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La diseñadora que luchó contra la anorexia y convirtió su vulnerabilidad en un concepto de moda

Julieta Peña se abre a contar su historia para visibilizar los TCA y propone una mirada más amorosa sobre los cuerpos.


Julieta Peña, la diseñadora que luchó contra la anorexia y convirtió su vulnerabilidad en un concepto de moda.

Julieta Peña, la diseñadora que luchó contra la anorexia y convirtió su vulnerabilidad en un concepto de moda. - Créditos: Gentileza Julieta Peña



Julieta Peña es diseñadora de moda, tiene su propia marca y un concept store en su ciudad natal, La Plata. Hasta acá, una historia común y corriente de una megaemprendedora que creó su propia marca y triunfó en el intento. Pero ella fue por más y decidió crear un concepto que cala mucho más profundo en el mundo de la moda. Nos habla de moda emocional, y ahí se produce su salto cuántico.

Hoy, 30 de noviembre, en el Día Internacional de Lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), desnuda su propio recorrido con respecto al cuerpo.

“Yo cuento mi historia de anorexia porque quiero que no se tenga que llegar a esto”. Así levanta su voz, convencida de que moda y emociones van de la mano y de que abrir conversación sobre estos temas puede ayudar a muchas personas.

A punto de cumplir 47, de los 19 a los 23 años tuvo anorexia nerviosa declarada y, si bien ya pasó mucho tiempo, eso la marcó para siempre en un vaivén de idas y vueltas con respecto a su propia mirada. Hoy, con una hija de 21 y habiendo atravesado años de tratamientos, se planta ante el mundo con la bandera del amor propio y del autoconocimiento.

Visibilizar, hablar, no dejar pasar por alto lo que nos sucede con nuestros cuerpos, con las miradas ajenas y también con la propia (que muchas veces es la más dura). 

Por fin soy hermosa, de Ludmila Muñoz, un libro recomendado para leer sobre trastornos de conducta alimentaria.

Por fin soy hermosa, de Ludmila Muñoz, un libro recomendado para leer sobre trastornos de conducta alimentaria: cuenta la historia de Julieta Peña - Créditos: Gentileza Julieta Peña

¿Cómo empieza tu historia con el cuerpo y la anorexia?

“Vivía en una mansión de 3 pisos, pero la heladera estaba vacía y solo había una jarra de agua.”, responde. “Ya a los 16 años me veía gorda y empecé a buscar maneras (no saludables) para desprenderme de los supuestos kilos que me sobraban. Luego llegaron las bajadas y subidas abruptas de peso debido a las anfetaminas (8 a 12 kilos en un mes), el efecto rebote, la falta de menstruación, los desmayos en la calle, la boca seca. En una época me alimentaba a Coca-Cola Light, tomaba 3 botellas por día y eso era lo que ingería.” Fue en ese entonces que pesaba 47 kilos con su 1,68 metro; así y todo, ella se veía gorda.

También pasó “por momentos de rebeldía en los que me daba atracones, uno atrás del otro”. Así fueron sus años de adolescencia y juventud transitando la anorexia, recurriendo a distintos lugares y profesionales. A los 24 años quedó embarazada y ahí mermó su obsesión por el cuerpo por un tiempo. Más adelante empezó de nuevo con los atracones porque “cuando no solucionás la base, todo sigue estando ahí”.

¿Cuál era la mirada materna?

“Mi mamá provenía del mundo de la alta costura, me comparaba constantemente con otros cuerpos. No supo maternar; yo, por suerte, pude cambiar la historia”, lo dice con dolor y sin rencor, con mucha comprensión y aceptación hacia la madre que le tocó, entendiendo que su madre también hizo lo que pudo.

“Mi mamá lo minimizaba, no le daba mayor importancia más que decirme ‘dejate de joder y comé un poco más’.” “Pero siempre había en ella una mirada que me juzgaba. Me decía: ‘Juli, dejá de comer, estás gorda, parecés una heladera’.”

“Conviví con el sentimiento de rechazo de mi madre hacia mí. Ella no tomó dimensión; no me lo hizo a propósito, pero realmente tenía un tema con el cuerpo y la estética, y minimizaba lo que me pasaba.”

¿Cuál fue el punto de inflexión que te hizo decir “basta”?

“Lo que verdaderamente me asustó fueron las palpitaciones. Me dije: ‘Esto no está bien, tengo que buscar ayuda’. Hoy digo que gracias a esa taquicardia a los 19 años una amiga me llevó a un hospital público y empecé a ser consciente de lo que pasaba. El médico que me atendió me dijo: ‘Si seguís así, te quedás seca’. Ahí empezó el camino para empezar a salir.”

