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Martín Slipak: "Creo que las parejas deberían ser abiertas, pero no nos sale"

Este actor de 35 años protagoniza la serie El hincha, enfrenta el desafío de criar a una adolescente y de compartir la vida con una mujer en un mundo polígamo.


Martín Slipak este actor de 35 años y protagonista de El hincha.

Martín Slipak este actor de 35 años y protagonista de El hincha. - Créditos: Mica Bianchi



Martín, como buen escorpiano, tiene un control de su musculatura facial envidiable. “¿Sí?”, dice él, “pero no sé mentir. Debería aprender”. A sus 35 años, con toneladas de proyectos y estrenos en teatro, cine, series, tanto como actor y director, la sensación es la de estar entrando a la segunda mitad de la vida. Quizá por todo lo ya vivido: actúa desde los 8 años, fue papá a los 22, convive con su pareja desde hace cinco. “Tengo esa dualidad de sentirme muy joven, pero con mucho recorrido hecho”, dice. 

¿Cuál es tu clave para no aburrirte?

Debe ser mi deseo de renovación constante, de encontrarle cosas nuevas a la profesión. Estoy atento a no tocar el techo de algo. He visto actores quedarse por no ser curiosos. Hay que actuar con fe en que lo que hacés es interesante, pero tampoco podés creerte que ya está.

¿Y cómo se hace eso?

Yo busco correrme de la formalidad. Corro el riesgo de estar mal, de que lo que hago no le guste a todo el mundo. Si vos actuás todo el tiempo queriendo gustarle a la gente, se va a volver poco interesante tu actuación. 

¿Te la bancás después si no gusta?

No, me deprimo, obvio... Pero creo cada vez más en la expresión del público como parte de nuestro trabajo. Me interesa cada vez más la resonancia de lo que uno hace y hay que ser muy narcisista para ponerse mal por la crítica del público. Cuando más duele es cuando das todo y no resulta, pero si no, tenés que entender que cada persona en el público tiene sus razones. Me pasó con una obra en el San Martín: se levantaban más de diez personas por función. Y yo los veía. Pero entendí que no me podía sentir dolido. Tiene que ver con la experiencia del otro.  

Hay que tener el ego muy trabajado para eso...

Mmm, mi ego no lo tengo trabajado. Me dice algo mi hija y me destruye...

¿Por ejemplo?

Que se está aburriendo conmigo. Está muy en su etapa adolescente de amigas, pero me gusta que tenga una vivencia divertida cuando estamos juntos. También me da miedo que pase el tiempo y estar distraído con las redes. ¿No estaré mirando demasiado el teléfono y poco su cara? Soy tan adicto al teléfono como ella. El Instagram un poco me abduce. 

“Estamos en una época de mucha ansiedad. Hay que ser fuerte para estar mostrándose todo el tiempo”.

“Estamos en una época de mucha ansiedad. Hay que ser fuerte para estar mostrándose todo el tiempo”. - Créditos: Mica Bianchi

Martín dice que el suyo es el trabajo más divertido del mundo. Que a veces es agotador, pero que se siente un privilegiado. Solo una o dos veces sintió que lo afectaba de modo particular. La primera fue a los 18 años en el San Martín. Era una obra sobre un campo de concentración en República Checa. La siguiente fue hace poco, en un unipersonal sobre un chico desaparecido en Córdoba. La hizo delante de su mamá y su hija. Y de madres de víctimas de gatillo fácil. Fue la primera vez que sintió que un trabajo lo afectaba psíquicamente. “Me dejó muy sacudido”, recuerda.

¿Cómo sería eso?

La hipocondría es una de las maneras. Empiezo a tener síntomas. Siento que me va a dar algo. Ansiedad, taquicardia, ataques de pánico, incluso. Sucede cuando una vivencia me sacude. 

¿Tuviste que hacer tratamiento psiquiátrico?

Mmm, algo de eso hubo, pero me da mucho pudor.

Hay que desestigmatizar la psiquiatría.

A veces es necesario porque uno entra en estados en los cuales ya no puede trabajar. Tenés que salir de esa ceguera. Y encontré la ayuda química para eso. ¡Y la verdad es que estamos en contacto con tantos químicos! Tomamos analgésicos por cualquier cosa, así que no debería ser motivo de horror. Sí está bueno planteárselo como algo momentáneo. Comprometerse a trabajar: no achancharse en la medicación. Estamos en una época de mucha ansiedad. Y la combinación con la exposición es lógico que te pueda llevar al pánico. Hay que estar muy fuerte para estar mostrándose todo el tiempo.

Más cuando si no te mostrás activamente, parece que desaparecés.

Creo que las redes le hicieron bastante mal a la actuación. A veces se forman elencos teniendo en cuenta la cantidad de seguidores que tienen en redes. Esa idea de que construirte como empresa es tan importante como el talento me genera contradicción. Entiendo que es una época así del mercado y que hoy, como actor, uno tiene que aprender a venderse.

Tu Instagram está bueno... hay hasta recomendaciones de cine.

Sí. Tengo espacio para llegar a cien. Amo el cine. Eso sí: me gusta verlo en casa. No tolero verlo en una sala. No entiendo que alguien no pueda comprender que la luz del celular pueda molestar al que está al lado. Me peleo. Soy de los que callan a la gente. Y mi hija se incomoda. 

¿Qué otra cosa te exaspera?

