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Experiencia paranormal: hablé con un extraterrestre y esto me dijo

Sole Simond cuenta que hace varios años, para una nota de OHLALÁ!, entrevistó a una sanadora y participó de una sesión con ella. Llegó a ver una nave, como esas de las películas de ciencia ficción, y había unas figuras, sí, extraterrestres.


Lo que me dijeron los marcianos.

Lo que me dijeron los marcianos. - Créditos: Getty



Hace varios años, para una nota de OHLALÁ!, entrevisté a una sanadora. Venía súper recomendada, y entraba en lo que en aquel momento llamábamos “notas raras”. No sé si sabés, pero hay algunos cajoncitos que llenamos número a número: chica de tapa, el hombre, tendencia, ecología, calidad de vida, belleza, salud, cocina, y así... Cada mes nos proponemos tener todos los ingredientes para salir a la calle. Los artículos de contenido más holísticos, esotéricos o aquellos que desafían la razón, los llamamos así, porque se salen de la norma. Confieso que son los que más me gustan.

Ahora, en mi propio camino soy muy prolija. No ando probando toda terapia que se me presenta, sino que sigo profundizando en mi escuela de desarrollo personal: la meditación, las técnicas de meditación conscientes y la sabiduría vedanta. Es cierto, todos los caminos conducen a Roma (o al “amor” propio, vincular o divino), pero soy comprometida con la ruta del GPS, aunque haya embotellamientos.

Confío en que es mejor hacer un pozo de 20 metros que 20 pozos de un metro, y que la adversidad es parte del crecimiento, aunque elijas una ruta alternativa, porque si te toca tráfico para cultivar la paciencia, ya aparecerá ahora o más adelante. Eso sí, soy muy curiosa, así que cuando me llaman a meter mi nariz en terrenos misteriosos, voy linterna en mano.  

 

Me encontré con la sanadora en un café de Palermo. Estuvimos una hora y media hablando de mundos invisibles, de seres de otras dimensiones, de las energías gobernantes, de los secretos de la sanación, y recuerdo haberme ido ansiosa de escuchar la grabación porque había mucha data nueva e inexplicable, pero cuando llegué a casa, puse play y se escuchó como un sonido gutural que se extendía por toda la grabación. No se grabó nada de nada.

La llamé inmediatamente y ella me respondió: “Ellos no quieren que esta info se difunda”. A mí no sé si me hicieron lo de la pistolita de los Hombres de Negro porque tampoco recuerdo lo que conversamos. Por eso, ella me propuso invitarme a una sesión como parte de la información necesaria para conocer su metodología y entrevistarla de nuevo. Yo suelo decir que no, pero dije que sí. Una semana después, entonces, la visité en su espacio, donde me invitó a acostarme y cerrar los ojos.

Ella era una mujer que venía de las ciencias duras, no era una fumasahumerio, había sentido un llamado a dejar su trabajo en relación de dependencia y seguir su don: ser canal con otros seres divinos. Realmente me daba tranquilidad, así que confié en el proceso y, después de una especie de meditación guiada, me pidió que le narrara lo que estaba viendo. No soy una persona de fenómenos paranormales, soy de las racionales, las que tienen los pies en la tierra, a mí la espiritualidad me llevó puesta, fue más fuerte que yo. Entonces, le dije que veía una nave, sí, como esas de las películas de ciencia ficción, y que había unas figuras, sí, extraterrestres.

En la sesión de sanación ví una nave, sí, como esas de las películas de ciencia ficción.

En la sesión de sanación ví una nave, sí, como esas de las películas de ciencia ficción. - Créditos: Getty Images

 

Yo estaba en asombro total. Había una luz como de esas que te “coptan” y yo estaba ahí, lo más pancha, viendo la peli, pero sin pochoclos. “¿Qué te dicen?”, me preguntó un tanto entusiasmada. “¿Hablan?”, estaba pensando yo, hasta que me interrumpió una expresión clara y serena: “Ya está completo, pero a la vez se completa”, escuché, sentí, no sé. Se lo dije. “¿Algo más?”, repreguntó excitada de haber dado con una antena que le bajaba data. Y no, el resto era silencio y luces y miradas de ojos ovalados, de negro profundo y grandes.  

Pasaron por lo menos 10 años de aquel episodio, yo todavía no era directora de la revista, y creo que recién en este último tiempo terminé de entender la vastedad del concepto. Ya sos un ser entero, no te falta nada.

Es hermoso pensar eso, en vez de creer que siempre nos falta un proceso más, una transformación más, un vínculo más, un logro más, etc.; pero al mismo tiempo, la vida es un work in progress, no hay un producto terminado, no hay un Norte final, ni un chim pum, ni un comieron perdices, la vida va siendo, y vamos reactualizándonos como los softwares. El arte de escuchar es la herramienta para integrar nuevas habilidades, perspectivas, dudas, inocencias, asombros y certezas. La vida no es, sino que va siendo.  

Te lo quería decir, porque me lo dijo ET. 

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