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Desconectar en vacaciones: claves para proteger la salud emocional

Por qué descansar no es solo frenar y cómo lograr una desconexión real para volver con más claridad emocional, según la psicóloga Analía Tarasiewicz.


Desconectar en vacaciones: claves para proteger la salud emocional

Desconectar en vacaciones: claves para proteger la salud emocional - Créditos: Getty



Las vacaciones no son solo una pausa del calendario: son una oportunidad real de reparación psíquica. Por qué cuesta tanto cortar con el trabajo y qué hacer para lograr un descanso mental verdadero, según la psicóloga del trabajo Analía Tarasiewicz.

Desde la Psicología del Trabajo, las vacaciones cumplen una función mucho más profunda que “frenar”. Son un regulador clave del sistema psicoemocional. “No se trata solo de dejar de hacer, sino de restablecer el equilibrio entre activación y recuperación”, explica la Lic. Analía Tarasiewicz, psicóloga del trabajo, CEO de @Trabaja.mejor y autora del libro Cuando el trabajo duele.

Cuando no logramos desconectar, el cuerpo sigue en estado de alerta. El estrés sostenido impacta en el sueño, el sistema inmune, la regulación emocional y la capacidad cognitiva. Por eso, muchas personas vuelven de vacaciones igual o más cansadas que antes: el cuerpo puede haber parado, pero la mente no.

“Desconectar de verdad habilita procesos de reparación psíquica: mejora la atención, la memoria, la creatividad y la capacidad de disfrute”, señala Tarasiewicz. También permite reconectar con uno mismo y con los vínculos, dos aspectos que suelen quedar relegados en contextos de alta exigencia.

¿Por qué cuesta tanto desconectar?

La dificultad no se explica solo por la tecnología o la cantidad de tareas. El problema central está en cómo hoy se construye el vínculo con el trabajo. Para muchas personas, el trabajo se vuelve un espacio de validación personal, autoexigencia permanente y control.

“La conexión constante muchas veces no es solo externa: también es interna. Hay personas que siguen conectadas porque así se sienten necesarias, seguras o en control”, advierte la experta.

 

Entre las causas más frecuentes aparecen:

  • La presión por rendir todo el tiempo
     
  • La internalización de expectativas altas (propias y ajenas)
     
  • La falta de límites claros entre lo laboral y lo personal
     
  • La dificultad para delegar o soltar responsabilidades

Las consecuencias de no cortar

El impacto de no desconectar es progresivo y acumulativo:

  • A corto plazo: cansancio mental, irritabilidad, dificultad para relajarse, problemas vinculares y baja performance.
     
  • A mediano plazo: trastornos del sueño, menor concentración, baja tolerancia a la frustración y pérdida de motivación.
     
  • A largo plazo: estrés crónico, desgaste profesional y una relación cada vez más dolorosa con el trabajo.

“No desconectar no es falta de voluntad. Es un sistema interno que no logra salir del ‘modo exigencia’. Es un síntoma que pide ser leído y trabajado”, sostiene Tarasiewicz.

Qué es el descanso mental real

Desde el Método Tarasiewicz®, que aplica con pacientes que traen estas problemáticas, la premisa es clara: desconectar no siempre es inmediato ni placentero al principio.

“Muchos llegan a las vacaciones con el sistema nervioso dominado por estados dopaminérgicos: logro, control, rendimiento, validación. Eso sostiene resultados, pero también funciona como defensa”, explica. Cuando ese modo baja, pueden aparecer cansancio acumulado, vacío o angustia. Y eso no es un error del descanso: es parte del proceso.

El descanso mental verdadero implica pasar de la lógica dopaminérgica del hacer constante a una lógica más oxitocínica del estar: presencia, cuerpo, vínculo y seguridad emocional.

10 acciones realistas las vacaciones

  1. Aceptar que al principio puede incomodar. Cuando se frena, aparece lo que el año tapó. No hay que llenarlo rápido de estímulos.
     
  2. Bajar la autoexigencia interna. Vacaciones no son para rendir ni optimizar pendientes.
     
  3. Recordar que “un trabajo es solo un trabajo”. Diferenciar rol, identidad laboral y ser es clave.
     
  4. Entender que descansar también se aprende. Y todo aprendizaje lleva tiempo.
     
  5. Poner límites mentales, no solo digitales. Leer no es lo mismo que accionar.
     
  6. Reducir la hiperestimulación de forma consciente. Menos pantallas, menos multitarea, menos ruido.
     
  7. Cambiar el tipo de estímulos. Actividades simples o corporales ayudan a bajar.
     
  8. Priorizar vínculos reales. El contacto humano regula más que cualquier técnica.
     
  9. Volver a lo simple. Lo cotidiano, lo no productivo, lo pequeño.
     
  10. Anclar en el cuerpo. Dormir, caminar, respirar, estar en la naturaleza.

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