Además de tu amiga, ¿qué otras personas fueron tu sostén para empezar a salir de esa situación?

“Mi papá y la mujer, mis hermanos, mis amigas fueron fundamentales.” “Quiero destacar la importancia de pedir ayuda y rodearse de buenos profesionales. Además del acompañamiento de familia o amigos, creo que es importante entender que no se sale de esto solo ni con ayuda afectiva solamente.”

“Hay que abrirse a recibir ayuda de psicólogos, psiquiatras, nutricionistas. Ellos son quienes me llevaron a tener una vida normal, me hicieron dar cuenta de que yo vivía a dieta; hoy como a demanda.”

“Por supuesto que yo también me comprometí realmente. No fue sin esfuerzo: me entregué a pedir ayuda a una amiga y luego a los profesionales. Que no te dé miedo decirlo: estamos hablando de salud física y mental, y no se sale de ahí sin hablar, quedándose callada.”

Julieta se saca toda la cáscara que la envuelve y nos encontramos con su fragilidad a flor de piel, porque ella ya aprendió a no caretearla y a mostrar su vulnerabilidad, que es, en definitiva, lo que la hace humana y una mujer como cualquiera de nosotras.

Por fin soy hermosa, de Ludmila Muñoz, un libro recomendado para leer sobre trastornos de conducta alimentaria: cuenta la historia de Julieta Peña

Por fin soy hermosa, de Ludmila Muñoz, un libro recomendado para leer sobre trastornos de conducta alimentaria: cuenta la historia de Julieta Peña - Créditos: Gentileza Julieta Peña

¿Entonces considerás que si estás atravesando un TCA necesariamente hay que buscar ayuda de especialistas?

“Yo creo que el primer paso es sacarlo como puedas: hablarlo con una amiga, escribirlo, ir a terapia”. Pero después, “es fundamental pedir ayuda. Los trastornos de la conducta alimentaria son enfermedades que abarcan la salud física y mental, y por eso no se tratan con un solo profesional sino con varios.”

“Yo, hasta el día de hoy, sigo acompañada de profesionales que me apuntalan. Hago terapia, leo mucho sobre neurociencias, me trabajo día a día. Es un círculo virtuoso en el que no estoy sola.”

¿Qué es lo que pasa por la cabeza de una persona que está atravesando un trastorno de alimentación?

“Quien atravesó un trastorno de la alimentación sabe perfectamente que en su interior conviven muchas voces que te llevan a hundirte, que la cabeza no para ni un segundo de castigarte. Vos sos tu propio enemigo; tu cabeza es un tormento insoportable que se la pasa pensando qué comí, qué voy a comer, cómo me ven los demás. Se sufre mucho en soledad, llegás a tener una gran intimidad con tu propia oscuridad, te vas destruyendo y castigando día a día. Es tu cuerpo que habla, mejor dicho, que grita.”

“Mi cabeza me decía constantemente ‘no lo comas, vas a engordar’, y ese pensamiento te atormenta y te persigue. Es muy difícil combatir al enemigo cuando tu enemigo está dentro tuyo, cuando vos sos tu propio enemigo.”

“Por eso digo que el momento del TCA es tan íntimo: del atracón, de mirarte en el espejo y odiarte”. “La persona que no lo vivió no puede tomar dimensión de que hay un mundo aparte: cuando te felicitás porque lograste comerte media barrita de cereal sin sentirte culpable, cuando estás calculando las calorías de lo que tenés que comer.”

 

¿Tuviste momentos en que te volviste a sentir vulnerable con tu propia mirada?

“Tuve épocas de entrenar fuerte y de esa manera compensaba. En la pandemia hacía demasiada actividad física; era mi estímulo para quemar calorías. O había veces en que me sentía poderosa porque podía evitar la cena y controlar la balanza.”

“Ahí nuevamente una amiga me recomendó que vaya a ver a unos profesionales que aún hoy son mi psicóloga, mi psiquiatra y mi nutricionista.”

¿Cómo es tu mirada hoy?

“Hoy puedo decir, orgullosa, que hace años no me peso.” “Creo que hay que aprender a vivir con lo que te tocó, amigarte con la vida.”

“Yo hablo de romantizar la vida, que es también integrar las partes, sumar las partes rotas de tu vida y, a la vez, agradecer la lluvia, encontrar belleza en los pequeños momentos, sacar la flor de loto del barro, limpiarla, embellecerla, mostrarla.”

¿Qué querés decir cuando hablás de ‘moda emocional’?

“Toda mirada tiene que ver con cómo te hablás, cómo te ves, qué te decís. Todo eso repercute en cómo te vestís. El maquillaje, el pelo y la ropa son la cáscara, pero el paso previo es la mirada propia. Por eso el concepto de moda emocional, porque debe estar todo integrado.”

