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Rituales: estas son las razones por las que no te funcionan

​​​​​​​Geraldine cree en la manifestación de los rituales, por eso los incorporó en su vida. Nos ayuda a reflexionar sobre el poder de la intención y de la palabra para que se concreten nuestros deseos.


Rituales: lo más importante es la intención.

Rituales: lo más importante es la intención. - Créditos: Getty



Fuimos criados en una sociedad que acostumbra a echarle la culpa a otro por las cosas que nos suceden, o bien depositar la responsabilidad en el otro sobre nuestro destino. Crecimos escuchando frases del estilo: “si Dios quiere”, o “pedile al universo que te lo va a dar”.

En parte estas frases son las que me impulsaron a escribir esta columna. Estas frases y algunas otras que recibo en mis redes, que van en una línea cercana. “Hice el ritual de la sal durante meses, pero no me funcionó”, suele repetirse como comentario cuando propongo este ritual de la abundancia.

 

En alguna oportunidad me comentaron que, después de lavarse las manos con sal, mientras repetía la frase: “la sal es protectora y ella me ayudará a que mi dinero se multiplique y jamás falte en mi hogar”, tuvo una conversación con su mamá –más de una hora al teléfono- en la cual lo que escuchó una y otra vez fue que no iba a llegar a fin de mes, que la plata no le alcanzaba y que nunca nada le salía bien. Y, no conforme con eso, al otro día, sus únicos pensamientos fueron que nunca iba a poder comprarse tal cosa o que tendría que mudarse a un departamento más barato.

Spoiler alert: la sal no es mágica, Harry Potter no existe, y lo que cambia nuestra realidad en verdad son nuestros pensamientos cotidianos. Nosotros somos creadores de nuestra propia realidad, y hacernos cargo de esto es la diferencia entre que una manifestación funcione o no. 

 

Los rituales son manifestaciones que se acompañan de simbolismos representados por elementos de la naturaleza. Pero lo que tiene real poder en ellos son las palabras y los pensamientos que nosotros decimos en ese momento. 

Hay gente que no necesita hacerlo de esta manera y domina el arte de la manifestación: controla sus pensamientos a diario y se concentra en lo que quiere que suceda. 

Otras personas, en cambio, necesitan darle ese marco de simbolismo, y está bien. De hecho, yo soy una de ellas: es un momento en el que aprovecho a concentrar todas mis energías para eso que estoy manifestando. Me imagino a mí misma consiguiendo ese logro y siento que el poder de la naturaleza desde lo simbólico le da fuerza a mi manifestación.

Ahora bien, si hago esto y después pienso todo lo contrario las 24 horas los 7 días de la semana no va a funcionar. 

Un día me encontré por casualidad con un reel de Instagram donde leían la siguiente reflexión: “Las brujas los llaman hechizos; los cristianos le dicen rezar; los espiritualistas, manifestar; los ateos lo definen como efecto placebo; para los científicos es física cuántica. Todos discuten sobre su nombre, pero ninguno niega su existencia”.

A mí me gusta llamarle manifestar, pero lo acompaño siempre con rituales, porque  me divierte hacerlos y siento que le da fuerza a mi deseo. Muchas de las cosas que hacemos cotidianas son rituales y no nos damos cuenta. Si me ayuda sentarme a escribir todos los días mis objetivos a conseguir, en presente, como si ya hubiesen sucedido, eso es un ritual. Tienen poder porque yo se lo estoy dando, siempre y cuando mis pensamientos cotidianos estén alineados a aquello que escribí. 

Entonces, en vez de esperar que otro nos dé la solución mágica, hagámonos cargo de nuestra realidad y de cómo nos hablamos internamente todo el tiempo. 

Después de todo, “la magia está dentro de cada uno de nosotros” y, por más frase cliché que sea, es una gran verdad.

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