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 • Opinión

Esta soy yo o... cómo llegué a estar acá

Jose de Cabo nos da la bienvenida a su primera columna en OHLALÁ! y nos cuenta su recorrido: desde cómo empezó su mutifacética carrera hasta cómo llegó a ser una de nuestras columnistas.




La vida no es lineal. Lo aprendí buscando mi vocación y mi lugar. Lo aprendí trabajando. Lo aprendí viviendo. En el colegio fui una chica ejemplar, todos pensaban -pensábamos- que iba a estudiar Comunicación en una prestigiosa universidad que quedaba en el barrio porteño de San Telmo. Tenía buenas notas, amaba -amo- las letras y las palabras. Leer siempre fue mi pasión y escribía hasta en las servilletas que me mandaba mi mamá en la vianda del mediodía. Papel, libretita, agenda, diario íntimo. Lo que había, se llenaba de poemas, canciones y cuentos. De vivencias e inventos y de palabras de aliento a mí misma. Pero había otra pasión que me encendía, me tironeaba, y decidí que iba a ser actriz. Tanto pensé que eso era posible para mí, que estudié Arte Dramático (sí, soy Licenciada). Pero cuando la cosa se puso peluda (mucho casting y audición, mucho no, mucha puerta cerrada), me empecé a frustrar.

Con la frustración vino una nueva búsqueda y volví a mi primer amor: las palabras. Hice un terciario en Periodismo que me enseñó que para escribir, hay que escribir y escribir y escribir. Me imaginaba en una redacción, corriendo atrás de la última noticia, armando perfiles de celebridades y viajando por el mundo escribiendo notas de viajes.

Este rubro también fue complicado, así que terminé corrigiendo textos en una agencia de publicidad. Claramente no era el trabajo que soñaba, pero me acompañó en un momento bastante oscuro para mí y por eso estaré siempre estuve agradecida. Mientras corregía la letra chica de afiches de cruceros y telefonía celular, estudié peinado y maquillaje. La agencia cerró y yo maquillé y peiné gente durante tres hermosos años.

En el medio fui madre y se me dio vuelta el mundo, como a casi todas. Tuve que bajar el ritmo de mi trabajo y dedicarme a maternar. Cuando ella cumplió su primer año mi marido, que es actor, empezó a subir videos a las redes sociales. Al principio no quise participar (mucha exposición argumenté) pero el bichito de a poco fue picando y después de dos años de videos, uno se viralizó en el mundo entero y me obligó a elegir entre el maquillaje y la actuación. Elegí seguir actuando.

El primer amor nunca se olvida

En todo ese tiempo siempre estuvieron las palabras. Las palabras me acompañan porque son mi oxígeno y si no escribo no respiro. Es mi manera de interpretar el mundo y a mí misma. Entonces escribía. A veces para mí, otras en mi cuenta de Instagram. Y esa cuenta empezó a crecer, y mis palabras empezaron a gustar, y me empezaron a convocar marcas para, con mis palabras y mis historias, mostrar sus productos.

A través de todas esas experiencias laborales y personales había un sueño que se repetía: estar en la OHLALÁ!. En la tapa, actriz de la última novela del prime time argentino, maquillando para una producción importante, escribiendo en sus páginas como periodista. La revista como faro y norte de donde quería estar y quién quería ser. De los valores que quiero comunicar. Del público al que quiero llegar. 18 años después le digo a la adolescente que pensaba que no iba a encontrar su lugar: “Sos actriz, ya saliste en una nota en OHLALÁ! y ahora, también sos columnista en la revista en la que siempre soñaste. Quedate tranquila, que la vida no es lineal”.

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