Newsletter
Newsletter

Probó escorpiones, gusanos y sopa de pezuña: la periodista que viaja por el mundo probando comidas extremas

La periodista española y conductora visitó Buenos Aires y habló con OHLALÁ! sobre su forma de viajar, los platos más raros que probó en los 75 países que ya conoció y cómo es el trabajo que muchos consideran “el mejor del mundo”.


En esta nueva temporada de "Me voy a comer el mundo", Vero Zuma visitó Berlín, Amsterdam y Viena.

En esta nueva temporada de "Me voy a comer el mundo", Vero Zuma visitó Berlín, Amsterdam y Viena.  - Créditos: Gentileza EL GOURMET



Viaja por todo el mundo –ya conoce 75 países- y se dedica a entrar en las casas, abrir heladeras, compartir las mesas familiares, visitar mercados populares y puestos de street food. Vero Zuma –con autenticidad, una curiosidad voraz y siempre mucha alegría- prueba todo tipo de comidas en cada lugar al que va, con el foco puesto en el paladar cotidiano de la gente local. 

Desde hace diez años transmite la experiencia en Me voy a comer el mundo, el programa que conduce, crea y desarrolla para el canal El Gourmet. El ciclo ya recorrió 53 países en cinco continentes y se convirtió en una especie de mapa gastronómico del planeta: un viaje que muestra cómo la comida revela la historia, la cultura y la vida cotidiana de cada lugar.

Por eso, que esta famosa periodista española haya elegido a la Argentina para las vacaciones personales que emprendió junto a su novio y encontrarla saboreando uno de los mejores sushis de Buenos Aires en un bar secreto de la ciudad es de por sí algo curioso. Viene de atravesar el estrecho de Magallanes y, aprovechando que estaba en el país, hoy es la anfitriona de una fiesta de cumpleaños que disfruta junto a veinte de sus fieles seguidores quienes tuvieron que responder preguntas, ganar un concurso y destacarse entre cientos de aspirantes a estar acá junto a esta mujer que supo hacer de sus grandes pasiones –viajar y comer- el que parece ser el mejor trabajo del mundo.

En Berlín. Vero siempre se deja llevar de la mano de personas que viven en los destinos que visita y que hablan español. Esos son los requisitos.

En Berlín. Vero siempre se deja llevar de la mano de personas que viven en los destinos que visita y que hablan español. Esos son los requisitos. - Créditos: Gentileza EL GOURMET

—Tu trabajo es el sueño de todos: ¡viajar y comer! ¿En qué momento te das cuenta de que “estoy trabajando”? 

—Todo el rato. Es el trabajo soñado desde fuera. Yo te digo que, si toda esta gente viniera conmigo a grabar un programa, pocos aguantarían. Lo que se ve es precioso y para mí es el mejor trabajo del mundo, pero antes que nada es un trabajo, y no me lo olvido. Yo no estoy todo el día comiendo: a lo mejor voy a un restaurante, pruebo un trozo y me tengo que ir a otro. 

—¿Cómo es un día de grabación? 

—Imagínate: acabo de desayunar en el hotel y me voy a grabar una secuencia donde me toca comer un escarabajo a las diez de la mañana. A las once y media una sopa de pezuña. Y luego tienes diez más. Estás cansada. Y hay una parte que nadie piensa: el clima. Si estás en Ushuaia hace un frío que pela y el turista camina una hora y luego se mete en el hotel. Yo puedo estar catorce horas en la calle, con -10 grados o en Bangkok con 90% de humedad. Eso es agotador. 

—¿Cómo decidís a dónde irte de vacaciones si pasás el año viajando por trabajo?  

—Es que yo no me canso de viajar. Sé que lo voy a hacer siempre, aunque no me dedique a esto. En mi tiempo libre intento elegir destinos poco explotados o viajes distintos. Ahora vine a la Argentina de vacaciones para hacer un crucero, no lo había hecho nunca. Cruzamos el estrecho de Magallanes para ver los fiordos de la cordillera Darwin. Me parecía súper aventurero: paisajes que no había visto en mi vida. 

—¿También buscás lugares poco turísticos? 

—Sí, países que todavía no estén masificados. Al final lo que hago en Me voy a comer el mundo es intentar disfrutar los destinos de la forma más genuina posible. Muchas veces eso solo se consigue cuando el turismo todavía no lo ha transformado todo. Por ejemplo, hice un viaje personal a Benín, en África, un país pequeñísimo al lado de Togo y Nigeria donde casi no va ningún turista.

