Hay un trend dando vueltas estos días que consiste en pedirle a GPT que nos muestre cómo nos veríamos en los años 80. Y, obviamente, cuando trabajás todos los días hablando de maternidad, es bastante difícil no llevar el trend para ese lado.
Mientras veía cómo quedaría Alice en los 80, me puse a pensar en algo mucho más interesante que la ropa, el pelo o la estética de la época: ¿qué habría pasado con nuestro posparto en los años 80? Spoiler: yo nací en 1984, así que también fue una forma bastante particular de mirar mi propia infancia desde otro lugar.
Porque si hoy hablamos de posparto, de lactancia, de recuperación, de salud mental, del cuerpo después de tener un bebé, del cansancio, de la falta de sueño, de las emociones y de todo lo que implica adaptarse a una vida completamente nueva, hace algunas décadas muchas de esas conversaciones directamente no existían.
No porque esas cosas no pasaran. Pasaban. Las mujeres estaban cansadas, tenían dolor, tenían dificultades con la lactancia, se sentían desbordadas, no reconocían su cuerpo y muchas veces necesitaban ayuda. Pero no necesariamente tenían las palabras, la información o los espacios para hablar de todo eso.

El posparto estaba mucho más asociado a “recuperarse” y seguir adelante. El bebé era el centro de atención y la mamá, muchas veces, quedaba en segundo plano. Se hablaba muchísimo más de cómo estaba el bebé que de cómo estaba ella.
Y con la lactancia pasaba algo parecido. Hoy tenemos acceso a asesoras, profesionales, talleres, información y comunidades donde una mujer puede preguntar si le duele, si el bebé se prende bien, si está produciendo suficiente leche o qué puede hacer si la lactancia no está funcionando como esperaba. Eso no significa que hoy sea fácil (ni que todas las mujeres tengan el acompañamiento que necesitan), pero al menos tenemos una conversación que antes estaba mucho más limitada.
También cambió nuestra forma de mirar el cuerpo después de tener un bebé. Hoy empezamos a entender que no se trata simplemente de “volver” al cuerpo anterior, sino de atravesar una recuperación que lleva tiempo y que merece cuidados. Y que cosas tan básicas como descansar, comer, bañarse tranquila o poder estar unos minutos sin tener al bebé encima no deberían parecer lujos.
Por supuesto que todavía estamos lejos de tener todo resuelto. Seguimos teniendo muchísimas expectativas sobre cómo debería ser una “buena mamá”, seguimos romantizando algunas partes del posparto y muchas mujeres siguen sintiendo que deberían poder con todo sin pedir ayuda.
Pero hay algo que sí cambió: hoy hablamos.
Hablamos de lo que duele, de lo que cuesta, de lo que nadie nos contó, de la lactancia que no siempre sale como imaginábamos, del cuerpo que cambia, del cansancio, de las emociones contradictorias y de lo difícil que puede ser encontrarse a una misma en medio de tantos cambios.
Nannu Rosas Es cofundadora de Alice in Momland, la primera marca que acompaña a las mujeres durante el embarazo, postparto y lactancia.


