La discusión sobre Ozempic no debería centrarse en si está bien o mal su uso en general. Porque la ciencia ya comprobó a través de diversos ensayos clínicos de alta calidad que los agonistas del receptor GLP-1- (como es la semiglutida, el principio activo de Ozempic) producen un descenso de peso clínicamente significativo y logra mejorar múltiples parámetros metabólicos en pacientes que se encuentran en un adecuado tratamiento para la obesidad y otras patologías.
Pero su popularidad en redes alcanzó la máxima exposición en un contexto equivocado: este tipo de medicación quedó asociada como la herramienta más “efectiva” para reducir el peso de acuerdo a los parámetros culturales de extrema delgadez que, durante el último tiempo, volvieron a presionar con fuerza en distintas redes sociales. En cualquier caso, sin acompañamiento profesional está contraindicado.
Ahora deberíamos preguntarnos quiénes realmente se benefician, cómo conviene acompañar ese tratamiento y cómo evitar que una herramienta que, para muchos casos es muy útil, se utilice de manera inadecuada.
La obesidad es mucho más que una cuestión de voluntad. Durante décadas instalamos una idea peligrosa: que el peso dependía casi exclusivamente del esfuerzo individual.
Sin embargo, hoy sabemos que el apetito, la saciedad y el gasto energético están regulados por complejos mecanismos hormonales y neurológicos. La obesidad es una enfermedad crónica, multifactorial y recidivante, donde intervienen factores genéticos, biológicos, ambientales, psicológicos y sociales. Por eso, las principales guías internacionales recomiendan abordajes individualizados que pueden incluir cambios en el estilo de vida, apoyo psicológico, tratamiento nutricional, actividad física, medicamentos y, en algunos casos, cirugía bariátrica.
Pensar que todas las personas responden igual a una dieta o que solo necesitan "poner voluntad" no refleja lo que hoy conocemos sobre la fisiología del peso corporal.
Estudios sobre el uso de Ozempic
Uno de los estudios que marcó un antes y un después fue el STEP 1, publicado en The New England Journal of Medicine. En personas con obesidad o sobrepeso con comorbilidades, la semaglutida, junto con cambios en el estilo de vida, logró un descenso promedio del 14,9 % del peso corporal en 68 semanas, frente al 2,4 % del grupo placebo. Además, mejoró la presión arterial, la circunferencia de cintura, la calidad de vida y diversos factores cardiometabólicos.
Pero quizás el estudio más importante sea SELECT. Publicado también en The New England Journal of Medicine, siguió durante casi 40 meses a más de 17.000 personas con sobrepeso u obesidad y enfermedad cardiovascular, pero sin diabetes.
El resultado fue contundente: quienes recibieron semaglutida presentaron una reducción del 20 % en el riesgo de muerte cardiovascular, infarto de miocardio o accidente cerebrovascular, comparados con placebo.
Es un cambio de paradigma. Ya no hablamos únicamente de kilos, sino de salud cardiovascular, calidad de vida y prevención de complicaciones.
No es un atajo, y no debería ser motivo de vergüenza. Existe una idea muy instalada de que utilizar medicación para tratar la obesidad implica "menos mérito". Sin embargo, nadie cuestiona a una persona que utiliza antihipertensivos para controlar su presión arterial o estatinas para disminuir el colesterol.
¿Por qué seguimos juzgando los tratamientos para la obesidad?
El estigma sigue siendo una de las principales barreras a la hora de consultar, sostener un tratamiento y recibir atención de calidad. La medicación no reemplaza el compromiso del paciente. Es una herramienta terapéutica más, siempre que esté correctamente indicada.
Las personas que utilizan semaglutida (como el Ozempic), en general, necesitan más acompañamiento nutricional que otras que no lo utilizan. ¿Por qué? Al disminuir el apetito también disminuye la cantidad total de alimentos ingeridos. Si esa menor ingesta no está bien planificada, puede reducirse el consumo de proteínas, fibra, vitaminas y minerales.
Además, toda pérdida de peso implica cierto grado de pérdida de masa magra. Los análisis de composición corporal del programa STEP mostraron que la mayor parte del peso perdido correspondió a tejido adiposo, aunque también hubo reducción de masa libre de grasa, algo esperable durante cualquier descenso de peso. Esto refuerza la importancia de preservar el músculo mediante ejercicio de fuerza y una ingesta adecuada de proteínas.
El objetivo ya no es simplemente comer menos, sino seguir nutriendo al organismo mientras cambia la composición corporal.
Entonces, ¿quiénes deberían utilizarlo?
No existe una respuesta universal. La indicación depende de la evaluación médica, del índice de masa corporal, de la presencia de enfermedades asociadas, de los tratamientos previos, de los objetivos terapéuticos y de las preferencias de cada persona.
Por eso, automedicarse o conseguir estos medicamentos sin seguimiento profesional no solo disminuye las posibilidades de éxito, sino que también aumenta el riesgo de efectos adversos y de expectativas poco realistas.
Cinco aspectos que vale la pena tener en cuenta
1. Consultar antes de iniciar el tratamiento. La indicación debe surgir de una evaluación médica integral.
2. No abandonar el tratamiento nutricional. La alimentación sigue siendo una parte central del proceso.
3. Priorizar las proteínas. Ayudan a preservar la masa muscular durante el descenso de peso.
4. Hacer entrenamiento de fuerza. Es uno de los pilares para mantener la función muscular y favorecer una mejor composición corporal.
5. Pensar en el largo plazo. El objetivo no es bajar rápido, sino construir hábitos que puedan sostenerse incluso si en algún momento la medicación se suspende.
El verdadero cambio
Durante años creímos que el tratamiento de la obesidad consistía en indicar una dieta y esperar resultados. Hoy sabemos que es mucho más complejo.
Los nuevos medicamentos no reemplazan la alimentación saludable, la actividad física ni el acompañamiento profesional. Tampoco eliminan la necesidad de revisar el descanso, el estrés o la salud mental. Lo que sí hacen es ofrecer una oportunidad diferente para personas que, muchas veces, hicieron todo lo que estaba a su alcance y aun así no lograban mejorar su salud.
Quizás ese sea el mayor aprendizaje que dejan estos tratamientos: dejar de preguntar quién merece recibir ayuda y empezar a preguntarnos cómo podemos ofrecer el mejor tratamiento posible para cada persona.
Luciana Pozzer Es Licenciada en Nutrición, especializada en el abordaje integral de la relación con la comida, los hábitos alimentarios y el bienestar.
En esta nota:
Hábitos saludables










