“Todos los cuerpos pueden gozar”: Florencia Salort y las claves del deseo sexual después de los 40

La médica Florencia Salort explica cómo influyen el estrés y la carga mental en el deseo sexual y por qué reconectar con una misma es clave para disfrutar más después de los 40.

Por Verónica Dema

9 de octubre de 2026, 14:28

sexo deseo mujer
Florencia Salort habla del deseo sexual después de los 40 y de cómo reconectar con el placer. - Getty

El deseo sexual femenino no empieza en la cama ni siempre aparece de manera espontánea. Se construye a través de las caricias, la intimidad, la confianza y la posibilidad de estar presentes, conectadas con nosotras mismas y con la otra persona. Para Florencia Salort, revisar qué nos pasa, qué queremos y qué estamos dispuestas a cambiar es fundamental para recuperar el disfrute y vivir la sexualidad de una manera más libre, sin exigencias ni mandatos en función de la edad.

Con esa mirada, la médica ginecóloga y sexóloga organiza una nueva edición de Mujeres +40 | Recalculando, un encuentro que propone explorar la autoestima, el cerebro, el deseo y el placer. El próximo miércoles 21 de octubre, a las 19, habrá un taller interactivo y un consultorio abierto para compartir experiencias y llevarse herramientas concretas, con un espacio de intercambio y una propuesta que también incorpora la astrología para reflexionar sobre cómo amamos y nos vinculamos.

En esta entrevista, Salort habla sobre los cambios que atraviesan las mujeres después de los 40, la influencia del estrés y la carga mental en el deseo sexual y la importancia de darse permiso para disfrutar.

- ¿Por qué sentiste que era importante crear Mujeres +40 | Recalculando?

- Porque creo que nos pasan muchas cosas para las que a veces no podemos encontrar aliadas o lugares donde volcar esas sensaciones y emociones. Nos atraviesan cambios que tienen que ver con la edad: los padres crecen, los hijos también empiezan a crecer, a algunas les toca ser mamás y, a su vez, empiezan a tener esos cambios que devienen en la perimenopausia, con sus cambios emocionales, hormonales y corporales. Me parece que darles un espacio para encontrarse, concientizar, conectar y aprender es fundamental.

- ¿Qué significa recalcular a partir de los 40 y qué mandatos sobre la edad necesitamos revisar?

- Recalcular es una invitación a replantearse cosas que tenemos en nuestra vida y que quizás queremos transformar, incluir, modificar o cambiar.

A veces no nos animamos a cambiar porque tenemos miedo de que todo el esfuerzo que nos costó llegar hasta donde estamos haya sido en vano, y nunca es en vano. Yo invito a replantear los vínculos, el trabajo, la sexualidad, la pareja, las amistades, el lugar donde vivimos...

Esas cosas que queremos recalcular tienen que ver con cómo vivimos, con que vivimos corriendo, no nos detenemos y no nos damos tiempo para nosotras. Para mí, la palabra «recalcular» es extremadamente importante en esta etapa.

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Flor Salort dice que las mujeres tenemos varias formas de disfrutar y cada encuentro es una oportunidad y un descubrimiento. - Getty

- ¿Cómo cambia la relación con el cuerpo en esta etapa y cómo podemos dejar de exigirnos ser las que éramos a los 20 o 30?

- Cambia la relación con el cuerpo porque tenemos una industria y una cultura que nos llevan a creer que los cuerpos jóvenes son los que valen, los que gozan, los que realmente pueden ser felices. Un poco se trata de desmitificar eso, ¿no?

El cuerpo de cada una es un gran aliado que nos acompaña en todas las etapas de nuestra vida. Todos los cuerpos pueden gozar, tengan la edad que tengan. Pueden ser amplios en el placer, darse permiso para los cambios y para el devenir de lo nuevo, y acompañarnos desde un lugar diferente.

Alguna gente se siente mucho mejor porque empieza a hacer actividad física y se siente más ágil. Cuando una habla de las modificaciones del cuerpo, siempre piensa en la flacidez, la celulitis, el rollo. Pero me parece que el cuerpo puede darnos mucho más. Si lo habitamos con responsabilidad y amor, podemos mirarnos con los ojos abiertos y reconocer lo lindo que podemos encontrar en un cuerpo que también puede habitar el placer. Me parece mucho más sano, fructífero y productivo para nosotras.

- ¿Qué nos aporta la neurociencia para entender el deseo sexual femenino?

- El deseo sexual es mucho más amplio que el solo hecho de desear. No empieza siendo una emoción aislada. El deseo, el ir hacia algo, tiene que ver primero con saber que vamos hacia algo que nos da una recompensa, que está bueno conseguir y que nos motiva. Cuando una desea algo, siente una motivación vinculada con el placer, la recompensa, el agasajo, el triunfo o el logro. Puede ser un placer compartido o individual.

