Vivir muchos años no es el único objetivo. La clave también está en cómo llegamos a ellos: con autonomía, energía, vínculos, proyectos y la mayor independencia posible. No se trata de perseguir fórmulas milagrosas ni de intentar detener el paso del tiempo, sino de incorporar hábitos que, sostenidos a lo largo de los años, pueden hacer una gran diferencia en nuestra calidad de vida.
“El envejecimiento es un proceso inevitable, pero hay muchas cosas que podemos hacer para llegar a edades avanzadas con mejor salud y mayor autonomía”, explica el Dr. Ramiro Heredia, médico clínico del Hospital de Clínicas.
Con el movimiento, el descanso, la alimentación y los vínculos como aliados, estas son 10 consideraciones para cuidar el presente y también el futuro.
1. Moverse todos los días

No hace falta correr una maratón ni pasar horas en el gimnasio para hacerle bien al cuerpo. Caminar, subir escaleras, bailar, hacer las compras a pie o simplemente evitar pasar demasiadas horas sentado también cuenta.
La actividad física ayuda a reducir el riesgo cardiovascular y metabólico, mejora el ánimo, protege la función cerebral y permite conservar la independencia con el paso de los años.
“Lo importante es incorporar más movimiento a la vida cotidiana y encontrar una actividad que sea posible sostener en el tiempo”, señala Heredia. Incluso pequeños cambios pueden impactar positivamente en la autonomía y la calidad de vida.
2. Cuidar los músculos

Con los años es habitual perder masa muscular, fuerza y potencia. Esto puede aumentar el riesgo de caídas y dificultar acciones cotidianas, como levantarse de una silla, cargar una bolsa o recuperar el equilibrio.
Por eso, además del movimiento diario, es importante sumar ejercicios de fuerza al menos dos veces por semana, siempre adaptados a las posibilidades y necesidades de cada persona.
La fuerza no es solo una cuestión estética. Es, también, una reserva que ayuda a conservar la capacidad de hacer las cosas por cuenta propia. Entrenar el equilibrio también puede ser una buena inversión a futuro.
3. Comer bien, sin fundamentalismos

No existe un alimento milagroso capaz de detener el envejecimiento. Tampoco una dieta “detox” puede compensar de un día para otro años de malos hábitos.
Para el médico, el foco debería estar puesto en construir una alimentación equilibrada y sostenible. Más vegetales, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y pescado, y menos bebidas azucaradas, exceso de sodio, carnes procesadas y alimentos ultraprocesados.
“Importa mucho más el patrón de alimentación que seguir una etiqueta o una dieta de moda”, explica Heredia.
En edades más avanzadas, además, es importante prestar atención a la posibilidad de desnutrición y asegurar un consumo adecuado de proteínas para ayudar a preservar la masa muscular.
4. Dormir no es tiempo perdido

Dormir bien es una de las formas más simples —y muchas veces subestimadas— de cuidar la salud. Durante el descanso se regulan procesos hormonales, metabólicos, inmunológicos y cerebrales.
La mayoría de los adultos necesita alrededor de siete horas de sueño o más, además de horarios relativamente estables. Cuando el mal descanso se vuelve persistente, puede impactar en diferentes áreas de la salud.
Antes de recurrir a medicamentos, conviene revisar algunos hábitos cotidianos: el uso de pantallas, el consumo de cafeína y alcohol, el estrés y el nivel de actividad física.
“Si hay ronquidos intensos, pausas al respirar o mucha somnolencia durante el día, es importante hacer una consulta médica”, advierte el especialista.
5. No fumar y reducir el consumo de alcohol
Dejar de fumar es una de las decisiones con mayor impacto sobre la salud. Incluso después de muchos años de consumo, abandonar el tabaco permite reducir progresivamente los riesgos cardiovasculares, pulmonares y de distintos tipos de cáncer.
Con el alcohol, la mirada también es cada vez más prudente. No es necesario tomar alcohol para obtener beneficios para la salud y, si se consume, reducir la cantidad y la frecuencia es una buena decisión.
Con el paso de los años, además, pueden aumentar los riesgos de caídas, alteraciones del sueño e interacciones con determinados medicamentos.
6. Prestar atención a las enfermedades silenciosas
Hay problemas de salud que pueden avanzar sin dar señales evidentes. La hipertensión, el colesterol LDL elevado o la diabetes, por ejemplo, pueden afectar diferentes órganos antes de provocar síntomas.
“Los controles permiten detectar factores de riesgo y actuar antes de que aparezcan complicaciones”, explica Heredia.
También es importante mantener al día las vacunas y realizar los controles indicados según la edad y las características de cada persona. La visión, la audición, la salud bucal y la revisión de la medicación también forman parte del cuidado integral.
Eso sí: más estudios no siempre significa mejor medicina. Los controles deben ser indicados de manera personalizada.
7. Escuchar y ver bien también es salud
A veces, una dificultad para escuchar o ver correctamente se naturaliza con el paso del tiempo. Sin embargo, cuando estas alteraciones no se tratan pueden afectar la vida cotidiana, limitar la participación social y aumentar el aislamiento.
Poder seguir una conversación, leer, desplazarse con seguridad y participar de distintas actividades también es parte de conservar la autonomía.
Por eso, consultar y utilizar las herramientas necesarias para corregir problemas visuales o auditivos puede tener un impacto mucho mayor del que imaginamos.
8. Cultivar los vínculos

La salud no depende solamente de lo que comemos o de cuánto nos movemos. Los vínculos también cuentan.
Tener personas con quienes hablar, compartir actividades o pedir ayuda puede hacer una diferencia en el bienestar cotidiano. Y no hace falta tener una agenda social llena.
“Los vínculos y la sensación de pertenencia también son factores importantes para mantener una buena calidad de vida”, señala Heredia.
Una llamada, una comida compartida, una clase, un club, un curso o una caminata acompañada pueden ser pequeñas formas de cuidar la conexión con los demás.
9. Seguir aprendiendo y tener proyectos
El cerebro también necesita desafíos. Leer, estudiar, enseñar, crear o aprender algo nuevo son maneras de mantenernos activos y curiosos.
Pero no se trata solo de hacer actividades. Tener objetivos y sentir que formamos parte de algo también puede darle estructura y sentido a los días.
Puede ser un trabajo, un proyecto personal, una actividad comunitaria, acompañar a alguien o empezar algo que siempre quisimos hacer. No tiene que ser un gran plan: lo importante es conservar intereses y razones para mirar hacia adelante.
10. Desconfiar de los atajos “antiage”
Suplementos, hormonas, antioxidantes y distintos tratamientos prometen, muchas veces, retrasar el envejecimiento. Sin embargo, no existe una fórmula mágica que haya demostrado prolongar de manera confiable la vida saludable de todas las personas.
“Hay que ser cautelosos con las promesas de productos o tratamientos antiage. Que algo esté de moda o se promocione como beneficioso no significa necesariamente que tenga evidencia suficiente”, advierte Heredia.
Las vitaminas pueden ser necesarias cuando existe una deficiencia, pero tomarlas de manera indiscriminada no detiene el envejecimiento y, en algunos casos, puede generar efectos adversos.
La estrategia más efectiva, aunque quizá menos llamativa, sigue siendo bastante conocida: moverse, cuidar la fuerza muscular, comer de manera equilibrada, dormir bien, no fumar, mantener los controles de salud y sostener vínculos y proyectos.
Porque, al final, vivir más es una posibilidad. Pero llegar a esos años con la mayor autonomía, bienestar y ganas de seguir haciendo cosas es, probablemente, una de las mejores formas de pensar una vida plena.
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