¿Por qué agosto se siente eterno? La explicación detrás del cansancio de esta altura del año

El invierno y la sensación de que las próximas vacaciones todavía están lejos pueden hacer que este mes parezca interminable. Una neuropsicóloga explica qué ocurre en el cerebro y por qué la percepción del tiempo cambia según lo que vivimos.

Por Redacción OHLALÁ!

18 de agosto de 2026, 13:10

mujer joven en casa con tecnología tapada por el frio
¿Por qué agosto se siente eterno? La explicación detrás del cansancio de esta altura del año - Getty

Hay una sensación que se repite cada año cuando llega agosto: el mes parece no terminar nunca. El calendario avanza, pero las vacaciones de invierno ya quedaron atrás, el próximo descanso todavía parece lejano y la rutina vuelve a ocupar casi todo el espacio. ¿Por qué sucede?

La explicación no está en que agosto tenga realmente más días que otros meses, sino en cómo el cerebro registra el paso del tiempo. La cantidad de experiencias nuevas, los recuerdos que generamos y la atención que prestamos a lo que nos sucede pueden modificar nuestra percepción.

“El cerebro mide el paso del tiempo a través de la cantidad y novedad de los recuerdos que crea”, explica la Lic. Cynthia Zaiatz, neuropsicóloga y jefa de Salud Mental del Sanatorio Modelo de Caseros (MN 60.105).

Agosto y la sensación de que falta una eternidad para el próximo descanso

Agosto tiene una característica particular: es un mes de transición. El primer gran corte del año ya pasó, pero diciembre todavía se ve lejos. Las vacaciones de invierno quedaron atrás y, para muchas personas, comienza una larga seguidilla de semanas de trabajo, estudio y obligaciones.

Según Zaiatz, esto influye en la manera en que percibimos el tiempo. “Al ser un mes de transición con una rutina monótona, sin grandes descansos y con 31 días completos, se acumulan menos estímulos nuevos, con días que parecen repetitivos y lentos”, señala.

También aparece otro factor: la expectativa. Después de las vacaciones, muchas personas empiezan a mirar hacia adelante y calcular cuánto falta para el próximo momento de descanso. En ese contexto, agosto puede sentirse todavía más largo.

“Cuando las personas esperan con ansias las vacaciones de invierno y estas finalmente concluyen, al llegar agosto, el cerebro tiende a calcular cuánto falta para llegar a otro corte”, explica la especialista.

No es solamente cansancio: también hay una cuestión de percepción. Cuando la rutina se vuelve previsible, los días pueden parecer más largos mientras los estamos atravesando porque sentimos que no sucede demasiado entre un momento y otro.

¿Por qué la rutina hace que el tiempo parezca más lento?

La relación entre tiempo, atención y memoria es clave. Cuando los días se parecen mucho entre sí, hay menos situaciones que funcionan como hitos para recordar.

“Son los recuerdos y la atención que se le pone a determinadas situaciones las que marcan el paso del tiempo”, sostiene Zaiatz.

Si durante una semana todos los días tienen horarios similares, las mismas actividades y pocos acontecimientos diferentes, el cerebro recibe menos información novedosa. Como consecuencia, la experiencia puede sentirse monótona y repetitiva.

La especialista lo explica de manera sencilla: “Cuando no pasa nada nuevo, cuando se está relajado ante situaciones estables y rutinarias donde cada segundo de la vida es similar al siguiente, la percepción del tiempo es que transcurre de forma continua sin dejar hitos memorables”.

Por eso, agosto puede convertirse en una especie de mes sin grandes marcas: las vacaciones ya terminaron, todavía no llegó la primavera y la rutina ocupa buena parte de los días.

El frío también puede influir

A esto se suma una característica propia del invierno. Las bajas temperaturas pueden hacer que pasemos más tiempo puertas adentro, reduzcamos las salidas y tengamos menos experiencias diferentes, especialmente durante la semana.

Para Zaiatz, el frío puede reforzar el efecto de la rutina: “Al ser un mes frío que genera que la gente pase más tiempo adentro y salga menos, el peso de la rutina y la falta de novedad se hacen sentir con más fuerza”.

No significa que todas las personas vivan agosto de la misma manera. Pero cuando se combinan menos actividades, menos encuentros y una rutina muy previsible, es más fácil que aparezca esa sensación colectiva de que “agosto no termina más”.

Cuando pasa mucho, el tiempo también puede sentirse distinto

La percepción del tiempo no siempre funciona de la misma manera. De hecho, una experiencia cargada de emociones puede producir el efecto contrario.

“Cuando se viven momentos cargados de emociones y, a partir de ello, el cerebro registra miles de secuencias, esa enorme cantidad de información guardada estará presente mucho más tiempo en la conciencia”, explica la neuropsicóloga.

Así, un viaje, una experiencia nueva, una celebración o incluso un acontecimiento especialmente significativo pueden dejar muchos recuerdos asociados. Al mirar hacia atrás, ese período puede parecer más largo porque está lleno de momentos diferentes que el cerebro puede recuperar.

Es una de las razones por las que un año con muchas experiencias puede sentirse más extenso en retrospectiva, mientras que una etapa marcada por la repetición puede quedar comprimida en unos pocos recuerdos.

Cómo atravesar un agosto que parece eterno

La explicación no significa que haya que llenar la agenda de actividades para que el mes pase más rápido. Pero sí permite entender por qué introducir pequeñas novedades en la rutina puede modificar la experiencia cotidiana.

Cambiar un recorrido, conocer un lugar nuevo, encontrarse con alguien que hace tiempo no vemos, empezar una actividad o simplemente reservar un momento diferente durante la semana puede generar nuevos estímulos y recuerdos.

La clave está en salir, aunque sea ocasionalmente, del piloto automático. Porque, como explica Zaiatz, la percepción del tiempo está estrechamente relacionada con aquello a lo que prestamos atención y con los recuerdos que vamos construyendo.

Y quizás esa sea una de las razones por las que agosto se siente tan largo: no porque el mes tenga algo contra nosotros, sino porque, entre las vacaciones que ya terminaron y las próximas que todavía parecen lejanas, la rutina se vuelve especialmente visible.

Experta consultada: Lic. Cynthia Zaiatz, neuropsicóloga y jefa de Salud Mental del Sanatorio Modelo de Caseros (MN 60.105).

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