Yo revisaría mucho el tema de la motivación: cómo llegamos a ese deseo o a ese no deseo. Porque una piensa en el deseo y dice: «No tengo ganas de estar con el otro en una cama». Y la realidad es que los besos, las caricias, el abrazo, el encuentro, la intimidad, agarrarnos de la mano y la confianza también forman parte del deseo de estar ahí.

Se trata de desear estar ahí, detenerse, escucharse y tomar aire para entender y concientizar el momento. Muchas veces no lo hacemos, entonces es muy difícil desear sin estar presentes, sin aquietar esa mente para que el cuerpo y la mente puedan encontrarse con ese presente que nos invita a compartir, a ir hacia adentro y a conectar con el afuera.

Para mí, es muy importante que el deseo sexual se vea dentro de una gran ensalada de emociones y actos, porque la emoción lleva a la acción. A veces, cuando una cree que no tiene deseo y que se trata solamente de una hormona, piensa, muy erróneamente, que una pastillita mágica la va a salvar.

Me parece que hay que hacer un giro de 360 grados y preguntarse: ¿cómo estoy conmigo?, ¿cómo estoy con el otro?, ¿cómo me encuentro en esta relación?, ¿cuál es mi coyuntura?, ¿qué emociones estoy transitando? Somos versiones: hoy soy esta, mañana soy otra, y también me tengo que dar permiso para mis sentires.

La neurociencia nos dice mucho. Además, es importante entender que el cerebro tiene un 90 o 95 % de actividad inconsciente y un 5 % consciente. Todo lo que nos invita a jugar, a mirarnos hacia adentro y a conectar no empieza en el momento de la cama, sino mucho antes.

- ¿Cómo influyen el estrés, el cansancio y la carga mental en el deseo?

- De manera abrumadora. Es muy difícil que un cuerpo agotado pueda desear, aunque tenga ganas, porque prioriza el descanso y la energía que necesita para el día siguiente. A veces, el encuentro con el otro genera una energía que no tenemos.

El estrés influye muchísimo porque hay adrenalina, ansiedad y una está pensando en muchas cosas que no tienen que ver con el aquí y el ahora. No es posible detenerse cuando hay estrés porque estamos en otro lado, estamos inquietas, no hay relajación. Entonces, es muy difícil estar presentes.

- ¿Qué puede hacer una mujer que siente que perdió el deseo o que ya no disfruta como antes?

- Es muy difícil pensar que una ya no disfruta como antes, porque tenemos varias formas de disfrutar y me parece que el disfrute se construye en cada encuentro. Esto de perder el deseo… No sé, me parece que el deseo cambia. Para nuestra respuesta sexual es muy difícil pensar que, si no tenemos deseo, no podemos iniciar el camino hacia el placer.

El deseo puede aparecer en otros momentos. La mayoría de las veces, en nosotras no es espontáneo, sino responsivo; es decir, respondemos a un estímulo, ya sea una fantasía interna o externa, a la intimidad, a un acto en el que sentimos un acercamiento, algo lindo, una comunicación certera. Respondemos cuando estamos relajadas, nos animamos a mirar al otro, nos sentimos libres, escuchadas y sentimos que al otro o a la otra le importamos.

Entonces, el deseo no se pierde o se gana. Me parece que es una construcción de muchos momentos y de mucha historia, en la que una puede preguntarse si está predispuesta a que esto suceda. Porque, antes del deseo, creo que está eso: la predisposición positiva a que algo suceda. Si no hay conexión, no hay manera de desear.

- ¿Cómo cambia la manera de vincularnos cuando empezamos a reconocer qué queremos y qué ya no estamos dispuestas a negociar?

- La manera de vincularnos es muy importante porque, cuando una no sabe qué le pasa, no toma conciencia de qué emoción está sintiendo, por qué sí o por qué no, o de que sus gustos cambiaron, es muy difícil crecer en el deseo y en el gozo. Quizás algo que antes nos gustaba ya no nos gusta, o necesitamos pedir lo que queremos ahora y no podemos seguir sin comunicarnos o sin escuchar en ese ida y vuelta con el otro.

Me parece que cada vez que nos hacemos más conscientes, crecemos o nos miramos más, como me gusta decir, con los ojos abiertos, tenemos más respuestas.