“Y por eso mi local es un concept store, porque más que ropa es un concepto. Es un concepto porque es un todo.”

Su concepto va mucho más allá de lo exterior: intenta integrar las partes, busca que las mujeres se amiguen con el espejo y que trabajen el amor propio con una mirada más amorosa y compasiva, algo que a ella le faltó durante mucho tiempo cuando lidiaba con su anorexia.

Es un concept store ya que allí se encuentra a la venta todo lo que a ella le gusta, integrando lo externo y lo interno. Desde ropa, calzado y gafas hasta maquillaje y cremas, pero también hay libros que, como ella misma dice, la “hicieron crecer”. Porque lo bueno se comparte, y su propia nutrición tuvo que ver con encontrar refugio en lecturas como El camino del artista, El poder está dentro de ti, Los cuatro acuerdos, Deja de ser tú, El hombre en busca de sentido, Este dolor no es mío, Las mujeres que aman demasiado y Hábitos atómicos. Para sentir más completa la experiencia, hace un tiempo inauguró allí mismo un rinconcito con café.

 

En tus redes siempre decís que los problemas están en los hospitales. ¿Qué querés decir?

“Quiero ayudar a las mujeres a levantarse, a que hablen y salgan adelante para no hacernos problema. Quiero visibilizar, abrir conversación, que aprendamos a humanizarnos y a no callar. Ayudar a alguien contando mi historia de vida tiene un mensaje expansivo.”

“Creo que tenemos que dejar de caretear; necesitamos hablar de emociones, mostrarnos vulnerables como somos, salir de la pose.”

Compartir su sensibilidad hace que las mujeres se sientan menos solas: “Empecemos a mostrarnos también desde nuestro dolor; lo que comunico es que yo también me equivoco.”

“Mi mensaje tiene que ver con querer contar a todos que las cosas importantes de la vida están en otro lado: en romantizar la vida, en tener amigas, en agradecer el sol y la lluvia.”

¿Creés que hay que hablar de los cuerpos?

“Hoy estamos aprendiendo que no se habla de cuerpos ajenos o, en todo caso, hablemos de los cuerpos, pero hablemos con amor y sin comparaciones. Creo que debemos desaprender algunas miradas y estereotipos que nos inculcaron y que aún hoy acarreamos y nos hacen tanto mal. Trabajar la mirada ajena y la mirada propia es fundamental.”

También pronto va a salir un libro que cuenta tu historia…

“¡Sí, estoy feliz! El libro va a salir ahora en diciembre, se llama Al fin soy hermosa y cuenta mi historia de vida. Lo vamos a presentar en mi local de La Plata.”

Así, estar un poco rota (como estamos todos) pasó a ser un superpoder porque logró reconvertir ese dolor y comunicarlo para ponerle voz a lo que estaba oculto o incluso naturalizado.

“Hay belleza también con el dolor; creo que también hay que hablar del lado B de la vida y de lo que nadie muestra.”

Mostrando su vulnerabilidad y compartiéndola con el mundo hizo que todo tenga más sentido. Cada vez que sus palabras ayudan a una mujer a mirarse con más amor, siente que su propósito va por buen camino.

La “frutilla” de la nota, o hablemos de creer en la magia

Cuando estábamos terminando la nota, Julieta me cuenta una pequeña historia mientras miraba asombrada por la ventana: “Mi papá era un gran sostén emocional; falleció hace 14 años. Le decían Yayo porque cuando era chico veía las rayas que dejaban en el cielo los aviones a chorro. Hoy esto es mágico.”

Me señala la raya que había dejado recién un avión a chorro. Casualidad, creer o reventar, sincronicidad. A mí, como periodista, se me puso la piel de gallina. La magia sucede. Elijo creer.

Sugeridos de lectura

Estos son algunos libros de ficción y no ficción que abordan algunos trastornos de alimentación, tales como bulimia y anorexia:

Días sin hambre, Delphine De Vigan (no tiene Instagram)

Biografía del hambre, Amélie Nothomb (@amelie_nothomb_officielle)

Sombras sutiles de bambú, Anna Llauradó (@anna.llaurado)

La chica de papel, Agustina Caride (@agusscaride, @lachicadepapel.ok)

Al fin soy hermosa, de Ludmila Muñoz (este es el libro que cuenta la historia de @byjulietapenia. Sale este mes).

Profesionales recomendados por Julieta Peña

Ana Forneron, psicóloga (@anita_forneron)

Sabina Teddi, nutricionista (@equipopausa)

Juana Poulisis, psiquiatra (@juana_poulisis)

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