Marina Mammoliti, psicóloga: "La soledad es sentir que nadie conoce realmente quién sos"

La psicóloga Marina Mammoliti explica la diferencia entre estar sola y sentirse sola, y por qué la conexión real no depende de la cantidad de vínculos.

Por Marina Mammoliti

13 de agosto de 2026, 16:09

mujer sola placer en casa
Marina Mammoliti, psicóloga: "La soledad es sentir que nadie conoce realmente quién sos" - Getty

Sofía tiene pareja. Tiene dos hijos. Tiene un grupo de amigas con las que habla casi todos los días. Los domingos almuerza rodeada de gente. Su celular no deja de sonar. Sin embargo, una tarde cualquiera, mientras levantaba la mesa después del almuerzo, sintió algo que no supo explicar. No era tristeza. No era ansiedad. Era esa sensación extraña de estar completamente sola... aunque hubiera cuatro personas en la misma habitación.

Ahí aparece una de las confusiones más grandes que tenemos cuando hablamos de la soledad. Estar solo es un hecho, se puede contar. Sentirse solo es otra cosa completamente distinta. Es sentir que nadie conoce realmente quién sos, que nadie ve la parte más verdadera de vos y que, incluso rodeado de personas, seguís sin encontrar un lugar donde puedas descansar siendo exactamente quien sos, sin actuar, sin cumplir un papel, sin explicar demasiado.

Por eso hay personas que viven solas y casi nunca se sienten solas, mientras que otras comparten la cama desde hace veinte años y conviven con una soledad inmensa. Porque la soledad no depende de cuántos vínculos tenés, sino de cuánta conexión real encontrás dentro de ellos.

Durante mucho tiempo pensamos que la soledad era simplemente la falta de compañía. Hoy sabemos que no. La soledad aparece cuando existe una distancia entre los vínculos que tenemos y los vínculos que realmente necesitamos. No hablo de cantidad, sino de calidad. Y eso cambia completamente la conversación, porque alguien puede tener miles de seguidores, reuniones todas las semanas y una agenda llena... y seguir sintiendo que nadie conoce la versión más auténtica de sí mismo.

Sin embargo, existe otra soledad. Una completamente distinta. La que elegimos. La llamamos solitud: el gusto de estar a solas con uno mismo, sin necesitar que nadie confirme que existís. Esa soledad elegida mejora la concentración, activa la creatividad y ayuda a distinguir el deseo de compañía de la necesidad de compañía. No es un problema. Es un espacio que también puede disfrutarse. La solitud no aparece de un día para el otro; se desarrolla con el tiempo. No significa aislarse del mundo ni dejar de necesitar a los demás, sino algo mucho más profundo: poder quedarse a solas con uno mismo sin sentir la urgencia de escapar.

Estrategias de la psicología para enfrentar la soledad.
Solitud: el gusto de estar a solas con uno mismo, sin necesitar que nadie confirme que existís - Getty

Hay algo curioso que suele pasar con la soledad, al principio parece vacía, pero cuando uno aprende a quedarse un rato más, descubre que estaba lleno de preguntas que venía postergando, de emociones que el ruido tapaba y de deseos que nunca se había permitido escuchar.

Al final, la diferencia no está en estar acompañado o no. Está en la relación que tenemos con nosotros mismos cuando nadie nos distrae.

Marina Mammoliti

Marina Mammoliti Es licenciada en Psicología, divulgadora científica, creadora del podcast Psicología al Desnudo y autora del libro Frená tu cabeza (Grijalbo - Penguin Random House).