  • Hace 50 viajes en avión por año 

  • Ya conoció 75 países 

  • En 53 cuidades grabó sus programas 

  • Emitió 68 episodios de su programa en toda Latinoamérica 

Un recuerdo de cuando visitó Uganda. En las diez temporadas de programa, estuvo en 53 países de los cinco continentes.

Un recuerdo de cuando visitó Uganda. En las diez temporadas de programa, estuvo en 53 países de los cinco continentes. - Créditos: Gentileza EL GOURMET

Siempre con el corazón contento

Aterrizar en países distintos cada vez y subirse a más de 50 aviones al año le dan a Verónica Zumalacárregui (tal su apellido completo) un dinamismo que la mantiene siempre despabilada, pero el cuerpo y la mente pasan factura cuando las rutinas de todos los días no consiguen visa para todos los destinos. 

Para no perder el eje entre las 14 horas de grabación y los climas cambiantes, Vero viaja con lo que ella llama su 'kit de enraizamiento': una esterilla de yoga plegable —tan finita que parece una sábana— y sus propias infusiones. 'Siempre encuentro la manera de hacer ejercicio allá donde esté. Aunque esté en una habitación minúscula en Seúl, despliego mi esterilla y me pongo un video de YouTube', confiesa. Para ella, el deporte no es una cuestión de estética, sino de salud mental: es el único espacio de control y bienestar que se lleva en la valija a cualquier rincón del mapa.

—Así y todo, decías que no te cansás de viajar. ¿De comer tampoco? 

—Hay momentos en los que sí. En Madrid también estoy muy conectada con el periodismo gastronómico y tengo muchísimos eventos, restaurantes nuevos que probar… entonces a veces estoy un poco saturada. Pero si paso cuatro días sin ir a un restaurante ya digo: “Me apetece probar algo distinto”. 

—¿Cocinás cuando estás en casa? 

—Mucho. Y ahí compenso bastante. Intento hacer platos más sanos, más saludables. 

—Me imagino que también tenés que equilibrar tu alimentación. 

—Sí, aunque nunca he hecho una dieta en mi vida. He tenido momentos en los que he estado más gordita y otros más delgadita, por eso para mí el deporte es muy importante sobre todo por salud mental. 

—Después de probar tantas comidas elaboradas, cuando estás en casa ¿preferís algo más simple? 

—Muchas veces me apetece mucho verde. Una buena lechuga fresca, recién arrancada, con mucho vinagre, como para limpiar. Pero otras veces también cocino cosas más contundentes. El otro día hicimos una cena mexicana para amigos. Me gusta cocinar verduras al horno, pescado, cremas de verduras…  

—¿Te traés condimentos de todos lados cuando viajás? 

—Siempre. De Oriente Medio me traigo muchísimas especias. A veces incluso las más básicas, como el comino o el cilantro, porque tienen muchísimo más aroma. De Latinoamérica me llevo muchas salsas picantes, chipotle de México, chiles guatemaltecos… y de Argentina me llevo dulce de leche y alfajores a tope.

Comprar en mercados locales, probar comida en puestos callejeros y compartir las mesas familiares son las formas en las que Vero entra en contacto con la cultura de los lugares que visita, a través de su gastronomía.

Buscar productos en mercados locales, probar comida en puestos callejeros y compartir las mesas familiares son las formas en las que Vero entra en contacto con la cultura de los lugares que visita, a través de su gastronomía. - Créditos: Gentileza EL GOURMET

La mesa está servida

Desde su estreno en 2016, Me voy a comer el mundo se consolidó como una propuestas fuerte de la pantalla de El Gourmet, con una audiencia fiel que la sigue desde el episodio 1. A lo largo de sus temporadas, el programa recorrió decenas de países explorando mercados, cocinas callejeras, restaurantes tradicionales y mesas familiares, siempre con una misma idea: que la mejor forma de entender un lugar es sentarse a comer con su gente. 

—¿La idea de entrar en casas y comer lo que come la gente fue tuya? 

—Sí. Yo soy una apasionada de viajar desde pequeña. Cuando tenía 15 o 16 años, en lugar de ir a los intercambios típicos con una agencia, buscaba familias locales. Por ejemplo, me fui a Chicago a la casa de la vecina del primo de mi padre. A mí lo que me interesa como periodista es cómo vive la gente. 

—¿Siempre viajaste así? 

