
Enfrentar el frío: los cinco ejercicios que ayudan a entrar en calor el cuerpo
Una rutina simple de movilidad y activación suave puede ayudar a entrar en calor en días fríos, mejorar la circulación y reducir la rigidez corporal sin necesidad de entrenamientos intensos.
28 de mayo de 2026 • 13:07

Enfrentar el frío: los cinco ejercicios que ayudan a entrar en calor el cuerpo - Créditos: Getty
Cuando baja la temperatura, el cuerpo lo siente. Cuesta más arrancar, aparecen ganas de quedarse quieta, los músculos se sienten más rígidos y hasta moverse puede dar un poco de fiaca.
Pero justamente en los días fríos, el movimiento puede ser una gran herramienta. No hace falta hacer una rutina intensa ni transpirar durante una hora. A veces, unos pocos minutos bien elegidos alcanzan para activar la circulación, despertar las articulaciones y cambiar la energía del día.
El frío suele generar una respuesta natural de contracción: encogemos los hombros, cerramos el pecho, respiramos más corto y nos movemos menos. Por eso, antes de exigirle al cuerpo rendimiento, conviene ayudarlo a entrar en calor de manera progresiva.
La clave está en empezar suave, sumar movilidad y recién después —si tenemos ganas— avanzar hacia algo más intenso.
1. Marcha activa en el lugar
Parece simple, pero funciona. Caminar o marchar en el lugar durante uno o dos minutos ayuda a elevar la temperatura corporal, activar piernas, mejorar la circulación y salir del estado de quietud.
Cómo hacerlo:
Marchá en el lugar elevando apenas las rodillas, moviendo los brazos de manera natural. No hace falta correr ni saltar. La idea es empezar a decirle al cuerpo: “vamos despertando”.
Para sumar intensidad, podés elevar un poco más las rodillas, aumentar la velocidad o acompañar con brazos más activos.
2. Movilidad de hombros y columna
En invierno muchas personas acumulan tensión en cuello, hombros y espalda alta. El gesto de “cerrarse” frente al frío puede dejar el cuerpo más rígido y contracturado.
Unos movimientos suaves de hombros y columna ayudan a liberar esa tensión y a recuperar amplitud.
Cómo hacerlo:
Llevá los hombros hacia arriba, atrás y abajo, haciendo círculos amplios. Repetí varias veces y luego cambiá el sentido.
Después, podés sumar movimientos de columna: redondear suavemente la espalda y luego abrir el pecho, como si quisieras darle más espacio a la respiración.
Ideal para hacer antes de sentarte a trabajar o después de muchas horas frente a la computadora.
3. Sentarse y pararse de una silla, sillón o de la cama
Este ejercicio es uno de los más simples y efectivos para activar el cuerpo completo. Trabaja piernas, glúteos, abdomen y equilibrio, sin necesidad de ningún elemento especial.
Además, es muy útil para entrar en calor porque involucra grandes grupos musculares.
Cómo hacerlo:
Sentate en una silla firme, apoyá bien los pies en el piso y levantate usando la fuerza de las piernas. Volvé a sentarte de manera controlada.
Podés hacer entre 8 y 12 repeticiones, descansando si lo necesitás.
El objetivo no es hacerlo rápido, sino con presencia: pies firmes, espalda larga y respiración acompañando el movimiento.
4. Aperturas de pecho con brazos
Cuando tenemos frío, el cuerpo tiende a cerrarse. Abrir el pecho y mover los brazos ayuda a mejorar la postura, ampliar la respiración y generar una sensación inmediata de mayor energía.
Cómo hacerlo:
De pie o sentada, llevá los brazos hacia adelante y luego abrilos hacia los costados, como si quisieras despegar el pecho del abrigo invisible que deja el frío.
Repetí entre 10 y 15 veces, sin forzar. Podés inhalar al abrir y exhalar al volver.
Es un movimiento sencillo, pero muchas veces alcanza para sentir más espacio, más aire y más disponibilidad corporal.
5. Talones arriba y abajo
Activar los pies y las pantorrillas ayuda a mejorar el retorno circulatorio y a despertar las piernas, sobre todo cuando pasamos mucho tiempo sentadas o sentimos los pies fríos.
Cómo hacerlo:
De pie, con los pies apoyados al ancho de caderas, subí los talones y quedate en puntas de pie. Bajá despacio.
