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Belleza: por qué justificamos el dolor en búsqueda de cumplir con un estereotipo impuesto

En su nueva columna, Candela Yatche analiza cómo las mujeres naturalizamos el dolor en la búsqueda de une belleza socialmente impuesta.


"Si duele... no es belleza".

"Si duele... no es belleza". - Créditos: Getty



Cuando doy charlas, me gusta hacer este ejercicio: cuento que en China, había una tradición llamada “Pie de loto” en la que las mujeres eran consideradas bellas según el tamaño de su pie. Desde los 5 años, usaban zapatos de hasta 7 centímetros para evitar que les crezca el pie, provocando malformaciones en los pies de las mujeres. Hoy en día está tradición está prohibida. Pregunto a la audiencia si se pondrían esos zapatitos para encajar en el ideal de belleza, y la mayoría responde “Ni ahí”, “No me sometería a ese dolor ni loco”. Este ejercicio visibiliza que ver con ojos críticos a prácticas estéticas desde lejos, es fácil… pero ¿qué pasa con el ideal de belleza que está presente hoy en día en nuestra cultura? Parece mucho menos doloroso, ¿no?

Las apariencias engaña. En las culturas de latinoamericanas, se naturalizan dolores como la depilación, las cirugías estéticas, los tacos incómodos, el soportar kilos para ganar más masa muscular, aspirar el olor al alisado, incluso el dejar de comer. Las mujeres hicimos y hacemos esfuerzos, sacrificios para aproximarnos al ideal de belleza.

Para ser bella hay que ver estrellas” “La moda incómoda” frases que escuchamos desde chicas, y que hasta hoy en día seguimos escuchando como se pasa del boca en boca, de generación en generación, reproduciendo y acentuando un mensaje: para ser “bellas” tenemos que soportar el dolor que implica muchas veces, el modificarnos físicamente.

¿Por qué naturalizamos la liposucción, la "cera caliente para arrancarnos los pelos" o las dietas extremas para intentar alcanzar el ideal de delgadez? Absorbemos el mensaje de que somos valorados según el físico que tenemos, sobre todo las mujeres. Nuestro deseo está condicionado por la mirada del otrx, cada vez es más difícil marcar la línea entre el deseo propio, singular de cada unx y la presión del afuera, acompañada con recetas mágicas para alcanzar un cuerpo ideal que nos promete felicidad.

Se dice que “La belleza duele”, pero… ¿cuánto duele no “ser bella”? ¿Qué impacto tiene esta ausencia en aquellos que no encajan en este modelo de validación? Es importante que dejemos y dejen de vernos como adornos, difuminar la idea de que nuestro cuerpo es una colección de partes que otros tienen que apreciar, pensarnos como un todo, no fragmentadas. ¿Por qué cuesta tanto ir contra este ideal? ¿A quién o quiénes les conviene que nos sintamos mal con nuestro cuerpo? ¿Es casualidad que la gran mayoría de productos y servicios de “belleza” esten diseñados para que lo consumamos nosotras?

Ya lo dijo la psicóloga británica Susie Orbach: “Hay una violencia real hacia la mujer para que no acepten su cuerpo, y está promovida únicamente por los intereses comerciales”. Necesitamos pensar en las inseguridades corporales de las mujeres como una cuestión de justicia social.

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