—Sí. Cuando tenía veinte años vivía en Francia y recorría la costa haciendo autostop y durmiendo en casas de gente con Couchsurfing. Yo quería ser local durante unos días. 

—¿Y la gastronomía? 

—Siempre fue importante en mi casa. Mi abuela cocinaba increíble y mis padres cocinaban muy bien. Iban al mercado todos los días después del trabajo a comprar lo que íbamos a cenar. 

—¿Hubo un momento en que dijiste “esto puede ser un programa”? 

—Sí, en Vietnam. Estaba en la calle y vi a un hombre comiendo algo en unas mesitas bajitas. Me acerqué y le pregunté qué era. No me entendía, así que agarró los palillos y me dijo: “Toma”. Yo probé un poquito –agarrando el trozo con los dedos porque no quería comer de sus palitos- y me fui al árbol de al lado a escupirlo porque me pareció horrible. 

—¿Qué era? 

—Al día siguiente volví y una camarera me explicó que era algo parecido a hígado de pato. O sea, algo parecido al paté de foie pero muy diferente. Y ahí dije: “Eureka”. La comunicación, la comida, la curiosidad… ahí estaba todo.

Paladar todoterreno

Con su afán periodístico, Vero no escatima valentía a la hora de conocer nuevos sabores. Como una cronista de territorio, se propone ponerle el cuerpo al objetivo de transmitir a través de la información gastronómica, datos de corte antropológicos. No es que le gusten todas las comidas ni que ningún ingrediente le caiga mal (de hecho es intolerante al ajo y al morrón), sino que su intriga y ansia de comunicar ganan siempre.

—Probaste cosas muy raras. ¿No te da asco a veces? 

—Muchas veces digo: “Esto no lo pienso probar”. Y al final soy yo la que lo prueba. Primero porque para el programa es interesante y segundo porque soy muy curiosa. Tengo muchas agallas y un estómago fuerte. 

—¿Qué es lo peor que puede pasar? 

—Que esté feo, y ya está. También tienes que liberarte de lo que aprendiste en tu cultura. En Corea me ofrecieron carne de perro y yo decía que no. Y me dijeron: “Pero en tu país coméis conejo y aquí el conejo es mascota”. Y es verdad. 

—¿La probaste? 

—Probé la sopa. La carne no pude. 

—¿Qué es lo más raro que comiste? 

—Escorpión en Pekín. Gusano suri en el Amazonas. Lagarto también en el Amazonas. Sopa de pezuña de vaca en Georgia. Taco de ojo de res en México. ¡Y sopa de perro! 

En Senegal visitó un mercado de pescados y mariscos. en África se le ofreció beber sangre de vaca recién extraída en una suerte de ritual y convivió con los maasáis, una tribu indígena que vive en el Masái Mara. En Bangkok, degustó grillos; en Tokio semen de pescado.

En Senegal visitó un mercado de pescados y mariscos. en África se le ofreció beber sangre de vaca recién extraída en una suerte de ritual y convivió con los maasáis, una tribu indígena que vive en el Masái Mara. En Bangkok, degustó grillos; en Tokio semen de pescado.  - Créditos: Gentileza EL GOURMET

El "código Vero"

Pero, ¿qué pasa cuando el paladar se rebela ante lo desconocido? Después de tantos años frente a cámara, Vero desarrolló un sistema de diplomacia gastronómica que sus seguidores más fieles ya saben decodificar. "Cuando algo me encanta, digo que está buenísimo; pero si no me gusta, mi código es: qué interesante... es muy particular', confiesa entre risas. Es su manera de ser honesta con el espectador sin herir los sentimientos de quien, con toda la generosidad del mundo, le abrió las puertas de su casa. Al final, como ella misma explica, no se trata de que sea 'malo', sino de que es un sabor distinto a lo que su cultura le enseñó: 'Es verdad que es particular, es diferente a lo que estoy acostumbrada', asegura con la elegancia de quien sabe que, a veces, el gusto también es un músculo que se entrena

—¿Los sabores también se aprenden? 

—Totalmente. El fernet, por ejemplo. Son gustos adquiridos. Muchas veces te gustan porque te recuerdan algo. 

—Por tu programa probás comida callejera y tenés acceso a restaurantes muy exclusivos. ¿Cómo ves la distancia que separa a esos extremos? 