El tránsito. Me encanta Buenos Aires, pero su violencia me agota. Ayer me peleé con un tipo porque paré para dejar pasar a un peatón y el auto de al lado casi lo pisa. Le toqué bocina, le dije: “¿Estás loco?”. Si dejás pasar a un peatón, te reverencian como si fueras Gandhi. Y a la vez creo que tanta crisis nos lleva a búsquedas que no paran nunca. El artista argentino tiene un nivel de profundidad y de capas que no vi en otros lados.

Trabajás desde chico, integraste elencos increíbles, protagonizaste obras y películas y nunca estalla tu “celebridad”. ¿Te afecta eso?

Si es interesante lo que tengo que hacer, no me afecta no ser el protagonista. Pero no voy a ser careta: me divierte protagonizar.  

¿Y te bancarías ser una celebridad?

Depende. No tengo ganas de venderle mi alma al diablo. Aunque tal vez en esta época tenga que amigarme con zonas más superficiales. Me cuesta, pero después logro jugar un poco. Siempre renegué de exponerme, pero quizá me invitan a la presentación de un perfume y la paso bien.

¿En qué te reconocés escorpiano?

En mi curiosidad por el deep mundo. Hago análisis desde muy chico. Es un ejercicio que disfruto mucho. Tengo disposición y compromiso con ese trabajo. También soy fan de la ironía. Todo aquello que evita lo explícito me resulta interesante. Es un humor que da la vuelta: necesita que lo agarres. No es explicativo. Por eso me gusta la ironía: porque tiene capas.

La ironía es decir: no nos hagamos los distraídos con la mierda.

Estoy de acuerdo. Todos tenemos miserias y muchas veces nos hacemos los que no las tenemos desde lo discursivo. Me ha pasado de gente que se ofendiera con comentarios míos. 

Quizá sentís que incomoda al otro...

Siempre incomodé. Estoy aprendiendo a saber a quién tengo enfrente. Hay gente que no tiene ganas de que la incomodes. Y también es respetable. Estoy entendiendo con quién puedo jugar ese lenguaje. 

“Me gusta correr el riesgo de que lo que hago no le guste a todo el mundo”.

“Me gusta correr el riesgo de que lo que hago no le guste a todo el mundo”. - Créditos: Mica Bianchi

Son tiempos muy exasperados..., ¿no lo sentís?

Sí, en nuestra época por suerte cambiaron muchas cosas espantosas de la sociedad y el machismo está quedando más expuesto, pero también hay una falsa moral desde lo discursivo, hay una intolerancia hacia el humor negro o ácido. Venimos de milenios de desigualdad y cuestiones de género inconcebibles... Tenemos que luchar por un mundo igualitario, pero percibo un falso moralismo que se pone peligroso. El humor es una víctima, pero en realidad el humor negro delata algunas cosas, no las reivindica.

¿Cómo vivís esta deconstrucción que propone el feminismo?

Todo el tiempo aprendo de mi hija. Ella tiene ideas mucho más claras que yo, sobre todo en cuestión de género. Nina, por ejemplo, tiene un montón de compañeres trans. Para nosotros no era algo común. Y ella lo vive con una naturalidad hermosa. También me replanteé ideas de la masculinidad. Siento pudor por cosas que hice en la adolescencia que todavía me pesan. Fuimos educados en la idea de que a la mujer no se le pide el beso; el hombre se levanta a la mujer; el hombre paga la cuenta; tocarles bocina a las chicas; cuál era el mejor piropo. Fue hace muy poco. 

Vos, además, sos un papá activo y presente.

Muchas veces, cuando saben que soy papá separado, me preguntan cuánto estoy con mi hija. Y me parece que es una pregunta que ya está. Desde el día uno, cuando nos separamos con la mamá, nos propusimos que Nina pasara la mitad del tiempo con cada uno. No tiene recuerdos de nosotros juntos, pero el otro día caímos a buscarla a la escuela juntos, o la acompañamos a dar su examen de ingreso al secundario.

Con tu novia, Rocío Bazán, ¿cómo es la convivencia?

Un desafío. Cuando una de las partes no es madre o padre, tiene que aprender. Con Rocío nos fuimos a convivir a los tres meses de conocernos. Es un tema constante.

Es difícil dimensionar lo que es maternar o paternar.

Si la persona no es madre, hay cosas que, por más que quiera, no puede comprender. Que uno siga en contacto con su ex, por ejemplo. Pero, por otro lado, siento que Rocío, desde su lugar, nos hizo mejorar muchas cosas, porque tiene una mirada externa que por momentos es muy crítica –a veces por demás– y por momentos es muy acertada en sus observaciones con relación a mi funcionamiento como padre. Eso hace que sea mejor padre. Mi familia me ha dicho que soy mejor persona desde que estoy con Rocío. 

¿Estás de acuerdo?

Creo que estoy mucho más calmado. Soy muy inquieto, la pareja me ayuda a anclar. Soy de una generación que está atravesada por el cambio de paradigma de lo que significa una pareja. Entonces, es un constante replantearse qué es lo que uno quiere o desea. En estos últimos 15 años se instaló la pregunta: “¿Tenés una pareja abierta?”. Cuando empecé a salir con la mamá de mi hija eso no estaba.

Estoy muy out. ¿Está tan difundido lo de la pareja abierta?

Recontra. Obviamente uno desde una pareja monogámica se empieza a preguntar esas cosas. 

¿Y qué te pasa con eso?

Filosóficamente, creo que las parejas deberían ser abiertas, pero no nos sale. Acotar el deseo a una sola persona tiene que ver con un concepto de propiedad con el que no estoy de acuerdo. Pero de ahí a tener la apertura o la seguridad de probar o aceptar otra cosa... hay un trecho largo. Filosóficamente no estoy de acuerdo con la monogamia, pero la practico.

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