Una ya no está dispuesta a negociar algunas cosas. Sabemos qué queremos y qué no queremos. Siempre creo que construir el consentimiento desde lo que nos hace sentir cómodas, desde aquello que ya no deseamos que suceda, es una forma de poner las cosas en orden para poder relajarnos, porque podemos prever, de algún modo, que el respeto, la intimidad, la comunicación y la conexión están presentes. Es tan importante cómo nos vinculamos que el vínculo no empieza en la cama, sino mucho antes.

- ¿Qué herramientas concretas se van a llevar las mujeres que participen del encuentro?

- El evento es mucho más que un evento: me parece que es una experiencia diferente. Después de mis 27 años de profesión, de haber atravesado una maestría en neurociencias y un diplomado en psicología, de mis conocimientos en sexología y de haber escuchado a tantas mujeres desde mi profesión médica, puedo decir que el encuentro tiene de todo.

Hay una parte que es un taller interactivo, donde las mujeres se van a encontrar consigo mismas, van a poder escuchar a otras y no se van a sentir solas. Se van a sentir parte y entendidas.

En mis encuentros hay una gran empatía y una gran conexión. Es un momento realmente para nosotras, para disfrutar, ir hacia adentro, conocernos y sacar alguna conclusión. Para tener una idea de qué nos gustaría incluir, cambiar, transformar, modificar, soltar o incorporar a nuestra vida en este momento. Para preguntarnos dónde estamos paradas y qué nos pasa.

Al escuchar a otras, conectando, se nos ocurren muchas más cosas sobre los caminos que podemos tomar y lo que podríamos hacer para mejorar nuestra relación, entendernos mejor y activar la compasión hacia nuestra vida y hacia nosotras mismas. Para tenernos más paciencia y entender que no todo tiene que suceder.

A veces, el vacío, la tristeza, el aburrimiento o la calma se relacionan con los tiempos que vivimos, como si fueran una señal de que estamos perdiendo el tiempo o somos improductivas. Me parece que en estos encuentros una entiende que, quizá, en la quietud aparecen las respuestas.

Eso es lo que se llevan las mujeres de +40 Recalculando. Por supuesto, también muchísima información y un espacio enorme donde abordo todos los temas que nos interpelan a las mujeres durante la perimenopausia y la posmenopausia. En esta etapa encontramos muchos más cambios que el hecho de dejar de menstruar. Es una oportunidad enorme, que yo llamo la edad de oro: una etapa que se abre para el disfrute, el goce y los cambios, para recalcular justamente en todas y cada una de las etapas de nuestra vida.

Se van a llevar conexión y muchísimos regalos. También tendrán herramientas para entender muchas cosas que les pasan en esta etapa y que quizás no comprendían, además de la posibilidad de preguntar y escuchar a otras.

Muchas veces no se habla de sexualidad, de sentires y de experiencias que en esta etapa se toman como un tabú o se rodean de mitos. Realmente, al escuchar a otras mujeres y sentirse a gusto, una puede entenderse y acariciarse más y, desde ahí, buscar una mejor versión de sí misma.

- Si tuvieras que darle una primera recomendación a una mujer de más de 40 que siente que se desconectó de sí misma, ¿cuál sería?

- Una recomendación es que entienda que es normal estar desconectada. Lo más importante es tomar conciencia de esa desconexión y entender que todas tenemos nuestros tiempos. A veces una necesita más tiempo para comprender lo que le pasa. Hay que darse libertad para sentir y no creer que las tristezas, la quietud, hacer una pausa o tomarse más tiempo para una misma son algo negativo.

A veces, eso genera mucha culpa. Hasta dedicarse tiempo puede provocar vergüenza o incomodidad. Pero me parece que es un momento de la vida en el que tenemos que mirarnos a nosotras mismas con mucho amor y compasión. No como una pena, sino, al contrario, como una caricia al alma.

Tenemos derecho a la vida y al placer, y realmente nos merecemos ser felices. Por eso, me parece hermoso que mi primera recomendación sea que una se habilite y se dé permiso para el placer.

Simplemente hay que transitar los caminos, porque en el camino también se construyen el placer y la vida. Necesitamos esos pasos, y los sentires hacen del camino un lugar de encuentro con nosotras mismas. Cada una tiene que encontrar su camino a su tiempo, según sus ganas, sus creencias y su conciencia del cambio.

También necesitamos soltar un poco el qué dirán. Cada una tiene su camino, sabe por qué lo tiene o, por lo menos, lo tiene porque hay una historia detrás. Reconocerla y respetarla es un primer paso, una gran caricia para nosotras mismas que nos permite dejar de exigirnos siempre más.

Verónica Dema

Verónica Dema Editora en OHLALÁ! Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Especialista en Prácticas Redaccionales. Tiene un Máster en Periodismo por LN/Universidad Torcuato Di Tella. Dedicada a temas de géneros, cultura y sociedad.