Repetí entre 10 y 20 veces. Si necesitás apoyo, podés sostenerte de una pared o del respaldo de una silla.
Este ejercicio es ideal para hacer en casa, en la oficina o antes de salir a caminar.
Bonus track: saltitos suaves en el lugar
Se ven mucho en redes y pueden ser una buena herramienta para esos días en los que sentís el cuerpo apagado, frío o demasiado quieto. No hace falta saltar alto ni hacer impacto fuerte: la idea es hacer pequeños rebotes, suaves y controlados.
Estos saltitos ayudan a despertar el cuerpo, activar la circulación, movilizar piernas y pies, y generar una sensación rápida de más energía. También pueden favorecer el movimiento de la linfa, que depende en gran parte de la contracción muscular y del movimiento corporal.
Cómo hacerlo:
De pie, con los pies al ancho de caderas, empezá con pequeños rebotes en el lugar. Los talones pueden despegarse apenas del piso o mantenerse cerca del suelo. Los brazos acompañan de manera relajada.
Podés probar con 20 o 30 segundos y observar cómo te sentís. Si te resulta cómodo, repetilo dos o tres veces.
Importante:
Si tenés dolor articular, problemas de piso pélvico, mareos, lesiones, osteoporosis avanzada o alguna indicación médica específica, mejor evitar los saltos y elegir una versión sin impacto: elevar talones, marchar en el lugar o hacer balanceos suaves.
La clave no es saltar fuerte, sino generar un pequeño estímulo que le recuerde al cuerpo que puede moverse, entrar en calor y recuperar energía.
Consejos para que el movimiento se sienta más fácil
A veces no necesitamos más fuerza de voluntad, sino crear una escena que invite al cuerpo a moverse. Estos pequeños gestos pueden ayudar.
- Poné una música que te guste.
No tiene que ser “música para entrenar”. Puede ser una canción que te levante el ánimo, que te dé ganas de moverte o simplemente que te cambie la energía.
- Si podés, hacelos descalza.
Sentir el apoyo de los pies en el piso ayuda a conectar con el cuerpo, mejorar la percepción del equilibrio y estar más presente en el movimiento. Si el piso está muy frío o necesitás más soporte, usá medias antideslizantes o calzado cómodo.
- Hacelos al levantarte.
No esperes a tener ganas. En días fríos, el cuerpo suele necesitar una señal suave para arrancar. Dos o tres minutos al despertar pueden cambiar cómo empezás la mañana.
- Buscá luz natural.
Si podés, acercate a una ventana o hacelo en un espacio iluminado. La luz también ayuda a despertar el cuerpo y ordenar el ritmo del día.
- Empezá más suave de lo que creés necesario.
El objetivo no es exigirte desde el primer minuto, sino entrar en calor. Un cuerpo frío responde mejor cuando lo invitás de a poco.
- Al terminar, quedate uno o dos minutos en quietud.
Apoyá bien los pies, respirá profundo y registrá cómo te sentís. Podés agradecerle a tu cuerpo por estar, por moverse, por acompañarte. Ese cierre también es parte del cuidado.
Te dejo una mini rutina para días fríos
- 1 minuto de marcha activa.
- 10 círculos de hombros hacia atrás y 10 hacia adelante.
- 10 repeticiones de sentarse y pararse de una silla.
- 10 aperturas de pecho con brazos.
- 15 elevaciones de talones.
- Bonus opcional: 20 a 30 segundos de saltitos suaves en el lugar.
Esta secuencia no reemplaza una entrada en calor específica si vas a entrenar, pero puede ser una gran forma de preparar el cuerpo antes de arrancar el día. Cuando el cuerpo pasa de la quietud al movimiento de manera gradual, suele responder mejor: con menos rigidez, más disponibilidad y menor riesgo de molestias o lesiones.
Cuidarse en invierno también puede ser simple
No todos los días necesitamos una gran rutina. A veces, lo más importante es romper la inercia.
Moverte un poco cuando hace frío no tiene que ser una exigencia más. Puede ser una forma concreta de acompañar al cuerpo, darle calor, circulación y presencia.
Porque el bienestar no siempre empieza con grandes decisiones. Muchas veces empieza con un gesto pequeño: levantarte de la silla, mover los hombros, respirar más amplio y volver a habitar el cuerpo, incluso en pleno invierno.
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