—Ni tanto porque, para hacer alta cocina, primero tienes que haber pasado por la tradición. Si no, no puedes hacer bien lo sofisticado. Y creo que ahora la tendencia mundial es volver a las raíces: producto buenísimo y cocinarlo lo menos posible. En Madrid, que ahora es una explosión gastronómica, lo que triunfa es una buena carne a la parrilla con buena sal. O un producto de huerta cocinado lo mínimo posible. 

—Pero también está la experiencia del restaurante. 

—Claro. La gastronomía hoy es mucho más que comer: es una experiencia. Antes la gente elegía ir al cine; ahora muchas veces elige ir a un buen restaurante. Que te expliquen qué estás comiendo, de dónde viene el producto… todo eso suma. 

—¿Elegís vos las casas que visitan? 

—Sí, yo participo en la producción, y elijo entre una selección. Mi equipo hace un primer filtro de gente local que habla español, porque ese es el punto fuerte del programa. Queremos que la experiencia sea auténtica y muchas veces es difícil encontrar alguien que hable nuestro idioma. Y yo no quiero que me invite un español que vive en Vietnam. Quiero un vietnamita que me cuente lo que come él. 

Esta temporada, en el episodio de Amsterdam comparte esta mesa familiar.

Esta temporada, en el episodio de Amsterdam comparte esta mesa familiar. - Créditos: Gentileza EL GOURMET

Influencer en segundo plano

Aunque su feed de Instagram explote de colores y hoy la sigan medio millón de personas, Vero es tajante con su identidad profesional: 'Por encima de todo, soy periodista', define. Para ella, Me voy a comer el mundo no se trata de llegar a un lugar y buscar 'la foto linda' para las redes; detrás de cada episodio hay un trabajo invisible de meses donde investiga, estudia y habla con muchísimas personas antes de armar las valijas. 

—En el programa se te ve siempre jugando con los looks. ¿Los elegís vos? 

—Al principio sí, pero desde hace varios años tengo estilista. Es un trabajo más complicado de lo que parece, porque imagínate que venimos a grabar a Buenos Aires en verano y en Madrid es invierno. Entonces mi estilista tiene que conseguir ropa de verano en pleno invierno, de showrooms o de tiendas. Además, en televisión hay cosas que te pones en tu vida normal y luego lo ves en pantalla y dices: “Madre mía, qué horror”. 

—¿Te gusta la moda? 

—Sí, me encanta. Pero después de los primeros años, cuando buscaba yo misma los looks, le cogí un poco de manía porque era otro trabajo más y era súper estresante.

—Aunque tenés muchísimos seguidores, no te posicionás como influencer. 

—Claro, a mí me pasa que mucha gente me sigue en redes sin saber que soy periodista, porque he llegado más tarde a ese mundo. Incluso cuando estoy grabando el programa hay gente que me pregunta en qué canal de YouTube voy a subir el contenido. Piensan que estoy grabando para redes. 

—¿Y cómo te definís entonces? 

—Bueno, en parte soy influencer porque tengo medio millón de seguidores, eso es así. Pero por encima de todo soy periodista. Todo lo que hago está estudiado: hablo con muchísima gente antes, investigo, preparo el contenido. Las redes vienen después, a raíz del programa, pero no son mi foco principal. 

—Después de diez años de programa, ¿qué es lo que más cambió en tu rol? 

—Yo. Cuando empecé había viajado mucho para mi edad, pero ahora he viajado más que muchísimo. Antes sabía menos de gastronomía. Mi papel siempre fue empatizar con el espectador. Por eso a veces me hacía un poco la que no sabía cosas que sí sabía, para preguntar lo que preguntaría cualquiera. Pero después de diez años ya no puedo decir que no sé lo que es el jengibre o cosas por el estilo, así que no me hago más la tonta. 

Vero Zuma asegura que jamás se cansa de viajar.

Vero Zuma asegura que jamás se cansa de viajar. - Créditos: Gentileza EL GOURMET

Las más leídas

Te contamos cuáles son las notas con más vistas esta semana.

¡Compartilo!

SEGUIR LEYENDO

Cócteles con café: la tendencia que lleva esta bebida de la taza a la barra

Cócteles con café: la tendencia que lleva esta bebida de la taza a la barra


por Redacción OHLALÁ!

Tapa de OHLALÁ! de marzo con Morena Beltran, Sofía Martinez y Pachu Zubirí

 RSS

NOSOTROS

DESCUBRÍ

Términos y Condiciones


¿Cómo anunciar?


Preguntas frecuentes

Copyright 2026 SA LA NACION


Todos los derechos reservados.

QR de AFIP