En la explosión emocional que trae la llegada de un hijo, y la angustia del desconocimiento –en especial con el primero–, hay una idea que funciona como bálsamo: la sabiduría está dentro de nosotras. Descubrís el peso de tu instinto, la riqueza de tus experiencias, los recuerdos de tu infancia, los golpes y las alegrías. Pero hay temas de la crianza en los que muchas nos sentimos desconcertadas, como el uso de pantallas y redes sociales, porque antes nada era como es hoy.
No teníamos un perfil producido en redes ni andábamos lanzando fueguitos o contando likes. Esta es la primera camada de niñas y niños que crecen en un entorno colonizado por las redes sociales. ¿Cómo educar en un ámbito en el que no tenemos referencias del pasado ni ejemplos de futuro?
1 - El fenómeno “Sephora Kids”

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De los creadores de las rutinas de skincare en TikTok, llega una ola de obsesión por los productos de belleza que apunta a las nenas. Probá de hablar con alguien de diez años y te apuesto que sabe más de esos productos que vos. Se conoce como “Sephora kids” a esas niñas de 12 años o menos que toman como tendencia el cuidado obsesivo de la piel (con rutinas de belleza que muestran a través de videos en sus redes) y el uso de productos de make up hechos para adultos.
Quizá sea la antesala a la moda del bótox y el hialurónico, pero con dos riesgos grandes: su poca capacidad de discernir lo que es peligroso para la salud y el impacto psicológico de embarcarse en la búsqueda de la perfección. Porque más allá de las reacciones alérgicas, dermatitis e irritación que reportan pediatras por el uso de maquillajes y cremas no aptas para la edad, este fenómeno implica el deseo constante de ser alguien diferente a quienes son.
2 - Challenges peligrosos

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Se suma una variable a las redes que es la de pertenecer, y los retos virales que promueven que los niños se expongan a desafíos “porque los hacen todos”. Seguro escuchaste hace un tiempo hablar de “Momo”, era un WhatsApp para hablar con un supuesto personaje siniestro, donde se llegó a situaciones de incitar a la violencia y el daño. “La Ballena Azul” también se hizo famoso porque los desafíos se incrementaban hasta pedirle a la gente que se cortara los brazos, y hubo niños con daños.
“Desaparecer de casa”, como su nombre lo indica, incitaba a que los chicos desaparecieran por cuarenta y ocho horas. Esta es una de las prácticas más nocivas y peligrosas.
3 - Hipersexualización en redes
La tendencia en redes sociales es mostrar representaciones de la realidad, cuerpos ideales y sexualizados, tener una imagen “deseable”. Este es uno de los motivos por los que los expertos subrayan que las redes no son espacios diseñados para niños y niñas. Sin embargo, ahí podemos ver niñas vestidas como grandes, haciendo coreos con poses sensuales y cantando canciones con alto contenido sexual.
Según Sebastián Bortnik, algunos niños acceden a contenidos de pornografía desde los 8 años. La edad promedio de consumo se acerca a los 11 años y a los 14 practicamente todos los jóvenes consumieron pornografía en línea.
4 - Juegos en línea adictivos

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Las apps de juegos te ofrecen todo, ¿viste alguna de cerca? En Roblox, por ejemplo, un niño puede ir a donde quiera: una plaza, un laberinto, un lago, puentes voladores, mientras interactúa con sus amigos vía llamada. Claro, después los sacás a la vida real y están entre sus cuatro paredes, solos. ¿Y cómo siguen? Surge el enojo, aburrimiento y frustración: su cerebro no está preparado para la fantasía ni sabe inventar nuevos mundos, como lo hace el jueguito. Humano vs. robot: gana el robot.
Tanto este como el resto de los juegos en línea buscan generar adicción. Y como es imposible pedirles a los chicos que se autorregulen frente a una adicción, se recomienda que no accedan hasta la edad permitida (en Roblox sería a los 12).
10 estrategias para acompañar
Es importante que cada familia arme una estrategia de acompañamiento de pantallas acorde a su contexto y posibilidades, para que sea duradera y realizable. Tené en cuenta estos puntos a la hora de armar tu plan:
- Cuestioná tu propio uso
- Límites, también en el mundo online
- Hablar con ellos sobre la realidad de las redes
- Regular cantidad y calidad
- Si hay dudas, es mejor prohibir que permitir
- Que su uso sea en compañía, siempre
- En lugar de prohibir, hacer una curaduría
- No dejar de preguntar
- Dar el ejemplo
- Buscar el equilibrio












