Natalia Piorno, psicóloga: "El burnout infantil empezó con la idea de aprovechar el tiempo"

Agendas infantiles cargadas de actividades, poco tiempo libre y presión por “aprovechar” cada momento: cómo el exceso de demandas puede afectar el bienestar y por qué el juego libre es clave.

Por María Natalia Piorno

25 de agosto de 2026, 17:10

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Natalia Piorno, psicóloga: "El burnout infantil empezó con la idea de aprovechar el tiempo" - Getty

Vivimos en una época en la que el tiempo parece tener que justificar su existencia. No existen los “ratos libres”.

En la infancia, esta lógica puede adquirir una forma particular. Queremos ofrecer oportunidades, estimular intereses, favorecer vínculos y acompañar el crecimiento. Por eso, son muchas las familias que organizan las súper ocupadas agendas de sus hijos con las mejores intenciones.

Pero ¿qué sucede cuando el día comienza a dejar poco espacio para aquello que no tiene un objetivo? Puede aparecer el burnout infantil, con esta idea de aprovechar el tiempo. 

El deporte, la música, los idiomas, el arte o cualquier otra actividad extracurricular pueden ser experiencias muy valiosas. El problema aparece en la acumulación de demandas y en cuánto espacio queda por fuera de ellas.

Un estudio realizado con 882 niños y niñas de entre 9 y 13 años exploró justamente cómo cada uno percibía sus actividades: si sentían que estaban demasiado ocupados y cuánto estrés experimentaban en relación con ellas. Los investigadores encontraron que algunos niños manifestaban estrés relacionado con sus actividades y deseo de contar con más tiempo libre. El estudio también encontró que la cantidad de horas dedicadas a las tareas escolares era uno de los principales predictores del estrés relacionado con las actividades. Brown et al. (2011).

La ecuación no es lineal: a más actividades no necesariamente hay más estrés. Tampoco significa que las actividades extracurriculares sean perjudiciales. La evidencia sobre los efectos de las agendas extenuantes es más compleja. Por eso, la pregunta no debería ser cuántas actividades tiene un niño, sino qué lugar ocupan dentro de su vida y cuánto tiempo queda disponible para descansar, jugar y elegir.

¿Por qué llenamos tanto las agendas infantiles?

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La psicóloga infantil Hillary Kimbley, de Children's Health, advierte sobre una fuerte presión social sostenida por una creencia muy actual: estar ocupado es sinónimo de productividad.

Según explica, los mensajes culturales pueden transmitir una idea rígida de lo que significa criar a un niño “exitoso”, asociando productividad al éxito y al tiempo “libre” como un espacio que no fue aprovechado. Desde esta mirada, incluso actividades muy beneficiosas pueden terminar siendo excesivas cuando se acumulan sin suficiente espacio para recuperarse. Esto puede derivar en burnout infantil.

Entonces aparece otra pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando hasta el tiempo libre de los niños necesita ser aprovechado?

Cuando quitamos las actividades aparece algo que muchas veces a los adultos nos cuesta mucho tolerar: el vacío.

Un niño dice “estoy aburrido” y rápidamente sentimos que tenemos que hacer algo al respecto, como si el aburrimiento fuera algo que hubiera que solucionar inmediatamente.

Sin embargo, el tiempo no estructurado también cumple una función en el desarrollo infantil. La American Academy of Pediatrics indica que, cuando las agendas se encuentran excesivamente organizadas con actividades dirigidas por adultos, puede reducirse el tiempo disponible para el juego libre, espontáneo y dirigido por los propios niños. Y el juego libre no es simplemente “no hacer nada”. Es un espacio en el que el niño puede decidir qué hacer, cómo hacerlo, modificar las reglas, inventar situaciones, probar ideas y seguir sus propios intereses.

Cuando cada momento está organizado de antemano por un adulto, queda menos espacio para que el niño se pregunte: ¿qué quiero hacer yo? Es en este tipo de formato donde se posibilita la aparición de la autonomía, la creatividad y la imaginación.

Aprender a ocupar el tiempo forma parte del desarrollo infantil. Poder decidir qué hacer con el tiempo cuando nadie nos dice qué hacer es una forma de autonomía.

No se trata de quitar todas las actividades, sino de evaluar si tiene tiempo suficiente para descansar, si hay momentos de juego que no estén dirigidos por un adulto, si puede elegir qué hacer en algunas ocasiones sin necesidad de cumplir con tareas programadas. También, cuestionar si las actividades responden a sus intereses o a las expectativas adultas sobre lo que debería aprender o hacer durante su infancia.

María Natalia Piorno

María Natalia Piorno Es Licenciada en Psicología, recibida en la Universidad Nacional de San Luis. Está especializada en Niñez y Adolescencia. Realiza atención ónline, docencia e investigación.