Sofocos o sofonoces, esas oleadas repentinas de calor, que pueden venir acompañados de sudoración, palpitaciones y ansiedad, y son tan insufribles. ¿Por qué aparecen con tanta frecuencia en la menopausia? ¿Cuánto duran? ¿Por qué suceden? ¿Tienen tratamiento?
En su libro Regreso a mí. Vivir una menopausia consciente (El Ateneo), la ginecóloga y sexóloga Sandra Magirena explica que los sofocos forman parte del proceso de adaptación del organismo a los cambios hormonales que se producen cuando los ovarios disminuyen su actividad. Durante esta transición, el cuerpo atraviesa modificaciones que impactan en distintos sistemas y funciones.
Según los datos médicos que cita la especialista, los síntomas vasomotores (nombre con el que se conoce a los sofocos, calores o bochornos) aparecen en alrededor del 85% de las mujeres. En el 54% se presentan durante el climaterio y, en aproximadamente el 25%, pueden continuar hasta diez años después de la última menstruación.
¿Cómo se manifiestan los sofocos?
Los sofocos suelen sentirse como oleadas repentinas de calor que pueden afectar la cara, el cuello y el tórax. Muchas veces vienen acompañados de enrojecimiento de la piel, sudoración, palpitaciones e incluso ansiedad.
Estos episodios pueden durar entre tres y diez minutos y aparecer tanto durante el día como por la noche. No todas las mujeres los experimentan de la misma manera: pueden ser leves y tolerables, moderados y molestos o intensos, al punto de interferir en la vida cotidiana.
Cuando aparecen durante la noche, pueden interrumpir el descanso y favorecer el insomnio. También pueden asociarse con irritabilidad, cambios en el estado de ánimo y dificultades para concentrarse. Por eso, aunque se trate de episodios transitorios, su impacto puede ser importante en la calidad de vida.
¿Por qué aparecen los sofocos durante la menopausia?
Aunque todavía no se conoce con exactitud cuál es el mecanismo que los provoca, una de las explicaciones médicas apunta a los cambios que se producen en el hipotálamo, una región del cerebro que participa en la regulación de la temperatura corporal.
Esta estructura funciona como una especie de termostato interno: ayuda a mantener estable la temperatura del organismo. Con la disminución de los estrógenos durante la transición menopáusica, ese sistema puede volverse más sensible a pequeñas variaciones térmicas y desencadenar respuestas exageradas, como los sofocos y la sudoración.
En su libro, Magirena también recupera la mirada de la medicina tradicional china, que interpreta estos episodios a partir del equilibrio entre las energías yin y yang. Desde esa perspectiva, la disminución de la energía yin, asociada con lo femenino y el frío, se compensaría con un predominio de la energía yang, vinculada con el calor.
¿Qué factores pueden intensificar los sofocos?
La intensidad y la frecuencia de los sofocos no son iguales para todas las mujeres. Magirena menciona distintos factores que pueden asociarse con manifestaciones más pronunciadas:
- Obesidad: el exceso de tejido adiposo puede influir en la aparición y la intensidad de los síntomas vasomotores.
- Tabaquismo: fumar se asocia con una mayor frecuencia de estos síntomas.
- Ansiedad y depresión: los factores emocionales también pueden influir en cómo se transita esta etapa.
- Estrés: puede contribuir a intensificar el malestar.
- Factores raciales: algunos estudios encontraron una mayor frecuencia de sofocos entre las mujeres afrodescendientes.
La especialista también comparte una reflexión desde su experiencia clínica: considera que la manera en que cada mujer llega a esta etapa, su historia personal y el espacio que pudo darle a sus propias necesidades pueden influir en cómo transita los cambios. No se trata de una regla ni de una responsabilidad individual, sino de reconocer que la menopausia es una experiencia diferente para cada persona.
¿Cuánto tiempo pueden durar los sofocos?
No existe un tiempo único. Algunas mujeres tienen episodios esporádicos durante unos meses o un año, mientras que otras pueden experimentarlos durante varios años después de su última menstruación.
En su propio relato, Magirena cuenta que tuvo sofocos ocasionales durante aproximadamente un año y medio después de que se retirara su menstruación, a los 50 años. Luego desaparecieron. Sin embargo, aclara que hay mujeres que continúan teniéndolos mucho tiempo después.
La buena noticia es que no todas las mujeres los atraviesan con la misma intensidad ni durante el mismo período. Y, sobre todo, que no es necesario resignarse a convivir con síntomas que afectan el descanso o la vida cotidiana: cuando los sofocos son molestos o interfieren en la calidad de vida, es importante consultar con un profesional de la salud para evaluar las alternativas de tratamiento.
¿Qué tratamientos hay para los sofocos?
Magirena, destaca, en diálogo con OHLALÁ!, que en el último congreso que se hizo de la International Menopause Society en Río de Janeiro, recientemente, se hizo mucho hincapié en el tratamiento del sofoco con terapia hormonal de reemplazo, si fuera posible, y si no con otras medidas terapéuticas, porque el sofoco, el maldormir que genera puede llegar a ser determinantes de otro tipo de manifestaciones clínicas, sobre todo, del riesgo cardiovascular, históricamente minimizado en las mujeres.
"La elección del tratamiento sería la terapia de reemplazo hormonal en la ventana de oportunidad de tratamiento y en aquellas mujeres que no tuvieran contraindicaciones, pero hoy existe en el mercado una medicación que es el Fezolinetan, que todavía no está disponible en la Argentina, pero que es un tratamiento no hormonal que actúa a nivel central del centro termorregulador, específicamente indicado para el tratamiento de los sofocos", concluye la experta.
Verónica Dema Editora en OHLALÁ! Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Especialista en Prácticas Redaccionales. Tiene un Máster en Periodismo por LN/Universidad Torcuato Di Tella. Dedicada a temas de géneros, cultura y sociedad.




