¿Y si el Mundial fuera una pausa para la ansiedad? Parece contradictorio. Pero es una de las pocas instancias en las que logramos estar en el presente por 90 minutos sin pensar en nada más que en la Selección.
Como menciono en mi libro Frená tu Cabeza, la ansiedad disminuye cuando logramos (al menos por un rato) dejar de proyectarnos en el futuro: en un partido no hay tiempo para eso, nuestra atención se mantiene en el minuto a minuto. Por primera vez en mucho tiempo no estamos pensando en las cuentas, los finales o los trabajos pendientes. Durante los 90 minutos, nuestro sistema nervioso se enfoca en un único escenario. Y nuestra mente descansa.
La pasión puede funcionar como un momento de conexión plena. Está comprobado. Muchos lo llaman estado de Flow: concentración tan profunda que el tiempo desaparece. Las emociones intensas de un partido actúan como reguladores emocionales temporales.
Al fijar la atención en un solo evento salimos del 'piloto automático' que nos desconecta de lo que está pasando. Por eso, aunque pueda resultar paradójico, los partidos del Mundial se convierten en una herramienta concreta para reducir la ansiedad anticipatoria. Durante noventa minutos, muchas personas dejan de rumiar el pasado y se preocupan por el futuro. Toda la atención en el minuto presente. El Mundial es, en ese sentido, una práctica de atención plena sin haberlo buscado.
La ansiedad disminuye porque dejamos de mirarnos a nosotros mismos
El Mundial desvía la mirada hacia algo más grande que uno mismo. La energía emocional deja de centrarse en revisarnos, criticarnos, elaborar futuros amenazas. Los problemas no desaparecen. Pero dejan de ocupar el centro, y eso le alcanza al sistema nervioso para descansar.
El Mundial nos vuelve parte de una experiencia colectiva que habilita una emocionalidad que no tarda en expresarse: las barreras de la resistencia están bajas. : Se puede gritar con alegría, llanto o enojo porque “estamos todos en la misma”.
La regulación emocional colectiva genera sincronización emocional positiva: regula la ansiedad mejor que el aislamiento. . Por eso, en la experiencia colectiva compartida en el cerebro se activan circuitos vinculados al placer, a la recompensa y a la seguridad, que ayudan a bajar el estado de vigilancia permanente.
El beneficio más importante de los próximos partidos puede ser ese: el sentimiento de comunidad. La posibilidad de conectarnos plenamente con el presente. Aunque perdamos.
El lado B: cuando la pasión también prende la alarma
Ahora, sería incompleto contar solo esta parte. Porque el Mundial, para muchas personas, también es una de las situaciones más ansiógenas del año. Y eso conviene nombrarlo con la misma honestidad.
Un estudio publicado en el New England Journal of Medicine siguió a la población de Múnich durante el Mundial 2006 y encontró que, los días que jugaba Alemania, los eventos cardíacos agudos se multiplicaron por más de dos en hombres y casi dos en mujeres.
¿Por qué? Porque para nuestro sistema nervioso, que "mi equipo puede perder" no se procesa como un evento deportivo. Se procesa como una amenaza al grupo de pertenencia. A eso se suma algo que la ansiedad ama: la incertidumbre sin agencia.
Noventa minutos de no saber, con el cuerpo activado y sin poder hacer absolutamente nada para cambiar el resultado. Alto involucramiento emocional, cero control. Es la combinación más activadora que existe. Y sin embargo, regula. El Mundial no baja la ansiedad porque sea relajante: no lo es. La baja porque transforma una ansiedad crónica, difusa y privada en una ansiedad aguda, focalizada y compartida. Y resulta que el sistema nervioso tolera muchísimo mejor lo segundo que lo primero.
La ansiedad cotidiana, esa que describo en Frená tu cabeza, es la peor versión posible: no tiene principio ni fin, no se comparte, no se descarga. La del Mundial, en cambio, empieza con el pitazo inicial, termina con el final, y la atravesás con miles de personas haciendo exactamente lo mismo que vos. Esa es la verdadera trampa hermosa del fútbol: te hace pasar por la alarma, pero con toda la tribuna al lado. Y para un sistema nervioso ancestral, viviendo en un mundo que lo deja crónicamente solo y vigilante, eso no es poca cosa. Es, casi, una forma de medicina.
Marina Mammoliti Es licenciada en Psicología, divulgadora científica, creadora del podcast Psicología al Desnudo y autora del libro Frená tu cabeza (Grijalbo - Penguin Random House).













