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El restaurante de Zona Norte que emula un parador de playa y hoy es un éxito

Tres amigas de toda la vida abrieron un restaurante al río que, en apenas un año, se convirtió en un imperdible de Zona Norte.


María Fernanda Selva (33), María Gabriela Galvan (43) y Gisela Angio (41), gastronómicas y RR. PP.

María Fernanda Selva (33), María Gabriela Galvan (43) y Gisela Angio (41), gastronómicas y RR. PP. - Créditos: Sol Santarsiero.



Durante años, María Fernanda, Gisela y María Gabriela soñaban con formar un negocio juntas, pero no tenían muy en claro en qué rubro querían emprender. En pandemia, la idea cobró forma. Les mostraron un local en la costanera del río que las dejó impactadas. En el pasado había sido un punto gastronómico, pero con la crisis de 2001 quebró y estuvo abandonado por varios años. El lugar estaba en pésimas condiciones, sin embargo, tenía algo que ninguna remodelación puede comprar: una vista alucinante. Las chicas vieron el potencial en seguida. “Veníamos de estar mucho tiempo encerrados en cuarentena, la forma de pensar de las personas cambió y ahora se busca estar al aire libre”, explican. Esto, sumado a que María Fernanda y Gabriela venían del mundo gastronómico, las ayudó a decidirse por poner un restaurante que se sintiese en sintonía con la naturaleza.

Toda la decoración de La Tribu busca emular los paradores de la playa.

Toda la decoración de La Tribu busca emular los paradores de la playa. - Créditos: Sol Santarsiero.

Correr contra el tiempo

El próximo paso fue pensar la identidad de la marca. El nombre surgió a partir de un comentario del marido de María Fernanda. “Dijo: ‘Ustedes son una tribu’, y nosotras nos identificamos con eso porque siempre hacemos juntadas con los hijos de las tres”, cuentan, y agregan: “A partir del nombre empezamos a desarrollar todo lo que es el diseño y la temática del lugar”. En conjunto con el equipo de arquitectos, visualizaron un paraíso con mucho verde que recordase a un parador de playa.

Antes de empezar las reformas, las chicas fijaron una fecha de inauguración estricta: para aprovechar la temporada de verano, Tribu tenía que estar abierto al público el primero de diciembre. Esta meta parecía inalcanzable, solo tenían tres meses para concretarla. De hecho, les advirtieron que era algo prácticamente imposible. Pese a los malos augurios, la falta de materiales pospandemia y los contratiempos en el camino, ellas consiguieron su objetivo. ¿Cómo lo lograron? Involucrándose en el proyecto. “En ningún momento perdimos de vista la zanahoria. Nosotras estábamos siempre ahí, buscábamos precios, hablábamos con proveedores, estuvimos muy ligadas con todo lo que pasaba en la construcción”.

El interior y exterior de La Tribu.

El interior y exterior de La Tribu. - Créditos: Sol Santarsiero.

Filosofía de trabajo

Esa voluntad de estar en el restaurante llueva o truene es algo que aún mantienen, no hay día de la semana en el que las socias no estén presentes. Entre las tres se dividen las tareas, mientras que una se ocupa de los temas administrativos, otra se encarga de los proveedores o de la decoración. 

“Cada una suma desde su lado, pero todas sabemos todo lo que hay que hacer dentro del local. Si alguna falta porque se tomó vacaciones, las que quedamos podemos suplir esas funciones”, explican las amigas y ahora socias. 

Pasó casi un año desde que el restaurante abrió sus puertas y el balance es positivo. Hoy en día, además de ser reconocido por la belleza del lugar, se destaca por el sabor de su parrilla, los platos cocinados en el horno de barro y la coctelería de autor. Su éxito se lo atribuyen al esfuerzo de todos los que forman parte de Tribu. “Hemos logrado un equipo sólido y muy comprometido, nosotras sentimos que somos una gran familia y gran parte de los que trabajan con nosotras sienten lo mismo”.

Lejos de quedarse cómodas en un local que funciona bien, las tres amigas ya están craneando sus próximos objetivos. Por un lado, hay planes de expandirse a una nueva locación en un futuro cercano. Al mismo tiempo, tienen en marcha un proyecto por fuera del rubro gastronómico. “A la gente le gusta nuestra decoración, todo el tiempo nos preguntan dónde conseguimos esto o aquello. Ya estamos trabajando en una línea de artículos para el hogar que tenga la identidad de Tribu”

En números

- Hacen 7000 cubiertos mensuales 

- Su equipo tiene 25 empleados.

- 500 m2 entre el salón y el deck.

- Platos desde $1290.

- Tienen 1 año en el mercado.

EL LADO B. “El rubro gastronómico es complicado, es inevitable que haya dificultades. Todo el tiempo puede surgir algo: que un proveedor no cumpla con los pedidos, que un empleado se ausente a último minuto, que la vajilla se rompa y así. Sea lo que sea, tenemos que estar ahí y salir corriendo a solucionarlo. No se arregla solo, trabajamos muchísimas horas para que funcione. Tratamos de poner lo mejor de nosotras para que Tribu crezca y la gente disfrute de un servicio de calidad”.

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