
Vacaciones: 7 microdecisiones para descansar de verdad
A veces no volvemos cansadas por lo que hicimos, sino por cómo nos tratamos mientras lo hacíamos. Estas 7 microdecisiones no te piden ser otra en vacaciones; solo te ayudan a no perderte a vos.
12 de enero de 2026 • 10:44

Vacaciones: 7 microdecisiones para descansar de verdad - Créditos: Getty
Hay algo que nadie dice, pero muchas sentimos. Las vacaciones llegan como si fueran un premio, un botón de reset, una promesa de felicidad asegurada. Y, sin embargo, muchas veces lo primero que aparece no es liviandad. Es una mezcla rara de cansancio, culpa, expectativa, ansiedad por “aprovechar” y una pregunta de fondo que se cuela incluso en el paraíso: ¿por qué no estoy descansando como debería?
El problema no son las vacaciones. Es la idea de que el descanso tiene que salir perfecto. Que si el lugar es lindo, vos tenés que estar bien. Que si hay tiempo libre, tu mente tiene que apagarse. Que si estás con gente, tenés que estar disponible. Y, si no, algo en vos se acusa solo, como si fueras ingrata, intensa, demasiado.
Pero el descanso real no se impone, se habilita. Y muchas veces no depende de un hotel ni de un pasaje: depende de pequeñas decisiones internas que parecen mínimas, pero cambian todo. Acá van siete.
1 - Elegí una palabra guía, no una lista de objetivos
La lista de vacaciones suele parecer un checklist: descansar, hacer playa, salir, comer rico, sacar fotos, ver a todos, aprovechar. Y si no lo cumplís, aparece esa sensación de deuda.
En cambio, una palabra guía te ordena sin exigirte. Puede ser “pausa”, “liviano”, “calma”, “lento”, “cuidado”, “presente”. No es un mandato, es un norte. Cuando dudás, volvés a esa palabra y te preguntás si lo que vas a hacer la honra.
Hack simple: una palabra en la pantalla de inicio. Escribí esa palabra en una nota y dejala visible en el celular. Cada vez que lo agarrás, te acordás de qué viniste a buscar.
2 - Hacé una cosa lenta por día, aunque el mundo vaya rápido
El cuerpo descansa cuando siente seguridad. Y la seguridad no siempre viene del silencio; a veces viene del ritmo. La velocidad constante agita incluso en vacaciones, porque te deja en modo “tengo que”. Hacer algo lento es una forma de decirle al sistema nervioso: ya está, no estamos corriendo.
Algo lento no es “no hacer nada”. Es hacer una cosa sin apuro. Un café sentado. Una caminata sin destino. Leer unas páginas sin mirar la hora. Ducharme como si no tuviera que salir corriendo. Comer sin pantalla, aunque sea una comida.
Hack simple: el ritual de los diez minutos. Elegí un momento del día y hacelo lento a propósito. Diez minutos alcanzan para bajar el ruido.
3 - Decí un no chiquito, para no explotar con un no grande
Muchas veces no descansamos porque seguimos disponibles. A planes, a familias, a grupos, a mensajes, a expectativas. No por mala voluntad, sino por costumbre. El problema es que, cuando no ponemos límites chiquitos, el cuerpo pone un límite grande: cansancio, irritabilidad, llanto, apatía.
El descanso también es aprender a cuidar tu energía sin sentir culpa. Un no amoroso no arruina el clima, lo ordena. Y si alguien se ofende porque te cuidás, ese dato también es valioso.
Hack simple: una frase lista. “Hoy necesito bajar un cambio” o “me quedo acá un rato y después me sumo”. Repetila sin explicar de más.
4 - Tratá a tu mente como a una niña cansada, no como a una enemiga
La mente en vacaciones a veces se pone peor. Repasa recordatorios, reproches, cosas pendientes, comparaciones, miedos. Y ahí solemos reaccionar con guerra interna: “basta”, “no debería pensar esto”, “quiero disfrutar”. Pero la mente no se calma a los gritos. Se calma cuando se siente escuchada.
Hay una forma más amable. En vez de pelearte con lo que aparece, podés decirte: ok, esto también soy yo, esto también está pidiendo algo. No para abrir un análisis infinito, sino para bajar la tensión. Cuando dejás de empujar, muchas veces se afloja solo.
Hack simple: nombrá lo que pasa en una frase. “Estoy ansiosa”, “estoy sensible”, “me siento sola”. Lo que se nombra baja un nivel de intensidad.
5 - Hacé un acuerdo con las redes para que no te roben la medida
Las redes en vacaciones tienen un efecto particular. Te muestran recortes perfectos y tu adentro se siente desordenado. Y aunque lo sepas, igual pega. Comparás cuerpo, pareja, plan, energía, plata, piel, bronceado, felicidad.
No se trata de demonizarlas. Se trata de cuidarte. Porque la comparación no entra cuando estás fuerte; entra cuando estás más permeable. Y en vacaciones solemos estar más permeables.
Hack simple: una ventana y listo. Elegí un horario, por ejemplo, 20 minutos a la tarde, y fuera de eso no abras. Si necesitás fotos, sacalas, pero no te quedes viviendo ahí adentro.
6 - Dormí como si fueras importante, porque lo sos
En vacaciones a veces dormimos peor. Cambian horarios, cama, comidas, estímulos. Y se arma una trampa: como estoy de vacaciones, duermo cuando caigo. Pero caer rendida no es descansar, es agotarse.
Dormir mejor no implica rutina estricta. Implica algunas decisiones simples: luz natural de día, menos pantalla antes de dormir, escuchar el cansancio real, no estirar hasta romperse. El sueño es el lugar donde el cuerpo repara, y a veces lo tratamos como lo último de la lista.
Hack simple: bajá la luz una hora antes. Menos pantalla, menos intensidad, menos charla urgente. Algo más suave: música, lectura, ducha, respiración. No para ser perfecta, para cuidarte.
7 - Volvé a vos con una pregunta que no juzgue
La pregunta “¿estoy aprovechando?” suele venir con juicio. Como si hubiera una forma correcta de vacacionar y vos tuvieras que cumplirla. En cambio, hay preguntas que te devuelven a vos sin exigencia.
“¿Qué necesito hoy?”
“¿Qué me haría bien ahora?”
“¿Qué me está pidiendo mi cuerpo?”
Esa pregunta no te empuja, te acompaña. Y si la respuesta es simple —dormir, quedarme, no hablar, caminar sola— también está bien. El descanso no se negocia con la culpa.
Hack simple: una pausa antes de decir que sí. Cuando te propongan algo, frená dos segundos y preguntate si te suma o te drena. Después elegí.
Quizás el mayor lujo de las vacaciones no sea desconectarte de todo. Quizás sea dejar de desconectarte de vos. Volver a escucharte sin apuro, sin exigencia, sin la sensación de que tenés que estar bien para merecer descanso.
Ojalá estas vacaciones te regalen esto: un momento en el que baje el ruido y puedas escucharte de verdad. Y si no volvés renovada, si volvés igual, o incluso más sensible, igual está bien. A veces descansar no es sentirse mejor; es dejar de pelearse con una misma. Es ese instante mínimo en el que te mirás con ternura y pensás: estoy haciendo lo mejor que puedo. Ahí, aunque nadie lo vea, volvés a casa, adentro tuyo.
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