Por qué agosto es el mes ideal para empezar una nueva rutina de ejercicio

Para muchas personas, agosto termina siendo el momento ideal para incorporar un hábito que pueda sostenerse en el tiempo. Te contamos por qué y qué actividades hacer.

Por Andrea Ritzer

3 de agosto de 2026, 11:28

mujer hace ejercicio en su casa
Por qué agosto es el mes ideal para empezar una nueva rutina de ejercicio. - Getty

Hay algo que pasa en agosto y que pocas veces nombramos. No tiene el entusiasmo de los comienzos de año ni la intensidad de marzo, cuando todo parece arrancar al mismo tiempo. Tampoco tiene el cansancio de noviembre ni el vértigo de diciembre.

Agosto es un mes de transición. Y justamente por eso, puede convertirse en uno de los mejores momentos del año para empezar una nueva rutina de ejercicio.

No porque el calendario tenga un poder especial, sino porque la vida empieza, de a poco, a recuperar un ritmo más previsible.

Cuando la rutina vuelve a encontrar su lugar

mujeres musculacion
Agosto es un mes ideal para prepararse para estar mejor el resto del año. - Getty

Después de las vacaciones de invierno, muchas familias vuelven a acomodarse. Se retoman las clases, las actividades de los chicos, las reuniones de trabajo y esos horarios que durante algunas semanas parecían haber desaparecido.

De a poco, los horarios vuelven a ser más previsibles. Y, casi sin darte cuenta, vuelve a aparecer ese rato que durante julio parecía imposible encontrar.

Ese puede ser el momento ideal para empezar a moverte.

No hace falta que sea una hora de gimnasio todos los días.

Tal vez sean treinta minutos dos o tres veces por semana.

Una caminata antes de volver a casa.

Una clase de yoga.

Una rutina de fuerza en el living mientras la comida está en el horno.

Lo importante no es cuánto hacés el primer día. Lo importante es encontrar un espacio que realmente puedas sostener.

Los hábitos no necesitan perfección, necesitan repetición

Existe la idea de que empezar a entrenar implica cambiar toda la vida de un día para el otro.

Anotarse en un gimnasio.

Comprar ropa deportiva nueva.

Entrenar cinco veces por semana.

Modificar toda la alimentación.

Pero la evidencia muestra que los hábitos duraderos suelen construirse de otra manera: con objetivos pequeños y realistas.

La mujer que decide caminar veinte minutos antes de volver a casa.

La que reserva los martes y jueves para una clase porque sabe que los lunes nunca llega.

La que pone una alarma para hacer una rutina corta antes de bañarse.

La que deja las zapatillas preparadas la noche anterior porque sabe que, si tiene que pensar demasiado, probablemente no salga.

Son decisiones simples.

Y justamente por eso, son las que más posibilidades tienen de repetirse.

Los primeros cambios no suelen verse en el espejo

Cuando empezamos a hacer ejercicio, solemos esperar que los cambios aparezcan rápidamente en el cuerpo.

Sin embargo, muchas veces los primeros beneficios llegan por otro lado.

Dormís mejor.

Te sentís con más energía durante el día.

Subís una escalera sin agitarte tanto.

Terminás la jornada con menos sensación de agotamiento.

Incluso cambia algo más profundo: volvés a sentir que podés hacer algo por vos, aun cuando la agenda sigue siendo exigente.

Y esa sensación suele convertirse en el mejor incentivo para continuar.

Empezar ahora es llegar diferente a fin de año

Agosto todavía deja varios meses por delante.

Tiempo suficiente para que el ejercicio deje de sentirse como una obligación y empiece a formar parte de la rutina.

No se trata de entrenar para el verano. Se trata de llegar al último tramo del año con más energía, más fuerza y una mejor capacidad para afrontar todo lo que suele traer esa época: cierres laborales, actos escolares, reuniones familiares y una agenda que vuelve a acelerarse.

Cuando el hábito ya está instalado, es mucho más fácil sostenerlo incluso en los meses más intensos.

El mejor momento rara vez es perfecto

Muchas veces postergamos el ejercicio esperando que aparezca el momento ideal.

Cuando termine este proyecto.

Cuando haga más calor.

Cuando tenga más tiempo.

Cuando pase este mes.

Pero la realidad es que la vida siempre encuentra una forma de llenarse de compromisos.

Por eso, más que esperar el momento perfecto, vale la pena aprovechar esos momentos en los que la rutina vuelve a acomodarse y podemos elegir, aunque sea un pequeño espacio, para cuidarnos.

Porque las rutinas que duran no nacen de la motivación.

Nacen de encontrar un lugar posible dentro de la vida real.

Empezar en agosto puede ser una gran decisión

Quizás no sea un mes que asociemos con los nuevos comienzos.

Sin embargo, tiene algo que otros momentos del año muchas veces no ofrecen: una rutina que vuelve a estabilizarse y el tiempo suficiente para construir un hábito sin apuros.

Y tal vez esa sea la verdadera oportunidad.

No empezar para compensar excesos ni para perseguir un cambio estético.

Empezar porque moverte puede hacer que te sientas mejor hoy.

Con más energía.

Con más fuerza.

Con más autonomía.

Porque una rutina de ejercicio no transforma solo el cuerpo. También cambia la manera en que atravesamos los días. Y agosto, con su ritmo tranquilo y la sensación de que todavía queda mucho año por delante, puede ser el mejor momento para dar ese primer paso.

Andrea Ritzer

Andrea Ritzer Es psicóloga y especialista en movimiento y bienestar.