silenciar los nervios.










