
Maru Mammoliti en OHLALAND!: 5 emociones para vivir con más equilibrio
En OHLALAND!, la psicóloga Maru Mammoliti explicó para qué sirven nuestras emociones, cómo influyen los vínculos de la infancia en la adultez y por qué validarnos es clave para una salud mental más consciente.
20 de enero de 2026 • 11:18
En una edición de OHLALAND!, el streaming de OHLALÁ!, la invitada fue Maru Mammoliti, psicóloga y creadora del exitoso podcast Psicología al desnudo. Con un lenguaje claro y cercano, habló sobre salud mental, emociones y vínculos, y dejó varias claves para aprender a relacionarnos mejor con lo que sentimos y con los demás.
Durante la charla, Mammoliti explicó que las emociones no son “buenas” o “malas”, sino funciones biológicas que están al servicio de nuestra supervivencia. Ansiedad, miedo, enojo o tristeza cumplen un rol específico: nos alertan, nos protegen, nos ayudan a procesar pérdidas o a poner límites. El problema aparece cuando no entendemos para qué están ahí y tendemos a reprimirlas o a desbordarnos.
“Si aprendemos cuál es el propósito de cada emoción, podemos escucharlas sin que nos dominen”, señaló. Para la psicóloga, el primer paso hacia el bienestar es dejar de pelearse con lo que sentimos y empezar a interpretarlo.
Las 5 emociones primarias y su función
Según Mammoliti, existen cinco emociones primarias que funcionan como un verdadero “tablero de mando” interno. Tres de ellas se sienten displacenteras —no porque sean negativas, sino porque se viven como incómodas— y dos son agradables:
- Miedo: aparece frente a una amenaza cuando sentimos que no tenemos recursos para afrontarla. Nos prepara para protegernos.
- Enojo: tiene una función evolutiva clave: defender nuestros límites cuando alguien los cruza.
- Tristeza: es esencial para procesar pérdidas y atravesar los duelos.
- Alegría: nos da energía para la acción y nos impulsa a repetir experiencias que nos hacen bien.
- Amor: es una emoción central que sostiene los vínculos y el sentido de conexión con otros.
Mammoliti compara estas emociones con los colores primarios: a partir de ellas se mezclan y surgen más de 150 emociones secundarias, como la culpa, la envidia o la vergüenza. Por eso, permitirse sentir todo el abanico es fundamental. Cuando una emoción queda “obturada” —porque no se expresa o se niega— puede terminar manifestándose en el cuerpo o en el malestar psíquico.
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